Haitianos inician resistencia contra ocupación militar estadounidense

21.Ene.2010    Mundo

Centenares de haitianos asistieron este martes, entre la resignación y la ira, al impresionante aterrizaje de varios helicópteros de tropas estadounidenses en el Palacio presidencial, en un acto considerado por muchos una pérdida de la soberanía.

“Es una ocupación. El palacio es el país, representa nuestro poder, es nuestro rostro, nuestro orgullo”, critica Feodor Desanges.

Una semana después del terremoto que devastó la capital haitiana y dejó entre 100 mil y 200 mil muertos, esta fue la primera vez que los haitianos pudieron observar a las tropas enviadas por Estados Unidos en el centro de la ciudad.

“No los he visto distribuyendo comida en el centro de la ciudad, donde la gente necesita urgentemente agua, alimentos y medicamentos. Esto se parece más a una ocupación”, lanza Wilson Guillaume, estudiante haitiano de 25 años.

Al menos cuatro helicópteros trasladaron a alrededor de un centenar de soldados paracaidistas de la 82ª división aerotransportada hasta el interior del recinto, ante la mirada atónita de centenares de haitianos, que perdieron sus casas en el sismo y viven como refugiados en los jardines que rodean el palacio.

“El problema es que nuestro gobierno no es bueno. Lo que está ocurriendo hoy en Puerto Príncipe es una vergüenza para la historia y la independencia de Haití”, agrega Feodor Desanges.

Las tropas estadounidenses, apostadas hasta el momento en los alrededores del aeropuerto, trajeron consigo abundante agua y comida al palacio, aparentemente con la intención de instalar una pequeña base de apoyo.

Tras las rejas del recinto, centenares de haitianos, muchos de ellos niños, gritaban a los soldados que les dieran agua y comida al verlos descargar sus provisiones.

“¿Vinieron a ayudarnos? ¿Nos traen ayuda ya?”, preguntaban los damnificados por el sismo, apretados unos contra otros contra los barrotes de hierro que protegen el recinto.

Una hora después, los soldados abandonaron a pie el palacio para custodiar el hospital general de Haití, desbordado por los heridos.

A su paso, los gritos de “bienvenidos” y “gracias” se mezclaban con los de “váyanse a casa” y “no nos ocupen”.

“La prioridad para ellos es el poder y no dar seguridad al pueblo. Por eso empiezan por el aeropuerto y por el palacio presidencial”, lanzó Antoine, que perdió su casa y vive con su familia en los jardines de los Campos de Marte, frente al palacio presidencial.

Davilmar Jonas no duda en contradecir a su compatriota y subrayar que hay “muchos haitianos” que sí creen en las buenas intenciones de Estados Unidos.

“Creo que Estados Unidos sí tiene voluntad de ayudarnos y podremos trabajar juntos en levantar de nuevo el país. No sé por qué empezaron ocupando nuestro palacio pero ellos sí quieren echarnos una mano”, asegura este funcionario público.

Para Herold Line, profesor haitiano, no es un problema si los estadounidenses toman el palacio presidencial si de verdad luego comienzan a extenderse por la ciudad.

“Lo que importa es que nos ayuden a reconstruir el Estado y las instituciones públicas que son inexistentes”, explica.

“La prioridad es sacar a los últimos supervivientes de debajo de las piedras, prevenir una epidemia y dar de comer y beber a los miles de damnificados”, agrega.

Pasados siete días del sismo, miles de haitianos que quedaron sin hogar han abandonado la ciudad mientras muchos otros siguen viviendo en las calles y esperando ayuda internacional.

“La prioridad de Estados Unidos debe ser encontrar un lugar digno para todos estos refugiados”, considera Clarisse, una madre de familia que observa con desencanto la llegada de un nuevo helicóptero estadounidense al palacio.

“Si tuviera frente a mí al señor Barack Obama le diría que lo que necesitamos es seguridad. Hay miles de personas sin hogar, no hay Estado y la calle está llena de bandidos”, asegura por su parte Nicolas Fritz.

El presidente estadounidense Barack Obama tiene previsto enviar a Haití un impresionante dispositivo de ayuda que incluye un contingente de 10 mil soldados.

Sobrevivir, el mayor desafío

Al cumplirse este martes una semana del sismo que devastó esta capital, tal parece que el peor castigo para muchos de los sobrevivientes fue escapar con vida del voraz terremoto.

Quienes burlaron a la muerte, ahora enfrentan el desafío de continuar con vida, en una urbe donde las calamidades se desbordan, en particular la carencia de agua, alimentos, medicinas y otros productos de primera necesidad, y las condiciones de insalubridad e inseguridad, entre otros males.

Sin embargo, reporteros y colaboradores coinciden en que la ciudad comienza a dar algunas señales de vida con el resurgir de cierta actividad comercial informal, y actividades mercantiles en pequeñas empresas, aunque sus latidos son aún muy débiles.

Se aprecian en algunas zonas labores de recogida de escombro y basura, son vistos menos cadáveres en las aceras y los buhoneros comienzan a abarrotar con sus mercancías zonas como la llamada Mache, de Pation Ville, aunque la demanda aún es minúscula, ya que evidentemente la circulación de “gourdes” (moneda local) es ahora mucho menor.

Carteles clamando por agua, comida y medicinas se multiplican en diferentes zonas, con sus autores a la espera de que, al menos, algún sorbo de las anunciadas ayudas internacionales haga blanco en sus familias.

Este martes, la barbarie se apoderó de Centre-Ville, una vasta área comercial capitalina que en su mayoría quedó convertida en amasijos de hierro y concreto, llenos de grutas que ahora son recorridas por sujetos, que cual reptiles, penetran agujeros inimaginables en busca de alguna mercancía cuyo canje pueda ayudarlos a saciar el hambre.

Riñas por doquier afloran por la disputa de los más disímiles objetos que son hallados, unos más valiosos y otros menos, pero todos destinados a ser vendidos o cambiados por alimentos.

Rollos de telas, manteles y prendas de vestir, entre otros muchos productos, son disputados por grupos de personas, que como aves de rapiña intentan ganar la mejor tajada, aún cuando se trate de un magullado portapapeles que escapó con vida de alguna oficina.

La violencia gana oxígeno minuto a minuto en áreas como esta de Puerto Príncipe, donde algunos dueños de negocios intentan mantener a salvo o evacuar lo que quedó de su patrimonio, mientras que los que no tienen nada buscan arrebatarle lo que ahora consideran está en terreno de nadie, como si imperara la ley de la selva.

Fuerzas de la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) y de la policía local se desplazaron este martes hacia la populosa calle Dessalines, el corazón comercial de Centre-Ville, para intentar atenuar los saqueos, que van en ascenso y llevan el signo de la violencia y, asida a ella, el de la sangre.

En conversación con Prensa Latina, varios agentes haitianos comentaron que recibieron desde temprano la orden de desplazarse hacia esa arteria, donde se esperaba, como en efecto ocurrió, una ola de saqueos.

“Pero resulta imposible controlar la situación, todos quieren algo que les permita comer, estamos armados, pero lo que intentamos es persuadirlos de que no penetren en áreas que tienen dueños, pero desoyen nuestras órdenes”, confesó uno de los uniformados, armado con fusil automático M-16.

“La gente no quiere nada, sólo comida”, concluyó.

Durante recorridos que periodistas de varios medios realizamos por la congestionada avenida, en ocasiones atrapados en intercepciones viales sin salida abarrotadas de saqueadores, corroboramos los nuevos brotes de violencia, que fueron ganando en intensidad en el transcurso del día.

El tráfico vehicular se tornó casi imposible, entre las multitudes y las montañas de escombros de aquellos edificios que los caprichos del terremoto y de sus propias características constructivas los hicieron desplomarse hacia el centro de la vía.

No hay un lugar seguro en Puerto Príncipe, comentó uno de los reporteros, al presenciar como fragmentos del tendido eléctrico aún se vienen abajo, en algunos casos derribados por camiones que intentan atravesar calles convertidas en verdaderos campos de obstáculos.

Focos de incendios también enrarecieron la atmósfera de Centre-Ville este martes, cuando aún de las ruinas de escombros emana el hedor de cadáveres que no han podido ser extraídos por los socorristas.

Ayuda por aire

Estados Unidos ha anunciado este martes que abrirá otras dos pistas de aterrizaje y arrojará más suministros desde el aire para aliviar la presión sobre el aeropuerto de Puerto Príncipe, donde buena parte de la ayuda se acumula sin repartir.

El apoyo internacional ha llenado de agua, víveres y medicamentos el aeropuerto de la capital, que sólo cuenta con una pista operativa, pero la falta de infraestructura y de coordinación para su distribución retrasa su llegada a los damnificados.

Estados Unidos pretende solucionar ese cuello de botella con la apertura de dos aeródromos alternativos en las próximas 24 y 48 horas “para aliviar la presión sobre Puerto Príncipe”, ha dicho el general Daniel Allyn en una rueda de prensa en la sede del Pentágono.

El Pentágono pretende, además, llevar a cabo nuevos vuelos para arrojar víveres y agua desde el aire.

Por otro lado, la ONU enviará a Haití otros3.500 militares y policías, que se sumarán a los 9.000 que la misión del organismo internacional tiene en ese país. El envío pretende contribuir al mantenimiento de la paz y apoyar los esfuerzos para ayudar en la recuperación de Haití, según ha explicado el presidente del Consejo, el embajador chino Zhang Yesui.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon fue quien lanzó la propuesta, el pasado lunes. Consideró a esas fuerzas necesarias para reforzar la seguridad y mejorar la asistencia a Haití.

Una semana después del devastador seísmo que arrasó gran parte de Haití, la ayuda humanitaria a los damnificados ya fluye con más intensidad después del inicial caos, aunque la magnitud de la tragedia hace aún difícil el acceso al agua, alimentos y asistencia médica para los miles de heridos.

“La logística está aumentando su potencia, aunque sigue siendo prioritario seguir salvando a los heridos que necesitan urgente asistencia médica”, ha dicho hoy Elizabeth Byrs, portavoz de la oficina de coordinación humanitaria de la ONU, OCHA.

El Ejército de Estados Unidos ha comenzado a arrojar desde aviones agua y alimentos, obligado por la destrucción de las infraestructuras tras el terremoto, pese a que se resistía a esa opción por temor a generar tumultos, según informa hoy el Pentágono.

El avión ha arrojado 14.000 paquetes de comida preparada y 14.000 litros de agua sobre una zona que había sido despejada y asegurada por soldados estadounidenses a ocho kilómetros al nordeste de Puerto Príncipe. El buque estadounidense “Bataan” también ha llegado ya a las costas de Haití con ayuda humanitaria.

El número de equipos de rescate procedentes de numerosos países ha aumentado hasta los 52, con un total de 1.820 trabajadores y 175 perros especializados, y en la semana transcurrida desde que la tierra tembló, han logrado sacar a 90 personas con vida de debajo de los escombros en Puerto Príncipe.

Byrs ha asegurado hoy con convicción que sigue habiendo esperanza de encontrar a más supervivientes. “El clima está siendo benigno y hay muchas bolsas de aire bajo los escombros”, ha agregado.

La portavoz de OCHA ha dicho que a partir de ahora, muchos equipos de rescate han empezado a trasladarse al exterior de Puerto Príncipe, a otras ciudades que han sufrido fuertes destrucciones. “Los equipos sólo pueden llegar a esas localidades en helicóptero, pues las carreteras están muy dañadas”, ha dicho.

A pesar de los casos de pillaje y violencia que se han extendido por la capital haitiana como consecuencia de la desesperación de los supervivientes, Byrs ha asegurado que “la situación está bajo control”.

“Hay pillajes, pero en general la situación está controlada. Los convoyes de distribución de ayuda van con escolta”, ha señalado, pera recalcar que existe una gran coordinación entre la fuerza de estabilización de la ONU, las fuerzas policiales haitianas, y las tropas de EE UU y que, controlan, entre otros, el aeropuerto de Puerto Príncipe.

Haití sigue sumida en el caos, pero ya hay quien ha intentado calcular cuánto costará reconstruir el país: 10.000 millones de dólares (casi 7.000 millones de euros).

La cifra la ha aportado el presidente de la República Dominicana, Leonel Fernández, tras participar en una reunión para tratar la crisis provocada por el seísmo que asoló Haití la semana pasada, y a la que asistió la vicepresidenta del Gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, Fernánez ha advertido, no obstante, que la efectividad de la ayuda dependerá de “una convergencia en el plano internacional” y “una coordinación interna para su manejo”.

Una de las propuestas planteadas en la reunión ha sido la condonación de la deuda internacional que mantiene Haití, así como la creación de un fondo especial que sería el resultado del pago de la deuda de los países de América Latina y el Caribe al Club de París, y que anualmente representa unos 2.000 millones de dólares.

Por otra parte, el cadáver de la subinspectora de Policía española Rosa Crespo, que se encontraba desaparecida desde el terremoto del pasado 12 de enero en Haití, ha sido localizado, según han confirmado fuentes policiales.

Con ella, son tres los españoles fallecidos por el terremoto. El viernes pasado se confirmó la muerte del matrimonio compuesto por Yvez Batroni y María Jesús Plaza.

Rosa Crespo, de 47 años, estaba adscrita a la Jefatura Superior de Policía de Aragón, estaba casada y tenía dos hijas.

Precisamente, Washington envió ayer a Haití 7.500 soldados, que se sumarán a los 5.800 ya desplazados al país.

Sin embargo, este masivo envío de tropas y la operación del aeropuerto por parte de las Fuerzas Aéreas estadounidenses están suscitando críticas de otros miembros de la comunidad internacional implicadas en la asistencia al país caribeño.

Desde Latinoamérica, los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y de Nicaragua, Daniel Ortega, han afirmado que EE. UU. está aprovechando la tragedia para “ocupar” Haití militarmente.

Por su parte, la jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Catherine Ashton, aseveró que más que “ayuda militar” se necesita una mayor coordinación para que la asistencia pueda llegar a los afectados, aunque no se refería a EE. UU., sino a la contribución europea.

Quien sí aludió directamente a EEUU fue el secretario de Estado de Cooperación francés, Alain Joyandet, quien indicó que la ONU debe precisar el papel estadounidense en la asistencia a Haití, porque “no se trata de ocupar el país, sino de ayudarle a que recobre la vida”.

Francia y otros países se quejan de la falta de coordinación en la distribución de la ayuda y la congestión en el aeropuerto de Puerto Príncipe, y consideran que los vuelos de Washington tienen prioridad sobre los de otras naciones.

Estados Unidos respondió a estas críticas con un comunicado conjunto con el Ejecutivo haitiano, en el que aseguró que el país antillano considera “esenciales” sus esfuerzos, al tiempo que subrayó el respeto a la “soberanía” de Haití.


fuente: http://www.rlp.com.ni/noticias/general/68882