20-12-1989

Invasión a Panamá

Según ciertos analistas en los días previos y posteriores a un fin de año e inicio del siguiente, “no pasa nada” en cuanto a políticas. Sin embargo el imperio anglosajón ha demostrado que ello es un error.

Panamá se encargó –como víctima- de dar certeza a que para los poderosos no existen fechas o tiempos festivos. Aviones sin identificación ingresaron en el espacio aéreo panameño en la madrugada del 20 de diciembre de 1989, comenzando un bombardeo. Así se dio inicio a la Operación Causa Justa para deponer al presidente Noriega (reclamado por un tribunal de Miami por narcotráfico).
Fue la penúltima acción imperial contra un país; porque en 1994 el mismo país agregaría a su listado de invasiones, la de Haití. Lo hecho contra Panamá fue ocultado por la prensa internacional y una generación de dirigentes políticos que actuaron de manera cómplice con Washington. Ahora, a un cuarto de siglo del suceso, el presidente panameño, Juan Carlos Varela, anunció que creará una comisión especial para investigar “todo lo relacionado” con los muertos y desaparecidos durante la operación.

Esa comisión estará encabezada por la vicepresidenta y canciller panameña, Isabel Saint Malo de Alvarado, y contará con la participación de la Iglesia católica y la sociedad civil. El mundo desconoce los alcances sangrientos de ese accionar; donde ni siquiera los panameños conocen la cantidad de muertos que “aportaron”, ni dónde se encuentran las fosas comunes (¡!). Se habla de 500 muertos; pero desde sectores sociales afirman que existe un mínimo de 2000 y un tope de 7000. Para la cómplice ONU, fueron 500; para el invasor (apenas) 100… Fue una invasión decidida por George W. Bush, donde el principal accionar destructor se centro en el capitalino barrio El Chorrillo, que fue arrasado. El reclamo panameño es que EEUU reconozca la invasión e indemnice al país: Pero también que informé dónde están las fosas comunes con cientos de panameños. Por otra, dirigentes sociales exigen que se declare el 20 de diciembre como día de Duelo Nacional. Omar Torrijos murió en un misterioso “accidente aéreo”.

Era el líder de un trascendental cambio social, político y americanista en el pequeñísimo país centroamericano. Lo sucedió su lugarteniente –Noriega-, que poseía aceitadas relaciones con la CIA. Su gestión fue denunciada de ser una “base para el narcotráfico, de permitir el blanqueo de dinero y de permitir el contrabando”. Cuando Noriega decide el cierre de algunos bancos (vaya casualidad: estadounidenses…) acusados de esas maniobras ilegales, Washington se enojó con él. Dejó de ser confiable; invadieron; se llevaron al general díscolo; lo juzgaron y condenaron. Tras cumplir la pena lo enviaron a Francia para que respondiera ante la justicia de ese país y ahora, a los 80 años, está encarcelado en su país. Noriega fue apresado en Panamá, a los 13 días después de la invasión.

Él se había refugiado en la representación diplomática del Vaticano, que lo… abandonó (¡!). Se cumplen 25 años y la cultura dominante apuesta a que las nuevas generaciones tengan una manipulada versión de la historia. Por ello han aparecido quienes, habiendo sido sirvientes silenciados por décadas, ahora salen a proclamar la necesidad de la “reconciliación”. Un dato no menor y donde se debe estar atento. En 3-11-1903, Panamá nace como república con el apoyo de EEUU, que necesitaba su crecimiento imperial, para lo cual era fundamental que dicho territorio se separara de Colombia. Eso si: la independencia estuvo condicionada a la firma del Tratado Hay-Buneau Varilla (que le garantizaba a EEUU la construcción, uso y control del Canal de Panamá !).

Una herramienta fundamental para el control de la expansión comercial del imperio. Un aliado de esta maniobra fueron la oligarquía y la burguesía panameñas. Así, Panamá nace colonizado; pero además condicionado a las necesidades estadounidenses. Pero así como hubo sectores sirvientes a dichos intereses, existieron otros, que defendieron con patriotismo a Panamá. Exigieron (como mínimo) una revisión del tratado de 1903. Fue así que EEUU se constituyó en el apoyo influyente de una clase política que debía ser fiel a sus necesidades. Por lo que la vida política panameña quedó condicionada a las ordenes de Washington. Así, se desenvuelve el sangriento 9 de Enero de 1964. Jornada de protesta estudiantil y social, con izamiento de la bandera panameña en la Zona del Canal y la respuesta imperial con decenas de asesinados. Fue el momento más claudicante de la oligarquía, la burguesía y la clase política, que dejó derramar alegremente la sangre panameña. Todas estas décadas tuvieron como resultado el 11 de octubre de 1968, cuando se produce un golpe de Estado contra el (recién) nombrado presidente Arnulfo Arias Madrid.

Comienza un reencuentro de la historia panameña. Inicialmente el golpe aparece respondiendo a intereses imperiales, pero en 1969 cambia el rumbo con Omar Torrijos a la cabeza. Tanto que se comienza a encarar una suerte de ‘alianza’ con sectores de la burguesía. Aquellos que muestran inclinaciones nacionalistas. Un sentido que luego el líder permite ir ampliado con la incorporación de otros actores sociales. Fue así que Torrijos asume como un compromiso nacional, la reivindicación de la soberanía en la Zona del Canal. Este hecho fue el motor, el aglutinador de otras ideas del torrijismo, para comenzar a transformar al país. El Estado asume un papel protagónico y los militares su compromiso histórico.

Se producen cambios estructurales del país con nuevas obras. Estos hechos, más el apoyo popular le permiten a Torrijos avanzar y busca renegociar nuevos tratados del Canal. Su objetivo es que sea manejado por los panameños; que EEUU se vaya. Consigue la simpatía y el apoyo internacional. Fue así que en plena etapa sangrienta para Latinoamérica con dictaduras apoyadas por EEUU, en 1977 se firman los Tratados Torrijos-Carter. Así, Panamá logra tener una fecha concreta para la entrega del Canal y un programa para la salida del ejército extranjero. Todo ello con la oposición de la derecha y de la oligarquía y la burguesía locales. Pero Torrijos no se quedó solamente en ello, sino que comprendió que debía dar un paso más. Y avanza para crear las condiciones hacia un proceso electoral democrático. Entiende que no puede ni debe (en ese momento) continuar con su forma de conducción. Para ello crea su propio partido (PRD) y busca ser el próximo presidente por el voto popular. Ello l e otorgaría el respaldo interno y externo necesario, para evitar cualquier intentona imperial por desestabilizarlo.

Pero el enemigo era muy poderoso, y “misteriosamente” muere en 1981. Ello produjo el debilitamiento del frente interno, los desviacionismos, el aliento de las apetencias personales y el aniquilamiento del proceso revolucionario. Así, el hábil manejo de la inteligencia estadounidense, sumado al descrédito que acumulaba Noriega, les permitió ir dando forma al fortalecimiento de las fuerzas políticas afines a Washington y debilitando a las Fuerzas de Defensa. Previo a la invasión, EEUU comenzó una permanente violación del espacio aéreo panameño, con incursiones de naves propias. Inclusive el presidente Bush, en una conferencia de prensa (mediados de mayo) instó a las Fuerzas de Defensa a destituir a Noriega; con lo que estaba dando más que una señal de lo que desea ese país. En junio, tropas USA bloquearon el paso en una carretera de uso conjunto, a parlamentarios, dirigentes políticos y partidarios latinoamericanos. En agosto fueron detenidos ilegalmente por el ejército ocupante, ciudadanos y militares panameños (entre ellos, 5 periodistas). EEUU crecía en su acciones de provocaciones y la oposición incrementaba sus protestas civiles y manifestaciones. El clima de tensión ya era imparable. El 3-10 se produce un intento de golpe, que no contó con el “decidido” apoyo estadounidense.

No porque no quisieran derrocar a Noriega, sino porque al no permitir el éxito de la intentona, se fortalecía la “necesidad” de una intervención directa estadounidense. El 16 de diciembre el general Noriega se hizo nombrar jefe de gobierno, con los mismo poderes que llegó a tener Omar Torrijos. Quiso concentrar más poder, y selló su caída. Ese mismo día un soldado ocupante muere en un incidente con miembros de las Fuerzas de Defensa. Días después fallece un policía panameño (herido de bala por un teniente del comando sur USA). Las bases del ocupante lanzan la Alerta Delta; Panamá responde con su Alerta Cutarra. La tensión ya es imparable. A todo ello, los medios estadounidenses e internacionales se habían encargado de instalar la “necesidad” del golpe contra Noriega. El general Marc Cisneros (jefe del Ejército Sur) declaró que debía usarse la solución militar, y reformar las Fuerzas de Defensa, a las que acusa de “demoníaca y corrupta”. En una muestra clara de traición, el mismísimo embajador de Panamá en Washington, dijo: “es el momento de las decisiones”. Pedía el golpe (¡!). Los medios dicen que en Panamá hay armas, asesores y una brigada cubana.

Los panameños radicados en Miami reclaman la invasión y ocupación del territorio. Fue así que esta acción se comportó como el fruto maduro (caído de la planta). La invasión se inició el 20-12-1989 a medianoche. El masivo bombardeo duró horas y el temblor de tierra fue detectado por los sismógrafos con un grado de intensidad de 5 en la escala Ritchter (¡!). Fue un ataque a 27 objetivos en forma simultánea en todo el país (incluida la base militar de Rio Hato de la capital y a Colón). La sorpresa invasora pensó que todo se resolvía en horas. Sin embargo, el heroísmo panameño dio lugar a la resistencia popular, que desde la nada le impidió por varios días al más grande ejército del mundo, controlar totalmente el país. El triunfalismo USA se vio sorprendido… EEUU destruyó los principales cuarteles militares de Panamá.

Ello era más que la simple búsqueda de Noriega y su derrocamiento. El objetivo fue provocar un daño sin precedentes y desproporcionado al país. Aniquilar sus fuerzas de defensa. Panamá se quedó sin ejército, que era el que debía hacerse cargo de la vigilancia del canal, a partir del año 2000 (¡!). Esa destrucción fue una “necesidad” política USA, que de esta forma se aseguraba poder permanecer con el control del Canal, más allá del 2000. Qué podría negociar Panamá, sin tropas… EEUU invadió sin declaración oficial previa. Igualmente algunos militares cercanos a Noriega habían recibido el aviso desde Washington, donde le daban 72 horas para que derrocaran y apresaran a Noriega. Al que debían entregar –luego- a EEUU. La falta de respuesta fue tomada por EEUU como un rechazo a la “propuesta” (para frenar la invasión), y responsabilizaron de dicha acción a los propios panameños. Exactamente al vencerse ese plazo (o ultimátum), invadieron. Noriega al momento del inicio del ataque careció de capacidad para ponerse al frente y resistir. Mostró su más rotunda incapacidad política y militar. Los daños de la invasión resultaron incalculables. No solo en cuanto a la destrucción de la estructura militar nacional, sino a la economía panameña.

El Barrio del Chorrillo fue virtualmente destruido en su totalidad; la anarquía generó una ola de saqueos. Calculadamente se sufrieron las destrucciones de aeropuertos, edificios públicos, escuelas y decenas de miles de viviendas. El país en bancarrota; sin crédito; sin apoyos internacionales; a lo que siguieron masivos despidos de empleados públicos y de trabajadores de empresas privadas. Todo panamá debía sufrir un escarmiento, que debía servir de aviso al resto de los países americanos. Tras el golpe, EEUU hizo asumir un gobierno ‘panameño’ que tomó posesión… en una base militar USA (¡!). Meses después se fue notando una cierta reactivación económica que respondió a las necesidades inversionistas de EEUU. Porque el gobierno panameño era títere; estaba tutelado. El mundo asistió y aceptó que EEUU invadiera y ‘gestionara’ un país, según sus necesidades. Una situación tomada con total naturalidad a nivel internacional. Donde se justificaba ello, responsabilizando de todos los males a Noriega.

Pero se silenciaba la complicidad de la oligarquía, la burguesía y las clases dirigenciales, para con EEUU. Este suceso soportado por los panameños no es aislado del mundo, sino que debe entenderse dentro de un mundo donde se caía el imperialismo soviético. A nivel internacional se desintegraba la Unión Soviética y llegaba a su fin del sistema socialista europeo. EEUU era el gran triunfador mundial. Se fortalece la derecha que se autoproclama “dueña” de las democracias. LO que sorprendió a EEUU fue que luego de su invasión, su accionar criminal, la desastrosa gestión del “presidente” Endara y el silencio mundial, a la hora de votar, los panameños le dan el triunfo al PRD-Partido Revolucionario Democrático en 1994 (¡!). El pueblo panameño votó con memoria y rechazando a la invasión.

Lamentablemente el PRD jamás respondió a las expectativas de transformación que se esperaban y exigían. No se rompió con el neoliberalismo. El proceso iniciado por Omar Torrijos no fue retomado por nadie. Así, el pueblo continúa sin representación real, mientras los grupos dominantes continúan efectuando sus negocios. La historia se encargó de demostrar que el responsable de todos los males panameños no era Noriega. Él apenas fue uno de los tantos; que les sirvió a EEUU, a la oligarquía y a la burguesía panameña, para justiciar la invasión. Y aún hoy, a tantos años de ese drama, no solo se desconoce lo que ocurrió, sino que la nación sigue pagando las consecuencias.

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