En el mundo 821 millones de personas sufren hambre


¿Es más fácil que los potentes de la tierra se preocupen de los que mueren de hambre, o que se preocupen del cambio de clima que está poniendo a riesgo la economía, la sociedad y el ambiente terrestre? Según la FAO, son más de 821 millones de personas en todo el mundo, que se van a dormir con hambre todas las noches y 300.000 podrían morir durante un periodo de tres meses,

Por cuanto sean cínicos y naturalmente poco sensibles los grandes de la tierra frente a la desesperación de los hambrientos, se podría pensar que por lo menos podrían ser racionales y no egoístas, capaces de entender que si el clima cambia, cambia para todos. Pero parece que no les interese del futuro de la humanidad.
La relación anual del Director del Programa Alimentos de la ONU sobre el estado de alimentación en el mundo, hace ver como esté muy lejos el objetivo de disminuir el número de hambrientos fijado en la “declaración de Roma” del 1996. Calcularon de llegar a un máximo de 420 millones en el 2015, mientras que actualmente las personas que mueren de hambre en el mundo son 821 millones. El número continúa aumentando y se encuentran concentrados casi todos, en los países a fuerte subdesarrollo. No obstante las solemnes declaraciones de los «grandes», los hambrientos aumentan de cinco millones al año, mientras deberían de disminuír de 30 millones cada año.
El «degrado ambiental» está entre las primeras causas del hambre. En enteras regiones de Africa, los cambios de clima han favorecido la escaces de lluvias y por lo tanto la aridez de la tierra. Países, antes con exuberante vegetación, se están convirtiendo en extensos desiertos. También están las reglas crueles e inhumanas de los tratados internacionales que impiden, por ejemplo, la comercialización de los productos de los países pobres e incluso prohíben que sean cultivados imponiendo monoculturas muy a menudo con semillas ogm, devastantes para los equilibrios ecológicos, económicos, demográficos y culturales.
El «covis-19» podría agudizar este año la situación de las poblaciones al borde de la hambruna, tras el 2019 marcado por un aumento del número de personas en el mundo que sufren hambre.
Años y años de palabras, discursos, lágrimas e hipocrecías no han dado ningún resultado, los pobres y los hambrientos continúan aumentando, y lo singular de todo esto es que estos han sido los años del máximo desarrollo global.
¿Es aceptable todo esto en el tercer milenio?. Mientras se consideraba el destino de los «últimos», de los deseredados, pobres, hambrientos, enfermos, el cinismo dominante podía consolarse: el desastre pertenecía a otros. Hoy que el hambre y pobreza están intimamente unidos con con la crisis ambiental, es un problema que interesa a toda la humanidad.