Renovada participación política juvenil I

Escenarios fértiles

La primera década del nuevo milenio albergó cambios sustanciales en muchos países sudamericanos. Los avances en términos económicos, sociales y culturales generaron un nuevo escenario político que contrasta radicalmente con el de la década anterior y que acoge el resurgir de la militancia entre los jóvenes.
La juventud comienza a escucharse como sujeto activo

Las dictaduras latinoamericanas de los años sesenta y setenta impusieron un modelo de corte neoliberal, el cual se profundizó en las democracias de la década de 1990. Durante esos años, las potencias mundiales impusieron en nuestros países medidas de apertura financiera, desregulación económica, flexibilización laboral y la privatización de empresas públicas.

Las medidas tomadas beneficiaron ampliamente a los sectores más concentrados de la economía, en detrimento de las antiguas empresas e industrias nacionales. También los principales medios masivos de comunicación se favorecieron en este contexto. Las empresas mediáticas, que rápidamente se convirtieron en grandes multimedios oligopólicos, fueron fundamentales a la hora de defender y legitimar el modelo imperante.

El docente e investigador Ernesto López, en su libro Globalización y Democracia, explica que el modelo neoliberal significó el fin del sistema sustitutivo de importaciones y del Estado de Bienestar, y el comienzo de las políticas de ajustes estructurales. Estos cambios se produjeron en un lapso de tiempo brevísimo, y se expresaron en una disminución de las políticas sociales del Estado. Esto generó la crisis de los antiguos valores de solidaridad y trabajo.

Todos estos cambios políticos y económicos implicaron severas consecuencias en los planos sociales y culturales. El modelo neoliberal necesitó construir un ciudadano diametralmente distinto al de los años sesenta y setenta. A través de los medios de comunicación, y de la metamorfosis en tradicionales instituciones como la familia y la escuela, se fue constituyendo lo que el filosofo francés Dany-Robert Dufour denomina el sujeto mediático.

En su libro El arte de reducir cabezas, el filósofo explica cómo el neoliberalismo incentivó la desimbolizacion como un nuevo modo de dominación. En otras palabras, cómo el modelo neoliberal intencionalmente deconstruyó y devastó todos los valores que habían caracterizado a las décadas anteriores; vale decir: solidaridad, participación, conciencia de clase.

Pero, argumenta Dufour, lo novedoso de este proceso es su modus operandis. Para imponerse utilizó no solo, como en otras épocas, la fuerza, la coerción y la propaganda. Su objetivo (digámoslo ya: convertirse en el modelo político-económico dominante) lo logró a través de la destrucción de las instituciones socializadoras primarias -la familia, la escuela, la iglesia- y el surgimiento de los medios de comunicación como principal fuente de significación de la sociedad.

Culmina Dufour afirmando que el resultado de este proceso fue un sujeto flotante, liberado de toda atadura simbólica, cuyo único sentido existencial es el libre consumo de mercancías. En sintonía con estas afirmaciones, el politólogo italiano Giovanni Sartori describe a este sujeto como un homo videns.

En Homo Videns: la sociedad teledirigida, este investigador explica cómo la televisión ha sido fundamental para la consolidación del modelo neoliberal. A través de lo que denomina la video-política, los grandes conglomerados económicos y mediáticos han impuesto su visión del mundo al resto del mundo. Al igual que Dufour, Sartori describe a este homo-videns como un sujeto acrítico, adormecido, inundado por las imágenes televisivas y totalmente funcional al modelo consumista.

Como primera conclusión, podemos decir con certeza que el neoliberalismo de los noventa tuvo gran éxito en conformar un sujeto funcional a sus intereses. Los jóvenes de los que hablamos actualmente han crecido en este contexto que conlleva el descompromiso con la realidad social y la despolitización. Pero el escenario se ha visto modificado tras el ascenso en la región de procesos progresistas en la primera década del Siglo XXI, de esta manera comenzó a socavarse la subjetividad de ese sujeto mediático.

El renacer político y económico de la región. A comienzos ya de la segunda década de este Siglo XXI, es inevitable advertir en nuestra región cambios políticos y económicos significativos y con notables efectos sociales y culturales.

Argentina, Uruguay, Bolivia, Paraguay, Brasil, Ecuador y Venezuela viven verdaderos procesos transformadores. Sus respectivos gobiernos lograron establecer en la región un paradigma político totalmente distinto al imperante en la década de 1990. La nueva fisonomía latinoamericana se caracteriza hoy por la activa participación de sus Estados en materia económica y social.

Las medidas macroeconómicas tomadas por los distintos países sudamericanos demuestran el abandono del modelo neoliberal, y el paso a los que muchos autores denominan el neokeynesianismo. En diálogo con nuestra Agencia Periodística de América del Sur (APAS), Luis Alberto Isuani, docente e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, definió este modelo keynesiano como el “retorno de la política”.

Isuani planteó que “este resurgir de la política se da en los primeros años del 2000, después de la década del noventa que significó la total supremacía de la economía. Por esos años, nadie podía gobernar ni ganar una elección si no tenía a su lado a un famoso economista”.

Esta supremacía de la economía sobre la política, sostenida por “famosos” especialistas, es lo que él denomina la tecnoburocracia. Es justamente este modo de concebir la política lo que se derrumba junto con la década de 1990, sobre todo a partir de las distintas crisis económicas. En su lugar se empiezan a configurar gobiernos progresistas de centro-izquierda con una renovada concepción de la política.

El neokeynesianismo es, básicamente, la intervención estatal en la economía para regular los desfasajes del mercado. Pero, lo novedoso de los nuevos gobiernos latinoamericanos, plantea Isuani, es el modo en que se da esta intervención: “esta ya no es solo económica, sino que se hace desde la propia ortodoxia política”.

Esta nueva manera de concebir la política fue lo que dio a los gobiernos populares latinoamericanos la legitimidad y el apoyo necesario para llevar a cabo los distintos procesos transformadores. Esta legitimidad, concluyó Isuani, logró consolidarse gracias a la propia actividad política, que dejó de ser corporativa (es decir, al servicio solo de un grupo determinado) para ser general (destinada al bien del conjunto de la sociedad).

Si repasamos sólo los últimos diez años, es posible identificar medidas económicas que marcaron un hito histórico para la región. En 2009, el Gobierno Bolivariano de Venezuela le dio un giro definitivo a su actividad petrolera estatal. El 20 de mayo de ese año el presidente Hugo Chávez anunció la estatización de 35 empresas vinculadas a industria petrolera. El mandatario, según publicó Agencia Federal de Noticias (DERF), aseguró que esta medida ayudaría a bajar en 500 millones de dólares los gastos de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA).

El mismo impacto se había registrado en Bolivia cuando, en 2006, el presidente Evo Morales logró el control estatal de los hidrocarburos, principal recurso de esa nación. En sólo nueve meses de gobierno, el presidente superó un desafío histórico al lograr que todas las multinacionales petroleras en territorio boliviano se adaptaran a una ley que permite al Estado retomar el control sobre sus enormes reservas de gas.

Según la Agencia AFP, a través de un decreto Morales logró que Bolivia reciba el 82 por ciento de los ingresos de hidrocarburos, en lugar del 18 por ciento que antes tributaban las empresas.

En esta misma línea, Brasil impulsó en 2008 un paquete de medidas estatales destinadas al fomento industrial. En mayo ese año, el por entonces presidente Luiz Inácio da Silva, anunció medidas para incentivar a 25 sectores de la economía con créditos y reducciones tributarias, que tenía como principales metas el estímulo a las inversiones, las exportaciones y la innovación. Según el portal Infotalam.com, la llamada Política de Desarrollo Productivo incluía una veintena de medidas, entre subsidios, líneas de crédito y exenciones fiscales. El propio Lula planteó que esas medidas buscaban llenar un vacío dejado por 25 años de incertidumbre en que la industria fue abandonada por el Estado.

Pero las medidas insignia de estos procesos no sólo han sido de carácter económico. Argentina, en 2009, fue noticia mundial al aprobar una moderna ley que regula las comunicaciones. La promulgada Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual significó el logro de un sueño de cientos de organizaciones que hacía largos años bregaban en el país por una ley que terminara con la legislación de radiodifusión decretada durante el periodo dictatorial de 1976.

Según la Asociación Mundial de Radio Comunitarias esta norma significa un gran avance, ya que prevé la distribución de las frecuencias entre sectores privados, estatales y no gubernamentales, pone un límite a la concentración de medios y significa una verdadera protección a la producción local

Medidas de esta índole se han ido tomando en toda la región. Pero ninguna de ellas hubiera tenido el éxito esperado de no ser por la mutua colaboración entre los distintos países.

Con respecto a esto, Alberto Isuani plantea que fue crucial la conformación de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), ya que significó la integración de la región ya no solo en términos económicos, sino también en términos políticos.

La Unasur actuó en casos claves, como en el conflicto entre Ecuador y Colombia por la irrupción de tropas militares de Bogotá en territorio ecuatoriano. Durante aquella situación, el órgano supranacional demostró su capacidad de conducir la voluntad colectiva de llegar a entendimientos generales. Se puede, así mismo, citar el no reconocimiento al gobierno fraudulento de Honduras encabezado por Lobos; el apoyo al presidente Correa de Ecuador durante el intento golpista de las fuerzas policiales en setiembre de 2010; la intervención para evitar los intentos separatistas y destituyentes en el interior de Bolivia; y los enérgicos y unánimes reclamos por la actuación colonialista de Inglaterra en las Islas Malvinas.

Concluye Isuani que esta nueva forma de integración política regional fue clave para la sustentabilidad de los procesos latinoamericanos. A partir de entonces, la región comenzó a tener mas trabajo en conjunto y a lograr mayores niveles de autonomía económica, solventados en importantes grados de soberanía y legitimidad política.

Es en este contexto en que las ansias militantes y el compromiso social de las nuevas generaciones de jóvenes se ven alimentadas desde instituciones y gobiernos que dan espacio a reivindicaciones populares y promueven el recambio generacional de las conducciones latinoamericanas. Así lo expresó, entre otros, la jefa de Estado argentina, Cristina Fernández, en junio de 2011: “Mi compromiso es irrenunciable e irrevocable; no sólo por su memoria (de Néstro Kirchner), sino por los jóvenes que tanto esperan de este país. Espero ser un puente entre las nuevas y viejas generaciones, creo que ese debe ser mi rol”.
—————————————————————–
Por Iván Bermudez | Desde la Redacción de APAS
17|11|2011