Chile

Las FFAA son herederas del Pinochetismo y un peligro para la democracia

Nuevamente reaparece una verdad irrefutable, el pinochetismo, su doctrina y sus emblemas continúan vigentes en las FFAA y son utilizados, como guías orientadores, para la formación de los oficiales y suboficiales de estas instituciones. Utilizan el negacionismo, el rechazo a aceptar o negar hechos históricos graves, eludiendo el papel degradante que jugaron las FFAA en dictadura, periodo durante el cual fueron el brazo armado del terrorismo de estado y los principales hechores de crímenes de lesa humanidad.

Las recientes declaraciones del ejercito ejército, apelando a un dictamen de la Corte de Apelaciones de Santiago, en el cual se ordena retirar las placas e imágenes que en el ejercito aún mantienen de Manuel Contreras, creador de la DINA (la Gestapo chilena) y, responsable de miles asesinatos y torturas cometidos en contra de chilenos y chilenas, así lo reafirman. Opinión que en nada altera la posición del ejercito, mantenida durante 45 años, explicando su participación en el golpe de estado de 1973, justificando una y otra vez que los crímenes cometidos por ex militares, como Contreras o quienes están presos en Punta Peuco, no son tales sino que, fueron acciones en un contexto “de guerra contra el marxismo internacional”, con las cuales “nos salvaron de caer en el comunismo“. (ver: Ejército defiende al Mamo)

Con esta posición negacionista, el ejercito no asume sus responsabilidades en todo el proceso de conspiración del cual éste formó parte, para evitar, primero, que Allende asumiera la presidencia de la republica, a pesar de que fue elegido democráticamente y segundo, fracasados todos los intentos golpistas, derrocarlo a través del golpe civil militar de 1973. Contexto en el cual, oficiales del ejercito coludidos con la derecha, Patria y Libertad, asesinaron a su Comandante en jefe, el General Rene Schneider el 19 de octubre de 1970, traicionando a su propia institución y financiados por el gobierno de Estados Unidos de la época.

Este hecho prácticamente ha sido borrado del historial institucional, como también el asesinato del edecán naval, de la presidencia de la Republica, en Julio de 1973, también a manos de la derecha Patria y Libertad, de la misma manera que han quitado de la historia, del ejercito, el ejemplo de militares patriotas como el general Schneider, Alberto Bachelet, el Coronel Canturias y decenas de oficiales y suboficiales que se negaron a participar en el golpe de estado. Manteniendo en cambio los registros de quienes según sus criterios, seleccionados por la historia oficial, merecen la calidad de héroes y son ejemplos para la formación valórica de los futuros oficiales y suboficiales.

En este sentido, el comunicado del ejercito es una provocación a la democracia y deja en claro, cuales son los valores y principios morales que rigen la conducta de los oficiales de nuestras instituciones armadas, defendiendo con argumentos someros, la presencia de criminales en la historia y en la formación doctrinaria de los miembros del ejercito. La institución castrense defiende y justifica mantener en la institución la figura de Manuel Contreras, uno de los principales asesinos de la dictadura militar, aludiendo a ejemplos de otros personajes, quienes completan la galería de militares, cuyos actos y medallas de honor fueron ganadas en masacres en contra de la población civil. En todo caso a lo que hace referencia el ejercito es a la historia oficial de Chile, en la cual algunos de los héroes que reconocen sus efectivos, como referentes históricos, no son generales, oficiales y soldados que han dado su vida en defensa de la patria, mas bien son protagonistas de crueles hechos de violencia militar en contra del pueblo chileno.

La lista de estos ejemplos es larga, entre ellos está el general de división Roberto Silva Renard, quien en diciembre de 1907 masacró a 3.000 obreros del salitre, junto a mujeres y niños, en la Escuela de Santa María de Iquique. El general director de Carabineros, Humberto Arriagada Valdivieso, autor de la Matanza del Seguro Obrero ocurrida el 5 de septiembre de 1938, cuyo nombre lleva en la actualidad el Hospital Institucional.

La ocupación (“Pacificación”) de la Araucanía (1861 – 1883), en campañas militares al mando del general Cornelio Saavedra. La arremetida el ejercito contra obreros portuarios de Valparaíso, en mayo de 1903, como respuesta a la quema del periódico “El Mercurio” de la familia Edwards, mas de 30 muertos y 600 heridos. Los asesinatos de obreros en las oficinas salitreras de Antofagasta, en San Gregorio, Marusia y La Coruña en el año 1925, la masacre de Ranquil en 1934, en la que murieron entre 100 y 200 campesinos, trabajadores y mapuches. (Ver: Masacre de Ranquil)

Concluyendo con los datos mas recientes, con la participación del ejercito y carabineros como actores principales del golpe de estado de 1973 y de la dictadura cívico militar, responsables de la utilización de tácticas criminales que terminaron con la represión, la tortura, crímenes de lesa humanidad y con el exterminio de miles de chilenos y de chilenas.

A pesar de esta realidad, durante los 30 años de gobiernos democráticos, que administraron el modelo económico y de sociedad que la dictadura cívico militar impuso a balazos en 1973, estos mantuvieron a las FFAA y Carabineros al margen de la democratización del país y al margen del proceso de reformas y cambios políticos. Los militares continuaron funcionando como un estado en otro estado, con un nivel de autonomía y descontrol que genero la corrupción en la que sus mandos institucionales hundieron a sus instituciones, lo que abarca hoy, al ejercito, la aviación, la marina y carabineros.

Por esta razón los militares y carabineros chilenos, mas allá de acciones y protocolos formales, no son, ni se sienten parte de los esfuerzos institucionales y políticos, que llevan implícitos la extensión de las ideas democráticas a los diferentes ámbitos de la sociedad nacional, cuyo eje fundamental son los derechos de las personas. El negacionismo del ejercito en la defensa de Manuel Contreras así lo demuestra, en vez de repudiar a un asesino, éste, el ejército, lo ubica como uno de sus referentes institucionales, mofándose de las miles de victimas de crímenes de lesa humanidad cometidos por militares, burlándose del dolor de sus familiares, quienes después de 47 años buscan la verdad de lo que el ejercito hizo con sus seres queridos.

A la luz de estos argumentos, mientras la sociedad chilena tenga unas Fuerzas Armadas y policiales, que ven en los ciudadanos sus enemigos, la democracia será débil, mas aun con gobernantes irresponsables que para mantenerse en el poder, para defender sus intereses y de los que les apoyan, no trepidan utilizar a los militares y a carabineros para enfrentar y resolver las crisis sociales, llamando a una guerra, en contra de enemigos inventados, para justificar la represión y crímenes que hipócritamente son calificados de “excesos”.

La cultura militar está constituida por los fundamentos filosóficos, éticos, morales, sociales y vocacionales específicos de la profesión, por lo tanto, constituyen un cuerpo de tradiciones y legados históricos que se fortalecen por el pasado y se proyectan hacia el futuro, a través de las personas que pertenecen a la institución militar. La pregunta es, que valores pueden proyectar ejemplos como el de Pinochet, Manuel Contreras, Merino, Leigh y todos aquellos personajes históricos cuya relevancia esta ligada a hechos delictuales y asesinatos de miles de compatriotas.

Es cierto en todo caso que esta lectura sesgada de la historia no la tienen solo las FFAA y carabineros, es la historia oficial que nos han enseñado, la que se presenta como una progresión lineal, reflejando una ideología del progreso, que oculta los crímenes y la corrupción de los líderes civiles y militares, de los empresarios y otros miembros de la clase dominante, así como las contribuciones e historias del pueblo en la construcción de la república.

Además, se omite la discusión de la historia reciente, que es fundamental para el entendimiento del presente, la que nos permite una opinión sobre las permanentes virtudes militares que los gobiernos resaltan, para asegurar a los ciudadanos y ciudadanas que podemos dormir tranquilos porque contamos con instituciones armadas y policiales, así como, con jefes militares, intachables. Declaraciones que hoy no se apegan a la realidad frente a la comprobación que hacemos, los ciudadanos, día a día del comportamiento de las FFAA y de carabineros, una conducta que se asemeja a un conglomerado de profesionales de las armas, penetrados por la corrupción, que han actuado como si fueran un ejército privado, respaldados por los gobiernos de turno, actuando como si los recursos que el país les entrega son propios y no sujetos ni a control ni a límites de ética y valor social.

Por ello entonces y mientras no se haga una profunda reforma en las FFAA y Carabineros, que signifique un cambio en su doctrina, en la forma como se relacionan y subordinan al poder civil, en los programas de formación de sus oficiales y suboficiales, dado que tal como están hoy son herederas directas del Pinochetismo, son una amenaza para la sociedad chilena y para la propia democracia.

Bastaron 20 días o menos para que, en un contexto de crisis social, las FFAA y particularmente carabineros, que es una policía militarizada, apareciera en las calles de Chile agrediendo cobardemente a jóvenes, a la población civil, con la anuencia ciega de un gobierno en crisis, observando como testigos, la impudicia de tales transgresiones, retrotrayéndonos al pasado dictatorial en el cual militares corruptos asesinaron, torturaron en completa impunidad.