¿Humo blanco para elegir un Papa negro?

Ojalá que no sea, como el caso de la Casa Blanca, cuando después de entusiasmadamente elegirse; por primera vez al primer presidente negro; aquel famoso y falaz Change -Cambio- que por su oportunismo ofreciera Obama, acabe ornamentalmente ocurriendo lo mismo, pero en el Vaticano. Vale decir que si se elige a un Papa negro -parece ser esa la tendencia al interior del Conclave- no sirva para nada éste histórico hito; no sólo porque la iglesia ha sido una institución radicalmente racista -o acuérdense como consideraba a los indios en América, indicando que: no tenían alma. O el caso del cardenal Terrazas que preguntó, ¿esclavitud muéstrenme dónde hay?- sino porque con un Papa negro los excluidos de siempre puedan por lo menos tener una voz que los reivindique realmente.

Desde ya mi sospecha la sostengo, por cuanto ambos -Vaticano y los EE.UU- innegablemente son imperios. O sea, ésta embustera estrategia es equivalente en el Vaticano como en los EE.UU. Vale decir: cambiar para que nada cambie; y que también la pueden emplear los eclesiásticos; sólo para estéticamente elegir en el Vaticano al nuevo Papa, y que no pase nada. O dígannos, ¿qué ha pasado por ejemplo con los ofrecimientos de Obama; por ejemplo para el cierre de la cárcel de Guantánamo? ¿O la salida de las sanguinarias tropas de los matones mariners del imperio de Irak y Afganistán? Por ello hay que tomar en cuenta ése regresivo refrán: cambiar para que nada cambie.

Se entenderá entonces que en el Vaticano se van a valer de la misma entorpecedora estrategia que en los EE.UU; o sea para no realizar los radicales cambios que se requiere; como son por ejemplo, los prostituidos problemas que tienen dentro su propio seno la iglesia católica, con los casos de la pecaminosa y pérfida pederastia; y que fue uno de los motivos morales por el que Benedicto XVI abdicó abatidamente, pues estuvo bajo fuego cruzado, y tuvo que impotentemente abdicar, ante los poderosos bloques que existen al interior de la iglesia, como son aquellos; ya sea de los grupos de homosexuales, como los otros vinculados al mafioso manejo de las cuentas del Vaticano. Pero además que esos mismos bloques de poder al interior de Vaticano; fueron quienes baja y cínicamente sindicaron a Benedicto XVI, el haber sido complaciente contra aquellos comportamientos corruptos que se cometieron.

Por ello había dicho, que el humo blanco que salga después de la elección del nuevo Papa, ojalá no acabe convirtiéndose en una cortina de humo, para no atacar el cáncer de la corrupción que los corroe. Pero si como una muestra más de cómo, distractivamente no se quiere discutir sobre esta preocupante problemática, el cardenal Terrazas, infantilmente ha indicado que la elección del Papa sea una fiesta de alegría. Vale decir mucho espectáculo para esconder los extravíos de la iglesia.

Y si como se dice los creyentes católicos: La esperanza es lo último que se pierde; que si el cardenal de Ghana Peter Turckson es elegido como el sucesor de Benedicto XVI; ojalá no ocurra lo que ha ocurrido con Obama, pues éste cardenal proviene del Continente más agredido por el imperialismo; como es lo que acaba de acontecer con la imperial intervención en Mali -Bahréin, y otros- para saquear sanguinariamente sus recursos naturales, como es el oro y piedras preciosas. O lo más dramático todavía, ya que África es el continente donde el hambre asola a más de 1000 millones de personas. Y tomando en cuenta que el Vaticano es un Estado muy rico -hasta con una banca, aunque no muy transparente- sería muy bueno que empiecen a pensar en los más pobres del mundo; tal como lo hizo Jesucristo.

Esperemos entonces que el humo blanco, sea para elegir a un Papa negro, pero además para que él rompa con el maleficio, de que los poderosos sean lo que son, a costa de los pobres.