La tensa disputa política

La Biblia vuelve al palacio

“No con armas, voy con mi fe y mi esperanza; con una Biblia en mi mano derecha y su carta de renuncia en mi mano izquierda” esbozaba el Jefe cívico de la oposición, el cruceño Luis Fernando Camacho quien dirigió la movilización. “La carta y la Biblia entraron al Palacio” con un ¡Viva la Bolivia libre y democrática!”, ante la renuncia de Evo Morales. Mientras festejaban la paz y el derrocamiento del presidente, en las calles quemaban la bandera cuadrangular de siete colores “La Whiphala”, utilizada en la actualidad como símbolo de las etnias en la cordillera de los Andes y reconocida como insignia del Estado Boliviano en la Constitución del 2008.

El gobierno de Morales originado desde el movimiento cocalero como una revolución política antielitista, no sólo es la llave de confrontación política, sino que trasciende lo estéricamente político. Por casi 14 años en el gobierno y ávido a permanecer, es la bisagra de la crisis social y política que gira en torno a Bolivia. Lo que comienza como sublevación contra Evo, parece ser a la confusa elección del 20 de octubre convocada para elegir al presidente y vicepresidente junto a 130 diputados y 36 senadores, los nueve partidos políticos registrados en el Órgano Electoral Plurinacional (OEP) competían con la atención centrada en saber quién será el nuevo presidente del “Estado Plurinacional de Bolivia”. Sin embargo, avizoraban cierta imparcialidad y descontento a la insólita aparición de Evo Morales con posibilidades de disputar la presidencia.

Después de una larga historia de marginación étnica durante las anteriores elecciones generales, la participación indígena en la política avanzó sustancialmente a partir de los comicios electorales de 1979 con un pírrico porcentaje de 1,5%, y desde el 2005 apreció en las arenas políticas positivamente. Parecía renacer las acciones colectivas de los sectores históricamente excluidos, con ello, inauguraba el advenimiento del poder indígena.

Pero lo que nos convoca la atención en estos actuales momentos, es que la BIBLIA y el nombre de DIOS está jugando un papel importante en el escenario político. En ese contexto, se puede observar un escenario del fundamentalismo religioso de derecha. Da por sentado que la cruz de “Cristo ya no es Santa”, cuando Luis Fernando Camacho dibuja que “Dios es la cabeza de la lucha” (Santa Cruz, 4-11-2019), nombrando a Dios continuamente en sus discursos y con la misma intensidad a las “gloriosas” fuerzas armadas. Los dos compañeros junta a él; el uno sostenía la gran estatua de la VIRGEN MARÍA y el otro lo entregaba la BIBLIA, su discurso estaba invadida en mencionar “voy a la Paz, con la Biblia, no con armas”. Parece seguir este mismo itinerario, la reciente autoproclamada Presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez, llegó al antiguo Palacio Presidencial portando en sus manos y a lo alto una BIBLIA y gritando a viva voz “Gracias a Dios porque nos ha permitido que la Biblia vuelva a entrar al Palacio, que él nos bendiga” señaló (La Paz, 13-11-2019). Además, la policía que levantaba contra Morales se observó con una Cruz, para la época de la cristiandad española. Pero ¿Que tiene ver una Cruz con un Policía? Parece florecer un hombre reinterpretado, es decir, es el nacimiento de un nuevo fundamentalismo religioso de derecha, imaginaciones de lo otro posible. La Biblia proclamada como palabra de Dios y palabra de los hombres, en ese interesarse por la realidad, parece la teología no sólo se vale del conocimiento, sino que desafía desde la perspectiva del compromiso con lo trascendente que se allega a la inmanencia humana.

Con esto cabe subrayar, que el discurso además conlleva “sacar a la Pachamama de lugares públicos” e imponer la Biblia en el Palacio, como se ha dicho, esa BIBLIA representa a los nuevos movimientos emergentes, los movimientos ecuménicos radicales nucleados por la derecha tradicional católica. Ellos (iglesia tradicional) niegan un golpe Estado, pero no demuestran capacidad de explicación de cómo destituir a un presidente electo constitucionalmente sin un golpe. Lo que sí está claro es que solamente demuestran la preocupación, por la propiedad. Pero además, ordena a los militares que cumplan con la función constitucional y no presta atención a hablar de la violencia y los delitos cometidos por los sectores de la oposición.

A partir de este discurso, vuelve a legitimar religiosamente la lucha por el Poder. Entonces se imprime que: el Dios de la Biblia se fue cuando el indio llegó al poder y ahora la Biblia ha vuelto al Palacio cuando el indio se fue del Palacio. América Latina ha sido invadida y saqueada por los colonizadores, con el mismo libro y bajo el mismo nombre fue invadido los territorios de nuestra América. Hace más de cinco siglos atrás, Francisco Pizarro lo había hecho con el indio Atahualpa en Cajamarca – Perú. Además, el alzamiento de Túpac Katari y Bartolina Sisa en la Paz (1738-1781) cobraron vida. Las agendas y las cartografías del poder político se armonizan para contrastar las nuevas celebraciones. La fe vuelve a ser crucial como el centro del poder político. El gran dios guerrero, reaparece para iluminar los corazones, al parecer, promovido por el desprecio a la diferencia, pero demanda sacrifico para los devotos del poder y el dinero.

El domingo 10 de noviembre, Evo Morales regresó a su pórtico (su lugar natal, el Chapare: volvió para reinventar los sueños). La batalla por el retrato de Dios y la Biblia ha iniciado. Pero “me llevo este pedazo de mi tierra boliviana”, más pronto que tarde “volveremos y seremos millones” cerraba su discurso el vicepresidente García Linera. Ahí está, el paso decisivo de nuestra época.