El fascismo, fase del capitalismo

Fascismo, nazismo, y franquismo, solo son apellidos europeos para defender el capitalismo en momentos en que, posibles/reales alteraciones sociales motivadas por el incremento de la aplicación de las políticas liberales, las cuales incrementan los porcentajes de afectados gravemente, aumentando gravemente las cifras de población inmersa en la pobreza, y la percepción de que el sistema, a través del Estado, a través de la presión sobre las capas más desfavorecidas, saquea a la mayoría de la población, o sea, por incrementos en la desesperanza y desconfianza acusada en el sistema.

Es en estos momentos cuando la oligarquía potencia los partidos de ultraderecha, y la pregunta ante su ascenso, es la de ¿cómo? es posible que gentes del común, se identifiquen (masivamente en la Alemania e Italia de principios del siglo xx) con el nacionalismo y autoritarismo más extremo, pero si se identifica el origen de los partidos ultraderechistas, ya es más explicable que se justifique su nacimiento, en parte, por la situación social-económica del momento, por el descontento social, lo que no es óbice para recordar que, esa población que jalea la demagogia ultraderechista, en ningún momento se siente responsable de lo que hacen/dicen los partidos nacional-fascistas.

Es verdad que todas las barbaries políticas están inclusas en luchas por el Poder y la riqueza, pero la ética de la tribu esta interiorizada en la población, de tal manera que hay desfavorecidos que participan activamente en el horror, horror que –en principio- solo les aporta la identificación sectaria en las actuaciones contra los Otros.

Como dijo la filósofa Hannah Arendt en el juicio contra criminal de guerra Adolf Eichmann, la mayoría de los miembros de las SS no eran “pervertidos ni sádicos”, sino personas “terriblemente y terroríficamente normal”.

Por lo que, ¿a qué se debe la identificación con las premisas nazis o falangistas/franquistas? Su política propone pan y trabajo en general, pero estos son solo medios, y otros partidos políticos prometen lo mismo. Lo que diferencia está en la promesa de comunidad que se decanta en el uso de la violencia, ritualizada en reuniones identitarias, racistas, en las que se celebra la nación/patria, como una idea común y a la vez, excluyente, fuera de todo posicionamiento de clase o pertenencia a sustrato social (idea mentirosa, pero bien acogida por clases medias y apolíticos en general), y que unifica, a la vez que asegura (frente a lo externo), la bonanza de la economía y grandeza patria plasmada a través de la simbología de actos y banderas, de gentes en una comunidad sin critica.

La ultraderecha es capitalismo en labores de reacción/represión, y aunque -mayoritariamente- sus integrantes pertenecen a segmentos poblacionales no dirigentes (recordemos que las hordas pardas de las S. A. nazis estaban formadas mayoritariamente por el lumpenproletariado y pequeña burguesía), siempre son dirigidas/mandadas por militares, empresarios y políticos, patrioteros, y clasistas, los mismos que mandaron asesinar a Rosa Luxemburgo por orden de la socialdemocracia alemana, o apoyaron y financiaron a Franco en su golpe de Estado en España.

Esto nos lleva a la pregunta de ¿quién? dirige a los partidos de ultraderecha, que función cumple esta dentro de los vaivenes sociales, y que intereses defiende.

Atilio Boron, en su artículo del 11/11/2019 en Rebelión dice en su primer punto : “ La tragedia boliviana enseña con elocuencia varias lecciones que nuestros pueblos y las fuerzas sociales y políticas populares deben aprender y grabar en sus conciencias para siempre. Aquí, una breve enumeración, sobre la marcha, y como preludio a un tratamiento más detallado en el futuro. Primero, que por más que se administre de modo ejemplar la economía como lo hizo el gobierno de Evo, se garantice crecimiento, redistribución, flujo de inversiones y se mejoren todos los indicadores macro y microeconómicos la derecha y el imperialismo jamás van a aceptar a un gobierno que no se ponga al servicio de sus intereses”. Con lo que queda claro que, la ultraderecha (incluyendo en esta los intereses imperial-colonialista), hace su función; golpear incluso en contra de los intereses de parte del empresariado del momento, nunca contra el gran capital.

Primer aprendizaje; s i se deja en sus manos el monopolio del discurso, no hay nada que hacer. El discurso, difusor de idea, es hoy ideología, confirmar lo que se siente previamente, confirmar los prejuicios, lo que se desea que sea así; pero será la ética del futuro.

La peligrosa gente de orden (la ultraderecha esta dentro de este segmento social), esa gente que calla, la que oculta y ataca a los pobres, la que vota jerarquía y autoridad, la que sale a la calle -y puede matar- por un equipo de futbol, la que se pelea por una bandera, la que nunca saldrá a la calle para defender los derechos sociales, menos una renta básica que permita la supervivencia de todos, la que no es capaz de defender su dignidad ante el jefe y ante el Estado, la manada agresora patriarcal escudada en la ética de tribu, esas gentes que solo son sumisión ante los poderes, es parte de esa horda reaccionaria, la que da espacio a la ley de hierro de la oligarquía; la presión del grupo favorece la conformidad en el pensamiento grupal .

Upton Sinclair resume en parte esa ideología: “Es difícil que una persona entienda algo si su salario depende de no entenderlo”. Pero esto no explica la falta de ética y dignidad de la persona. L a visión conservadora de que el nazismo representa la antítesis irracional de la modernidad burguesa es mentira, solo se trata de lo que necesita esa burguesía, ese capitalismo a largo plazo, esa modernidad reaccionaria, en momentos de posible cambio social.

No reconocer estos puntos de apoyo del poder de clase, de esa elite que sí tiene conciencia de sí misma, del conservadurismo reaccionario del capital, hace posible el permitir la continuidad de su existencia, y de ver a este poder de clase reconstituirse a sí mismo, incluso luego de un aparente proceso revo­lucionario, dado que, e l lenguaje es una herramienta para definir/determinar, pero también para enjuiciar de forma no neutra, y la Idea que se hizo costumbre social, y ética en el individuo, no desaparece instantáneamente.

Como ejemplo de los intereses a los que sirve la ultraderecha, y como surge/milita; entre 1975 y 1983, en España (durante la llamada Transición española), se produjeron 591 muertes por violencia política, 188 de los asesinados, los menos investigados, entran dentro de lo que se denomina violencia política de origen institucional. Es decir, los asesinatos desplegados para mantener el orden establecido, los organizados, alentados, e instrumentalizados, por las instituciones del Estado, donde el objetivo era que “la calle no fuera de izquierdas, así como controlar el proceso sin tocar a los franquistas ni los grandes capitalistas. Se pretendía desestabilizar y frenar el proceso democrático”. A esto se debe añadir que los UPI (los llamados policías antidisturbios) de esa época actuaban conjuntamente y en connivencia con los Guerrilleros de Cristo Rey, fuerzas de choque del fascismo más recalcitrante, afines a Fuerza Nueva, fundada por Fraga Iribarne, ministro de Franco, que posteriormente se unió a Alianza Popular, germen del PP, del que fue presidente vitalicio, partido en el que encuadró la ultraderecha española hasta su división fomentada, y la aparición de VOX, partido este dirigido por exPPs, y formado por dirigentes nostálgicos del franquismo más brutal, y que recoge el voto de las clases medias y trabajadoras más reaccionarias, simples, y violentas. Como recordatorio: No es que PP y Ciudadanos “cedan” ante VOX por intereses de coalición, ya que VOX formaba parte de sus filas, y esa ideología esta interiorizada en el PP, pero ahora firman lo que no se atrevían antes; aunque lo pensaran.

El elemento central de la ideología fascista -por tanto, del conservadurismo necesitado-, sigue siendo individualista (entendido como egoísta y sumiso), afín al principio del dirigente, la familia, la nación/patria y los intereses del gran capital. El elemento social lo toma de la antigua tribu, y el colectivo/secta lo coge de las lecturas de clase, del socialismo de dirección de masas, pero su esencia, su fin, es el mismo de todo liberalismo; privatizar para enriquecerse, el, y los/las de su clase.

La ultraderecha actual sigue bebiendo de lo mismo, de la Idea de una nación étnica, donde la tribu toma sus referencias de la etnia como expresión excluyente, e identificada con el territorio/nación; patriarcal y capitalista, e integrada por lo más reaccionario, patriarcal y violento; como la manada violadora, los skinhead y nacionalistas varios, unida siempre a un pensamiento pequeño burgués, preparados para el rechazo de toda argumentación que les contradiga, siendo receptores de sentimiento grupal/patriarcal, para el que la sociedad ideal se reproduce con ayuda de la familia autoritaria y machista, fundamento del Estado, de la cultura, civilización, y creencias a imponer.

No es que sea una situación nueva, ya que la concepción reaccionaria de la realidad no se deja entorpecer por las contradicciones, ni por los hechos reales; la política reaccionaria se sirve interesada, y automáticamente, de todas las fuerzas sociales que se oponen/legitiman a los/la saltos/evolución social en términos de mejoramiento vital de la mayoría, más, a cualquier tipo de revolución.

La Idea que dirige, hace que todos (casi) se piensen como sujetos de la clase media, sujetos que lo que no aceptan es “caer” en el proletariado (clase baja), siempre en competencia frente a los demás trabajadores (rojos, o nó), sujeto incompatible con la formación de un sentimiento de solidaridad -lo que fortalece la autoridad establecida e identifica a la nación - con el poder estatal.

Por lo que, recordemos –y no embellezcamos a los conservadores de siempre), que, aunque la ultraderecha nazi/fascista/franquista tenga un componente social formado/formalizado por segmentos de clase trabajadora normalizada en ideologías conservadoras, y su discurso populista y reaccionario calen en parte de la población, no deja de ser expresión de sistema, y de los intereses de la burguesía, del capitalismo.

Rebelión