La realidad de un cambio ideológico en el Cono Sur de América

La crisis de la sociedad latinoamericana y la OEA

Nos parece importante reconsiderar la crisis de los modelos progresistas, que intentaron en una década, una propuesta de integración en varios países del Cono Sur, ampliaron la idea de crear una unidad entre Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador, Venezuela, Cuba, Nicaragua, creando un modelo de integración, como la CELAC, pero la realidad demostró las diferencias y los procesos alternativos, la mismos errores y los efectos de la corrupción, desgastaron una década de sueños y una falta de participación de los modelos populares y la falta de un crecimiento social y humano.

En el primer quinquenio del 2000 se produjo en América Latina una oleada de derrotas electorales de los antes “invencibles” partidarios del neoliberalismo y la correspondiente apertura de uno de los más grandes procesos de recambio relativo de los grupos dirigentes que ha visto la historia de la región. Así, en la primera década del siglo XXI, se contaron tantos gobiernos de tinte progresista como no se veían desde los años treinta y cuarenta del siglo anterior.

Estos gobiernos lograron instalar cierto grado de hegemonía que les permitió sostenerse por un ciclo temporal sorprendentemente largo -que varía entre 10 y casi 20 años de gobierno. Sin embargo, en los últimos años, por múltiples razones, este proceso entró en una etapa de agotamiento – el llamado “fin de ciclo”. Tratando de dar cuenta de forma integral del ascenso, consolidación y crisis de estas experiencias políticas, en este libro se pretenden ofrecer claves de lectura para atender los desafíos analíticos relacionados con dos elementos trascendentes, que le otorgan un valor que inclusive rebasa la dimensión latinoamericana: su historicidad y su apoliticidad.

En el caso de los países donde el progresismo retrocedió en las urnas, como Brasil, Argentina y Chile –exceptuamos Ecuador ante la falta del cambio de partido- la expresión de una oposición antagónica fue clave. La confrontación no fue sólo de proyectos políticos, sino de valores y, extremadamente, la diferencia se tradujo en rechazo: xenofobia, aporofobia (odio a los pobres), racismo y el odio a las mujeres.
Situarse en un extremo de la polarización ha sido negativo en el caso de los países que participaron en el ciclo progresista, dado que asumieron un carácter personalista y no lograron generar sucesores continuadores del proyecto. En el caso de los países que no participaron del ciclo iniciado a fines del siglo XXI la asociación al mismo resultó clave para su crítica. A excepción de México, la polarización de proyectos fue finalmente capitalizada por el establishment.

La realidad de un cambio ideológico en el Cono Sur de América

Nos parece importante es señalar como el fascismo es una ideología política y no cultural fundamentada en un proyecto de unidad monolítica denominado corporativismo, por ello exalta la idea de nación frente a la de individuo o clase; suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único y los localismos en beneficio del centralismo; y propone como ideal la construcción de una utópica sociedad perfecta, denominada cuerpo social, formado por cuerpos intermedios y sus representantes unificados por el gobierno central, y que este designaba para representar a la sociedad.

Para ello el fascismo inculcaba la obediencia de las masas (idealizadas como protagonistas del régimen) para formar una sola entidad u órgano socio espiritual indivisible. El fascismo utiliza hábilmente los nuevos medios de comunicación y el carisma de un líder dictatorial en el que se concentra todo el poder con el propósito de conducir en unidad al denominado cuerpo social de la nación.

El fascismo se caracteriza por su método de análisis o estrategia de difusión de juzgar sistemáticamente a la gente no por su responsabilidad personal sino por la pertenencia a un grupo. Aprovecha demagógicamente los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda,19 y los desplaza contra un enemigo común (real o imaginario, interior o exterior), que actúa de chivo expiatorio frente al que volcar toda la agresividad de manera irreflexiva, logrando la unidad y adhesión (voluntaria o por la fuerza) de la población.

La desinformación, la manipulación del sistema educativo y un gran número de mecanismos de encuadramiento social, vician y desvirtúan la voluntad general hasta desarrollar materialmente una oclocracia que se constituye en una fuente esencial del carisma de liderazgo y en consecuencia, en una fuente principal de la legitimidad del caudillo.

El fascismo es expansionista y militarista, utilizando los mecanismos movilizadores del irredentismo territorial y el imperialismo que ya habían sido experimentados por el nacionalismo del siglo XIX. De hecho, el fascismo es ante todo un nacionalismo exacerbado que identifica tierra, pueblo y estado con el partido y su líder.

Esta realidad ha crecido en nuestra América Latina, impulsada por la crisis del progresismo, y permitió los fascismos. del neofascismo y el fascismo criollo impulsado por el militarismo en Brasil, con la presidencia de Bolsonaro, un racista, anti indígenas, ahora apoyado por Donald Trump y el sionismo israelí, creando una unidad anti social y humano. En ese mismo sentido surgen los movimientos sociales en Chile, una nación de anti patria, como es la presidencia de Piñera, un empresario Pinochetista, que intento nuevas restricciones a los chilenos, que han creado una lucha por los derechos humano y por el cambio de la constitución fascista impuesta por lo militares con Pinochet, creando asesinatos, violaciones, daño a los ojos de los luchadores sociales y el respeto a los ciudadanos.

De la misma manera el golpe de Estado en Bolivia, muestra la anuencia de un modelo fascista y racista, persiguiendo al presidente Evo Morales y obligarlo a salir de Bolivia, para crear una crisis humanitaria con los pueblos indígenas, y la misma Jeanine Añez y los militares llamaron a los policías y militares a la violencia y a los asesinatos de los pueblos indígenas, y de manera ridícula o inmoral la terrorista Añez, dueña de prostíbulos, ahora reniega de su origen indígena, y de manera ridícula decir que es blanca y nórdica, esta es parte de la realidad

Periodista, Historiador y Analista Internacional
diegojolivera@gmail.com