La muerte reciente en Chile de un general en retiro preso

Fue un militar nada original, uno más en la historia de Latinoamérica y el mundo. El producto adicional de un adoctrinamiento y preparación local e imperial norteamericano.

Su nombre repetido es secundario, lo importante era su función en el estado.

Viejo y enfermo murió preso, con condenas a más de 500 años por asesinatos y desapariciones de partidarios políticos del cambio socialista caídos en sus manos.

Orgulloso de sus actos contrarrevolucionarios declaró como defensa haber obedecido siempre las órdenes del general en jefe transformado por las armas en presidente de la república. El que lo elevó y expulsó.

General no más que una pieza de la violencia sistemática en el país, como otros hasta México, tuvo el respaldo del arma, marinos, aviadores, policías, políticos conservadores, periodistas. Actor reemplazable del golpe puesto en marcha por el empresariado unido del subcontinente sur y la metrópoli hegemónica norte.

Un oficial que como coronel tuvo la oportunidad que no otros de aplicar sus aprendizajes de tortura, eliminación, ocultamiento, argumentación, recibidos de maestros del Pentágono. De ejercer el poder para decidir sobre el dolor y la muerte.

Muchos uniformados, la gran mayoría, estaban por esa política de crímenes. No todos.

En el país no hay que olvidar a militares como René Schneider, Carlos Prats, Renato Cantuarias, Arturo Araya, y otros, abiertos a un cambio de sistema.

Sí es evidente que los ejércitos están formados mayoritariamente por un personal dispuesto a obedecer y creer en la estructura de propiedad existente. A defenderla e imponerla.

Pero eso no excluye el deber de explicarles en este momento de la historia la necesidad de un nuevo plan para la relación de la humanidad con el planeta.

Porque la posibilidad del surgimiento de muchos decididos militares independientes del poder empresarial existe.

Una comunicación clara y fundamentada con la juventud escolar y el conjunto de la sociedad civil es una vía para la entrada de una visión de futuro sostenible al mundo que tiene las armas.

La relación civil-militar desde la necesaria construcción de una civilización nueva puede ser socialista y no obligadamente fascista.

Es posible un compromiso nuevo de las fuerzas armadas si se dirige la palabra también a ellas.

No pocos en su interior ya pueden querer integrarse a la solidaridad y justicia abandonando el aislamiento de la represión.

No hay política si no se siembran ideas.

Por un Movimiento para una civilización sustentable-solidaria

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