Autor: Búsqueda de “Ilka Oliva Corado”

A Comapa, mi nuevo poemario

…este poemario que escribí el año pasado, como un saludo y una reverencia a ese pueblo maravilloso que me dio tanto y al que le debo mi fascinación por las flores de chacté, las chiliguas y las chilipucas.

EE.UU.

Los hombrecitos de lomo duro

No tienen contratos, les dan trabajo de palabra y les pagan lo que el empleador quiere. Son los que más trabajan y los que menos dinero generan. Son los latinoamericanos que trabajan en construcción en Estados Unidos. Sus cuerpos como de niños, como de adolescentes recién en desarrollo, la piel pegada a los huesos, bajos de estatura y hasta un poco enclenques si se les mira bien.

Mis libros reflejan mi necedad, mi insistencia y mi agradecimiento

La realización de los sueños


El 8 de septiembre de 2019, publiqué mi libro Norte, mi libro número 15. Esta fotografía no la publiqué, pero es mi fotografía favorita de esa serie tomada por la magnífica Moira Pujols. Y lo celebro como celebro a cada una de mis pinturas y a cada una de mis crías.

Como un enorme elefante blanco

Lleva apareciendo en mi televisor varias semanas, pero me hago la desentendida y busco películas por otro lugar, es un documental sobre la violencia que vivieron las comunidades indígenas en Guatemala en el tiempo de dictadura.

La papa partida por la mitad

Eran los tiempos de mi adolescencia y Ciudad Peronia crecía cada día, en el asentamiento comenzaban a verse pequeñas construcciones de casas, poco a poco iban desapareciendo las pequeñas chozas improvisadas con lepas y nailon.

Las vendedoras de la aldea

Siempre vienen a mi mente cuando las flores de las diez comienzan a abrir sus pétalos en las mañanas tibias del verano. Y con la brisa tenue de los días de sol y canícula, aparecen las panadas de agua regando el patio empolvado de aquella casita fue el nido que abrigó la inocencia de mi niñez.

El vacío que deja un trabajador esencial


Es muy raro que un trabajador indocumentado no sea esencial en tiempo de pandemia o no, porque solo otro indocumentado hará el trabajo que este hace. Los jornaleros del campo, las niñeras, las empleadas domésticas, jardineros, gente que coloca producto en las estanterías de los supermercados son en su mayoría latinoamericanos indocumentados.

Isabel, Isabel, qué desdicha haber nacido en Guatemala


Que la poeta guatemalteca Isabel de los Ángeles Ruano vive en la miseria y necesita ayuda, ¡bah!, ya se sabía desde hace décadas. Pero en Guatemala nos encantan las llamaradas de tusa. Nos encanta también aparentar, vivimos de las apariencias y del qué dirán y regimos nuestras vidas alrededor de lo que puedan decir los demás de nosotros. Entonces por eso vamos con la corriente, de ahí que se formen las grandes revoluciones de redes sociales: bocanadas nada más.

¿Qué cambiará el mundo?, puros cuentos

¿Qué nos ha enseñado este tiempo de pandemia? Nada. De las tantas lecciones por aprender no hemos querido aprender ninguna.

Loor a los migrantes indocumentados de todos los tiempos

¿Era lo que se imaginaban? Les pregunto a los migrantes indocumentados que voy conociendo en el camino. No. Me contestan seguros. Pero ya estamos aquí y hay que hacerle gancho porque allá no hay nada. Terminan reafirmando desolados. La angustia, el miedo, la ira, la tristeza son emociones que acompañan a los migrantes indocumentados en su día a día.

El cambio debe ser de raíz

Siempre son los más vulnerables los que pagan el pato. Esta pandemia una vez más da la oportunidad para que los pueblos abran los ojos y anoten una a una las puñaladas que les están dando los gobiernos neoliberales de sus países.

Pandemia de cinismo

Podemos imaginarnos entonces lo que significa un bloqueo económico en países como Cuba y Venezuela. Cuba, con décadas así y sin embargo sigue siendo un ejemplo de humanismo para el mundo, ahora mismo brindando medicina y enviando a sus médicos alrededor del mundo para que atiendan las necesidades de los pueblos.

Las Insurrectas: Doña Vicky, la primera fotógrafa de Ciudad Peronia

Apareció con su cámara colgada del cuello y comenzó a ofrecer sus fotografías, como quien ofrece queso fresco cuarteado, flores recién cortadas, escobas, limar cuchillos, comprar botellas y papel periódico; así simple en un día cualquiera de arrabal. Fue para la década del noventa cuando en Ciudad Peronia solo existía un fotógrafo que llegaba de la capital los domingos a retratar y regresaba a las semanas a entregar las fotografías que dejaba fiadas y que le iban pagando por pocos.

La explotación de los otros

¿A qué tendrá derecho el cortador de caña al que se le va la vida entre el sol, el lomo curtido y los sueños rotos? ¿El jornalero golondrina que va de finca en finca cortando frutas y verduras a cambio de un pago que no le alcanza ni para lo básico? Ese jornalero al que humilla constantemente el caporal que se cree dueño de la finca. ¿No tienen derecho a una cama esos jornaleros que duermen en galeras amontonados en el suelo como leña aperchada?

Cuando la víctima es indígena

Qué vamos a hacer el día que nos enteremos que el acosador es nuestro hermano, padre, abuelo, esposo, compañero, novio, amigo. Puede pasar en cualquier momento puesto que estamos inmersos en sociedades patriarcales, ¿los vamos a evidenciar como hacemos con los acosadores con los que no tenemos ningún lazo sanguíneo ni afectivo? ¿O vamos a acusar a la víctima re victimizándola, colocándonos del lado del acosador y del sistema patriarcal?