El sistema del capitalismo para controlar los mercados y la pandemia

Las elecciones de EEUU muestran la concepción imperialista

¿Veremos en el siglo XXI el fin de Estados Unidos como la gran potencia dominante en la política internacional? ¿Está Estados Unidos en camino de perder las ventajas comparativas en materia económica, tecnológica y militar que lo han colocado por encima de las otras grandes potencias en el último siglo? ¿Contemplaremos en el siglo XXI el desplazamiento de Estados Unidos por nuevas potencias como China y la India o por potencias que ya han desempeñado ese papel anteriormente, como Europa y Rusia?

Estas preguntas aparecen recurrentemente en el debate político estadounidense. En la coyuntura más reciente, los serios problemas y limitaciones que enfrentó la política exterior del presidente Bush hijo –con las intervenciones militares en Irak y Afganistán, que se extendieron por más de seis años– y la profunda crisis financiera, que desde Estados Unidos se ha extendido al resto del mundo, han producido una serie de libros que plantean la cuestión de la posible decadencia de Estados Unidos.

Las respuestas y argumentos que el lector encuentra en estos trabajos son muy variados. En ocasiones se complementan y con frecuencia también se contradicen. En este ensayo bibliográfico se comentan cinco de estos libros, seleccionados tanto por el peso de sus argumentos, como por la difusión que han logrado entre el público lector de Estados Unidos.

Esta ideología, que determina márgenes muy estrechos para el debate en Washington, no es algo nuevo. El autor nos dice que los orígenes de esta complicada situación actual se remontan a la presidencia de Truman durante la segunda posguerra. De ahí en adelante, y siempre con el manejo hábil de la amenaza externa, los distintos gobernantes fueron alterando la esencia del sistema político, creando la “presidencia imperial” y trastocando el equilibrio entre los tres poderes de la Unión y el sistema de pesos y contrapesos diseñado por los padres fundadores de la república americana.

Si se toma la historia como punto de referencia, Donald Trump debería ser el candidato favorito para ganar las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos.
El mandatario estadounidense, que este lunes fue nominado oficialmente para la reelección durante la Convención Nacional del Partido Republicano, aparece de forma consistente en las encuestas por detrás del aspirante presidencial del Partido Demócrata, Joe Biden. La tendencia histórica en Estados Unidos indica que un mandatario que busca la reelección suele ser favorito.

De hecho, hasta ahora, solamente 10 presidentes (de un total de 45) han fracasado en este empeño, de los cuales únicamente cuatro han gobernado en el último siglo.
Esta elección decidirá si salvamos el ’sueño americano’ o si permitimos que una agenda socialista demuela nuestro querido destino”, dijo Trump al aceptar la nominación republicana para un segundo mandato presidencial en la noche del jueves.

“En un nuevo mandato como presidente, volveremos a construir la mayor economía de la historia, volviendo rápidamente al pleno empleo, aumentando los ingresos y registrando prosperidad”, sostuvo Trump desde la Casa Blanca.

Además, lanzó un duro ataque sobre el candidato presidencial demócrata, el exvicepresidente Joe Biden, a quien presentó como alguien que ha dañado el país “en los últimos 47 años” y está rodeado de radicales.
“Joe Biden no es el salvador del alma de EE.UU., es el destructor de los trabajos de EE.UU. y, si se le da la oportunidad, será el destructor de la grandeza estadounidense”, advirtió.

El sistema del capitalismo para controlar los mercados y la pandemia

El coronavirus está poniendo a prueba nuestro sistema. Al parecer Asia tiene mejor controlada la pandemia que Europa. En Hong Kong, Taiwán y Singapur hay muy pocos infectados. En Taiwán se registran 108 casos y en Hong Kong 193. En Alemania, por el contrario, tras un período de tiempo mucho más breve hay ya 15.320 casos confirmados, y en España 19.980 (datos del 20 de marzo). También Corea del Sur ha superado ya la peor fase, lo mismo que Japón. Incluso China, el país de origen de la pandemia, la tiene ya bastante controlada.

Pero ni en Taiwán ni en Corea se ha decretado la prohibición de salir de casa ni se han cerrado las tiendas y los restaurantes. Entre tanto ha comenzado un éxodo de asiáticos que salen de Europa. Chinos y coreanos quieren regresar a sus países, porque ahí se sienten más seguros. Los precios de los vuelos se han multiplicado. Ya apenas se pueden conseguir billetes de vuelo para China o Corea.
Europa está fracasando. Las cifras de infectados aumentan exponencialmente. Parece que Europa no puede controlar la pandemia. En Italia mueren a diario cientos de personas. Quitan los respiradores a los pacientes ancianos para ayudar a los jóvenes.

Pero también cabe observar sobreactuaciones inútiles. Los cierres de fronteras son evidentemente una expresión desesperada de soberanía. Nos sentimos de vuelta en la época de la soberanía. El soberano es quien decide sobre el estado de excepción. Es soberano quien cierra fronteras. Pero eso es una huera exhibición de soberanía que no sirve de nada. Serviría de mucha más ayuda cooperar intensamente dentro de la Eurozona que cerrar fronteras a lo loco. Entre tanto también Europa ha decretado la prohibición de entrada a extranjeros: un acto totalmente absurdo en vista del hecho de que Europa es precisamente adonde nadie quiere venir. Como mucho, sería más sensato decretar la prohibición de salidas de europeos, para proteger al mundo de Europa. Después de todo, Europa es en estos momentos el epicentro de la pandemia.

Las ventajas de Asia

En comparación con Europa, ¿qué ventajas ofrece el sistema de Asia que resulten eficientes para combatir la pandemia? Estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado. Y no solo en China, sino también en Corea o en Japón la vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente que en Europa. Sobre todo, para enfrentarse al virus los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital.

Sospechan que en el big data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la pandemia. Se podría decir que en Asia las epidemias no las combaten solo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos. Un cambio de paradigma del que Europa todavía no se ha enterado. Los apologetas de la vigilancia digital proclamarían que el big data salva vidas humanas.
Pues bien, en medio de esta sociedad tan debilitada inmunológicamente a causa del capitalismo global irrumpe de pronto el virus. Llenos de pánico, volvemos a erigir umbrales inmunológicos y a cerrar fronteras. El enemigo ha vuelto. Ya no guerreamos contra nosotros mismos, sino contra el enemigo invisible que viene de fuera. El pánico desmedido en vista del virus es una reacción inmunitaria social, e incluso global, al nuevo enemigo. La reacción inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror permanente.

Pero hay otro motivo para el tremendo pánico. De nuevo tiene que ver con la digitalización. La digitalización elimina la realidad. La realidad se experimenta gracias a la resistencia que ofrece, y que también puede resultar dolorosa. La digitalización, toda la cultura del “me gusta”, suprime la negatividad de la resistencia. Y en la época posfáctica de las fake news y los deepfakes surge una apatía hacia la realidad. Así pues, aquí es un virus real, y no un virus de ordenador, el que causa una conmoción. La realidad, la resistencia, vuelve a hacerse notar en forma de un virus enemigo. La violenta y exagerada reacción de pánico al virus se explica en función de esta conmoción por la realidad.

(*) Periodista, Historiador y Analista Internacional
diegojolivera@gmail.com

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