El oportunismo de las derechas Latinoamérica contra los pueblos

La crisis de la pandemia del Coronavirus y el capitalismo

Me imagino a una derecha latinoamericana envalentonada y feliz, al conocer la noticia de que el nuevo presidente de Uruguay anunciara oficialmente la salida de su país de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).

Algunos medios hacen lo mismo: «Uruguay le da la estocada final a lo que quedaba de la Unasur», se escribe en un despacho noticioso de efe. Se sabía que sería así desde el mismo día en que el derechista nuevo presidente, Luis Lacalle Pou, tomó las riendas el pasado 1ro. de marzo.

Un presidente de derecha que busca adueñarse de los recursos de Uruguay, y aplicando un modelo de derecha y fascista, bajo la mentira de una falsa sonrisa, al Frente Amplio (FA), cuando quiere aplicar la ley de emergencia, obviando la crisis de la Pandemia, buscando crear una modelo anti democrático y un retorno al subordinarse a EEUU y al maniático y psicópata presidente Donal Trump, manifestando una realidad de un plan cóndor en América Latina y la realidad de un dependencia a los EEUU y a los caprichos de Trump.
Para completar tal decisión, el canciller de Uruguay, Ernesto Talvi, al hacer el anuncio, aseguró que su gobierno regresa al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (tiar), ese engendro de la desprestigiada OEA, fabricado, en gran medida, para facilitar la intervención en los asuntos internos de las naciones de la región.

Se trata, no hay dudas, de una derecha cuyas primeras acciones al llegar al poder están dirigidas a deshacerse de cualquier compromiso que represente integración entre los pueblos, y que lleve implícito la solidaridad y los beneficios sociales para los más desposeídos. Todo esto, acompañado del desmontaje de los programas sociales auspiciados con anterioridad por los gobiernos de izquierda y la implantación de modelos neoliberales.

No pequemos ni de ingenuos ni de extremadamente confiados: América Latina vive momentos de una gran confrontación ideológica.

En mi opinión, en este escenario se mezclan dos elementos, uno externo: el apoyo financiero y diplomático de Estados Unidos; y otro interno: las debilidades de algunos sectores de izquierda, que se desgastan en contradicciones entre ellos mismos y les resulta muy difícil unirse para, de manera conjunta, derrotar a sus adversarios.

Las palabras integración, solidaridad y participación popular, entre otras, debían ser banderas en alto que no pueden ser arriadas jamás si queremos que los gobiernos populares gocen de estabilidad, compromiso y confianza entre sus pueblos.
Fijémonos solo en tres ejemplos: lo primero que hizo el gobierno de facto de Bolivia tras el golpe, fue salirse del alba, romper con la Celac, abandonar la Unasur.

Antes lo había hecho Lenin Moreno, en Ecuador, y ahora tocó el turno al nuevo mandatario uruguayo.
Se trata de tres países que vivieron en las últimas décadas momentos de verdadero fomento de planes sociales, cuando tuvieron al frente a líderes como Evo Morales, Rafael Correa y los uruguayos Pepe Mujica y Tabaré Vázquez.

Esta realidad de los avances de las derechas y la crisis del capitalismo, la cual se manifiesta en la Pandemia, mostrando la incapacidad de la derecha, de consolidar respuestas a los ataques de Coronavirus, llevando al Planeta a miles de seres humanos, y no respetan a las clases sociales, pero las acciones de los mandatarios de Americana Latina, están incapacitados para dar una respuesta a los pueblos y a la sociedad en su mayoría, porque no han podido dar respuestas a los sectores populares.

Al fracturarse esa izquierda, ya fuese por golpe de Estado, por acceso al poder de oportunistas, o por elecciones, se vive hoy un retroceso al que solo los pueblos podrán ponerle freno y hacerlo reversible.
El ataque y el terrorismo en la región del Grupo de Lima y Trump

Abandonar las instituciones integracionistas de la región y adherirse a ese apéndice de la desprestigiada OEA que es el Grupo de Lima, es aliarse con quienes, desde Estados Unidos, trazan pautas a seguir para afianzar el patio trasero, que desde la Doctrina Monroe fue objetivo de los gobiernos de Washington.

¿O es que la ingenuidad puede cegarnos hasta creer que es casual el hecho de que –y pongo nuevamente tres ejemplos– Bolsonaro, en Brasil; Moreno, en Ecuador, y Jeanine Áñez, en Bolivia, hayan agregado a la marcha atrás de su carro, la peor de las acciones contra sus propios pueblos: romper con la solidaridad de decenas de miles de médicos cubanos que han salvado vidas y curado a enfermos, ¿con su trabajo abnegado en los lugares más intrincados de esos países?

Ahora la derecha latinoamericana está entusiasmada, y el imperio yanqui bate palmas y apuesta por acabar con aquellos gobiernos –léase Cuba, Venezuela y Nicaragua– que levantan verdaderas obras al servicio de los pueblos.
Es tiempo de rectificación de la izquierda y de defender la unidad y la solidaridad, como símbolos de resistencia y de vergüenza, dos valores muy ajenos al oportunismo, la ingenuidad o la falta de vínculos con las bases sociales.

La crisis de la pandemia del Coronavirus y el capitalismo
“Estamos frente a una crisis generalizada del capitalismo democrático, y la falsedad del modelo mundial, del capitalismo fascista y acusar no democrático, como el de China”,

Siendo esta apreciación un error de las propuestas de las dictaduras y del fascismo corriente, que no han podido resolver la crisis humana y han creado distintas versiones de una salida sin respuestas a los seres humanos, determinando las mortandades una falacia al estilo del fanático psicópata Donal Trump, el presidente de Brasil Bolsonaro, hablando de una gripecita, al descontrol de su teoría de seguir trabajando y las
Aunque la pandemia tiene en estos momentos su epicentro en Europa, los casos de personas con Covid-19 proliferan exponencialmente en América Latina, al tiempo que avanza la imposición de medidas de aislamiento y cierre de fronteras.

“Quedarse en casa” es la nueva consigna que recorre la región.

El problema es que no todos pueden hacerlo. En Latinoamérica cerca del 50% de los trabajadores está en el sector informal y para ellos, la restricción de salir a la calle es económicamente devastadora.
Personas como Noelia Flores, una inmigrante venezolana de 39 años que vive en Perú junto a dos hijos, una nuera y cuatro nietos, quedó sin ninguna fuente de ingresos luego que el gobierno impusiera la cuarentena.

¿Qué consecuencias puede tener la pandemia en América Latina y cómo afectará a la gente?
El impacto económico y social va a ser muy fuerte, aunque depende de la situación en que se encuentra cada país.
Los países con sistemas públicos más expandidos, tendrán probablemente una mayor capacidad de asistir a los sectores de bajos recursos.
No es solo un problema de que los informales no pueden salir a la calle. El problema es que incluso sus clientes, de sectores más acomodados, están encerrados.

Por ejemplo, está el caso de los feriantes en Argentina. Antes había mucha gente vendiendo frutas y verduras en la calle. Pero hoy la gente con recursos está encerrada en su casa comprando vía internet.
Incluso los sectores que no son los más vulnerables, como aquellos que prestan servicios en el hogar, tipo plomería, electricidad, pintura, son todos trabajos que están paralizados.

En algunos sectores más acomodados están señalando con el dedo a las personas que no se quedan en la casa, aunque no tengan cómo comer…
Lo peor que podemos pensar es que la pandemia se expande porque alguien sale a la calle en una situación de necesidad.

(*) Periodista, Historiador y Analista Internacional
diegojolivera@gmail.com

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