La pandemia de la injusticia social

El desenfrenado sistema capitalista produce competencia brutal, casi estúpida por los mercados del mundo. Lamentablemente China entró en ese ritmo endemoniado desde hace muchos años, aunque resolviendo algunos temas sociales y económicos de sus poblaciones; con los costos típicos del capitalismo: contaminación ambiental, matanza de animales y el desenfreno por querer imitar al fracaso de occidente.

Eso es más contaminación, más autos y más desarrollo insostenible. Pero eso gusta a la gente, el suicidio colectivo y la destrucción del hábitat es el gusto más terrible del humano por el progreso. Toda esa ideología enfermiza se llama desarrollo y progreso, esa tragedia gusta a socialistas y capitalistas por igual.

El capitalismo no sólo produce desarrollo y progreso, sino también pobreza y desigualdad. Produce injusticias sociales a lo largo del mundo. Su gran promesa de resolver los problemas humanos, desde hace siglos, jamás ha cumplido. Le culpa al socialismo de muchos fracasos, lo cuál es cierto; pero el sistema capitalista es más perverso y destructivo como estructura económica, porque esencialmente es injusto. Los occidentales se han esforzado en justificar éticamente su destructiva manera de desarrollarse, otorgando migajas a miles de millones de pobres por el mundo. Hoy cierran sus fronteras abiertamente, pues su inútil ciencia de punta no puede ni siquiera con un virus de la gripe.

Ese capitalismo troglodita y cavernario, porque no han cambiado sus estructuras guerreras desde las cavernas, invierte cientos de miles de millones de dólares en investigaciones de armas y satélites militares de la muerte; pero les vale un carajo invertir en investigación médica o de salud. Como en Bolivia, los sistemas de salud en occidente son una vergüenza. Por supuesto que muestran al mundo sus misiles y sus aviones de punta; y no pueden curar de enfermedades a sus poblaciones. Esas son las paradojas de la civilización occidental y sus imitadores, como los chinos, de otros sistemas ideológicos.

Lamentablemente no hay alternativas globales por el momento. Los socialistas han demostrado ser tan corruptos e ineficientes y peor que los capitalistas. Por lo que no se puede considerarlos alternativos. Sin embargo, es tan urgente pensar desde nuestras culturas en alternativas económicas, sociales, políticas e ideológicas ante el rotundo fracaso del sistema capitalista y de sus imitadores. Sistema que privilegia todo lo oscuro y corrupto como las finanzas bancarias, que privilegia el negocio de la guerra y la muerte como en las cavernas trogloditas, que privilegia en las estructuras sociales absolutamente injustas por todo el mundo. A todas luces ya vemos que todo eso es insostenible y cruel.

Miles de millones de pobres y desheredados pagan esos errores a lo largo del mundo. En estos momentos no pueden ni siquiera alimentarse. Para salvar las finanzas del sistema global capitalista, se tiene que pedir el sacrificio inmenso de los más pobres. Ya que los sistemas de salud jamás funcionan, el sistema capitalista carga sobre las espaldas de los más pobres los sacrificios. Los discursos oficiales se encargan de barnizar esa cruel realidad. La hipocresía es parte fundamental de la política post-moderna.

Esta crisis mundial también desnuda el descalabro ético y moral de la política real. Los Estados han retrocedido en todas las conquistas sociales que se habían ganado en el siglo XX, y hoy regresan a los años 30 del anterior siglo cuando los distintos fascismos y totalitarismos fungían como promesas políticas. No existe ninguna diferencia entre Trump o Maduro. Las ideologías discursivas hay que verlas en las prácticas reales, porque las palabras ya no significan absolutamente nada en política.

Esas son las paradojas actuales. El hombre alardea por los enormes progresos científicos, por la cibernética, la robótica y las nuevas tecnologías de la información; pero sigue siendo el cavernario político en ideología y no ha cambiado su mentalidad guerrera desde las cavernas. Ni siquiera puede resolver el hambre y la miseria mundial. Todavía peor: su ciencia es nada ante las enfermedades modernas fruto del desarrollo y progreso. Este rotundo fracaso tiene la excusa precisamente de los avances y desarrollo de las ciencias. Ese es el cinismo y desvergüenza de semejante fracaso.

En Bolivia las oligarquías provincianas y atrasadas mentalmente, sólo consideran al 20% de la población como activas en la economía; pero olvidan y desconocen totalmente al 80% de la población que vive al día en sus actividades económicas. Las miserias económicas que entregan a los más pobres no es absolutamente nada, respecto del sacrificio que se les pide. Me temo que las protestas y las sublevaciones están a la vuelta de la esquina. A pesar de ese virus del desarrollo que nos amenaza a todas las clases sociales. Es otra prueba más del enorme desconocimiento de las clases altas y medias, sobre las realidades de este país, sobre las realidades de la Bolivia profunda.

Ese virus del desarrollo empobrecerá a nuestras poblaciones. El hambre ya está presente a lo largo del continente. La desocupación estará presente en los meses de abril y mayo, porque el sistema opera de esa manera cruel. Los ricos serán más ricos por la especulación alimentaria y financiera. Los pobres serán más pobres aún. Es hora, desde hace demasiado tiempo, de pensar en alternativas reales en la política, en la ideología y sobre todo en la economía. Es hora de construir, aunque muy tarde, en nuestro propio Estado.


Max Murillo Mendoza