El Salvador

El asombroso poder de las remesas

Es casi el día 15 del mes y la fila frente a esta sucursal de Western Union está más larga que lo usual. En los últimos años el rubro al que esa empresa se dedica acá en El Salvador se ha expandido de la mano del incremento de los envíos de dinero de salvadoreños en el exterior. Quienes hacen cola aquí los llaman remesas, un pilar indiscutible de la economía salvadoreña.

De todas las personas que esperan su turno en esta fila, una mujer –a varios pasos cerca de la entrada a las oficinas– es la que quizás mejor represente el perfil común de los salvadoreños y salvadoreñas que reciben ayuda financiera de sus familiares en el exterior: su pareja emigró hacia Estados Unidos seis años atrás luego que sus capacidades económicas no pudieran con la expansión de su familia.

La mujer –de jeans azules, de los que se sujetan dos niñas– no ha conseguido trabajar desde que se fue a vivir con su pareja ni después que él decidiera resolver el futuro de la familia Estados Unidos. Apenas logró sacar su bachillerato y el cuido de sus dos hijas ocupa todo su tiempo.

Esta mujer –cuyo no nombre no ha logrado adivinarse en la plática que sostiene para hacer más llevadera la fila– bien podría ser una candidata a engrosar la población salvadoreña que vive en la pobreza; pero esperar en colas como esta lo han impedido.

El dinero que le envían mes a mes le ha permitido resolver, con solvencia, su seguridad alimentaria y la de sus hijas. También le ha servido para acceder a servicios básicos como agua potable, energía y salud; e incluso para vestir con ropa y zapatos de marca a su familia.

El caso de la mujer con jeans azules no es excepcional. El espectacular ascenso que han tenido las remesas enviadas a El Salvador no deja lugar a dudas sobre su importancia para la economía de las familias que las reciben.

Las sagradas remesas

Los datos del Banco Central de Reserva (BCR), indican que en 1991 –cuando la emigración ya era una decisión frecuente de salvadoreños y salvadoreñas– el país recibió remesas por un monto de $790.1 millones. Más de dos décadas después, en 2012, las remesas sumaron un monto anual de $3,910.9 millones, casi cinco veces más que lo registrado en 1991, lo que las ha llevado a representar cerca del 18% del Producto Interno Bruto (PIB) del país (de alrededor de $22 mil millones).

En 20 años El Salvador ha recibido alrededor de $40 mil millones en concepto de remesas. El peso de esas cantidades en la economía salvadoreña llevó a Carlos Acevedo, presidente del BCR, a investigar en qué forma este espectacular incremento ha influido en vidas como la de aquella mujer que espera en la fila frente al Western Union.

“Creo que el binomio migración-remesas ha moldeado profundamente la estructura productiva y social de El Salvador”, sostiene Acevedo.

En febrero pasado, Acevedo, junto a uno de sus colegas en el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), Maynor Cabrera; concluyeron un estudio del efecto de la migración-remesas sobre la distribución del ingreso en El Salvador. El nombre con el que lo titularon es más que sugerente: “¿Políticas Sociales o Solidaridad Privada? El rol de igualación de las migraciones y las remesas en El Salvador”.

“Concluimos que la reducción experimentada por las tasas de pobreza y la desigualdad desde comienzos de los el-salvador-remesas1990 no fue tanto el resultado de las políticas sociales de los gobiernos de ARENA, sino de la “solidaridad privada” de las remesas”, explica el presidente del BCR.

El estudio de Acevedo y Cabrera –un documento de unas 24 páginas que ha sido publicado por el Instituto Mundial de Investigaciones de Economía del Desarrollo de la Universidad de Naciones Unidas– brinda una hipótesis que podría explicar una paradoja interesante: pese a que El Salvador ha venido atravesando un período de estancamiento económico en los últimos años, los indicadores de pobreza han experimentado disminuciones.

¿Cómo ha sido posible esto en medio de una economía débil? La respuesta que Acevedo y Cabrera encontraron desvirtúa cualquier alardeo político hecho por quienes en la última década se han sentado en la silla presidencial.

Para estos economistas la relación entre la disminución de la pobreza y el fenómeno de la migración, que ha derivado en el envío de remesas; puede explicarse incluso con matemáticas simples.

Esto es por el hecho de que la mayoría de los cerca de 3 millones de salvadoreños y salvadoreñas que han emigrado han sido pobres. “Con cada salvadoreño pobre que se va del país, la tasa de pobreza matemáticamente baja”, explica Acevedo.

“Al irse y conseguir mejores ingresos en el exterior y enviar remesas a sus familiares pobres en El Salvador, han ayudado también a éstos a salir de la pobreza de ingresos”, añade.

Los datos del estudio de Acevedo y Cabrera indican que en el país ha habido notables avances en cuanto a la disminución de la pobreza.

“La proporción de hogares cuyo ingreso está por debajo del umbral de la pobreza se redujo en casi 30 puntos porcentuales, desde 59.7 por ciento en 1991 al 30.2 por ciento en 2006; mientras que la fracción que viven en la pobreza extrema se redujo en 19 puntos porcentuales, del 28.6 por ciento al 9.6 por ciento durante ese período”, detallan ambos economistas.

El peso de las remesas sobre la caída de esos indicadores es abrumador, superando incluso la influencia de las políticas sociales que los gobiernos han implementado durante 20 años, con más énfasis en la última década.

Una comparación entre el comportamiento de las remesas y la inversión hecha en los “programas estelares” de reducción de la pobreza de los últimos dos gobiernos da cuenta de ello:

Entre los años 2006 y 2010, las transferencias en efectivo condicionadas para los pobres a través de los programas Red Solidaria y Comunidades Solidarias (el primero implementado bajo el gobierno del expresidente Elías Antonio Saca, del 2004 al 2009; y el segundo –basado en el impulsado por Saca– ejecutado por el actual gobierno, al mando del presidente Mauricio Funes) significaron una inversión de $132.7 millones.

En ese mismo periodo, sin embargo, las remesas captadas por El Salvador sumaron cerca de $18 mil millones, superando por mucho los esfuerzos hechos desde los programas de gobierno.

¿Un mal necesario?

Un par de pasos más y la mujer de los jeans azules logrará entrar a la sucursal de Western Union, dará al cajero el código asignado a la remesa que le envía su pareja y este le entregará a cambio el efectivo que le permitirá pagar facturas y comprar lo que ella crea necesario para su familia.

el-salvador-remesas2Es una rutina que sigue la mayor parte de salvadoreños y salvadoreñas que reciben remesas en el país. Una rutina que, según Acevedo, no necesariamente ha sido la mejor para los sectores productivos de El Salvador.

“Además del efecto beneficioso, las remesas también han exacerbado la distorsión consumista de la economía salvadoreña”, sostiene el presidente del BCR.

Los datos de las Encuestas de Hogares de Propósitos Múltiples (realizada por el gobierno de forma anual), revelan que las remesas se destinan en aproximadamente un 90% al consumo.

“Eso en sí mismo no sería algo “malo” si en la canasta de productos que consumimos tuvieran mayor participación los bienes producidos domésticamente, lo cual permitiría que el consumo financiado con remesas contribuyera a dinamizar la producción nacional”, asegura Acevedo.

Luego añade un pero: el problema es que “la mayoría de las cosas que consumimos son importadas, con lo cual las remesas dinamizan la producción en China y otros países de donde importamos, pero contribuyen poco a estimular las actividades productivas domésticas”.

Un salvador que viene a destruir. Esa es, quizás, la metáfora más adecuada para describir el impacto de las remesas en la economía familiar y en los sectores productivos.

De acuerdo a Acevedo, las remesas también han inducido cierta apreciación real del tipo de cambio (la relación que se fijó entre el colón –la antigua moneda–y el dólar antes de implementar la dolarización era de 8.75 colones por cada dólar), afectando negativamente a los sectores productivos de bienes transables y particularmente al sector exportador, haciendo que se pierda la competitividad de sus exportaciones.

No es casual que el incremento de la dependencia de las remesas ha ido acompañado de una visión económica centrada en el consumo, resultando en el deterioro de sectores productivos como el agrícola.

Sin embargo, la dependencia económica de las remesas parece consolidarse cada vez más. Su caída entre y 2008 y 2009, tras la crisis financiera que estalló en Estados Unidos, que dio paso a una crisis económica; fue uno de los factores que contribuyó a la desaceleración económica de El Salvador por aquella época, desaceleración que al momento no se ha logrado superar, pese a haberse revertido las tasas negativas de crecimiento.

Quizás esta mujer de jeans azules, que sigue esperando en la fila frente al Western Union, haya salido perjudicada por aquella caída en las remesas. La plática que sostiene hasta el momento no da pistas de si fue así o no.

Un turno más y el vigilante la dejará entrar par formarse en la otra fila que sigue en el interior del local. Antes de entrar, la mujer, con su plática, ha subrayado algo que termina confirmando el asombroso poder de las remesas.

“Dicen que ahora ellos van a poder votar desde allá”, ha dicho con cierto tono de admiración.

En efecto, a finales de enero la Asamblea Legislativa aprobó una ley que avala el voto desde el exterior a partir de las elecciones presidenciales del próximo año, una ley que ha despertado entusiasmo en buena parte de los cerca de 3 millones de salvadoreños y salvadoreñas viviendo fuera del país, principalmente en Estados Unidos.

A ellos y ellas ahora se les considera una comunidad influyente en el destino del país. Basta ver y comprobar los números y el peso de las remesas para El Salvador.

No hay tiempo de conocer y la pareja de esta mujer de jeans azules se animará a votar en las próximas elecciones. El vigilante se acerca a la puerta y le indica que ya puede entrar a las oficinas. De ahí saldrá con el dinero suficiente como para sufragar los gastos de ella y de sus hijas.

En un mes –si no es que antes– volverá a hacer la misma fila.