La voluntad de Girón y la globalización imperial

Cuando el indómito líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, definió el poder del pueblo organizado con el control del Estado como el máximo poder político de una Nación, varios años de transformaciones sociales, de praxis revolucionaria, no solo habían confirmado su tesis, sino que ella fue construida a partir de acontecimientos concatenados desde el fallido asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 hasta la proclamación en 1976 de la primera constitución socialista de América Latina y El Caribe, luego que más del 90 por ciento del pueblo cubano la aprobó en referendo nacional.

Uno de esos hechos históricos que fueron revelando la potencialidad de un pueblo decidido a ser libre, es la victoria militar antiimperialista del organizado pueblo cubano ante varios batallones de mercenarios entrenados y armados por la CIA y el Pentágono de Estados Unidos que invadieron y desembarcaron por Playa Girón y Playa Larga, situadas al centro sur de la isla, el 17 de abril de 1961, para establecer allí una cabeza de playa e instaurar el gobierno burgués en el exilio, llamado ahora en la jerga globalizadora imperial Consejo de Transición.

Fueron 72 horas de duros combates antes de terminar el 19 de abril, las primeras de ellas de una verdadera masacre de civiles residentes en esa zona turística, ocasionada por bombardeos indiscriminados de los mercenarios contra cualquier objetivo que mostrara vida, y después por la resistencia de los batallones de la recién formada Policía Nacional Revolucionaria y de la naciente Milicia Nacional Revolucionaria y en las horas siguientes por la ofensiva de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que con el mismo ímpetu de los barbudos de la Sierra Maestra enfrentaron con fusiles, antiaéreas cuatrobocas, morteros y unos pocos aviones de combate e hicieron morder el polvo de la derrota a los aviones enemigos camuflados con insignias cubanas, varias embarcaciones, tanques de guerra y a más de 1500 mercenarios.

Allí en Girón se desarrolló la primera guerra asimétrica de América Latina y el Caribe emprendida y perdida por la gran potencia imperialista usando mercenarios, ante una naciente revolución social, en un país ochenta y cinco veces más pequeño que ella y precedida por meses de campañas mediáticas internacionales para favorecer la intervención extranjera, contra la supuesta “amenaza comunista”, como si no hubiera existido el derecho de los pueblos a la libre autodeterminación y a ejercer su soberanía; condicionada también con guerras psicológicas desde emisoras de ondas cortas instaladas en La Florida y desde las propias iglesias que violaron los mandamientos de la Biblia; precedida además por sabotajes terroristas a industrias, tiendas, cines o embarcaciones, como el realizado en octubre de 1960 en la Bahía de La Habana contra el barco mercante belga La Coubre que traía armas adquiridas por el gobierno cubano, al que hicieron explotar en pleno día laboral de descarga.

Fue precisamente allí, en el sepelio de las decenas de muertos, y ante un pueblo enardecido donde Fidel proclamó por primera vez la memorable consigna Patria o Muerte que quedaría sellada para la historia seis meses después con la sangre derramada en Girón en defensa de la Patria y del ideal socialista proclamado tres días antes, el 16 de abril, también en el sepelio de los héroes caídos en los bombardeos imperiales contra la incipiente flota militar aérea cubana.

La Revolución Cubana, llegada al poder luego de solo dos años de lucha armada contra la dictadura militar de Fulgencio Batista, emprendió pacíficamente las transformaciones sociales con el pueblo como protagonista y la solidaridad de la Unión Soviética y otros países socialistas como apoyo, para enfrentar con éxito la violencia armada y el bloqueo económico, financiero y comercial impuestos por los gobiernos de EEUU que aún hoy lo mantiene a pesar de las diecinueve ocasiones que la comunidad internacional lo ha rechazado y condenado.

Son las regularidades genéticas y sincrónicas de los procesos de transformaciones sociales profundas que van condicionando en un país toda su vida económica, política y jurídica y van configurando la cultura de combate y de creación heroica, ante las adversidades y también ante los avances que retroalimentan al proceso objetivo-intersubjetivo, donde se resuelven las contradicciones antagónicas (con el imperialismo y sus lacayos) y no antagónicas (con los no formados ideológicamente, los ignorantes y los corrompidos por la cultura capitalista pero integrados al devenir nacional).

De lo que se trata es de la formación de la voluntad profundamente revolucionaria en medio de las diversas contradicciones. “El principal recurso que requerimos nosotros es la voluntad. Ese es el primer recurso necesario para la lucha social”, recordaba el Comandante Supremo Hugo Chávez el 13 de junio de 2004 cuando formaba ideológicamente al pueblo para ganar el Referéndum de agosto de ese año y en la víspera de conmemorarse un natalicio más del Che Guevara. Es la voluntad de ejercer unidamente el poder. “El poder del pueblo, ese sí es poder” recuerda siempre el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana.

El espíritu de Girón, como antes el de Yara y de Baire cubanos o el de Ñancahuazú boliviano-cubano, y el del mismísimo 13 de abril venezolano, flamean juntos hoy, como voluntad inquebrantable, en los corazones de los once millones de cubanas y cubanos, enfrascados ahora, tanto en el proceso de actualización del socialismo caribeño como en la solidaridad global con más de sesenta pueblos hermanos, a los cuales se les ofrece la inteligencia, el amor y la voluntad vencedora fidelista, bautizada con fuego y heroicidad patria de todo un pueblo, hace 52 años en Playa Girón, y que constituye un potente escudo ético y moral para enfrentar las emanaciones capitalistas de la globalización imperial.

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