Chile

Los 41 años del triunfo sandinista, un logro latinoamericano

El 19 de julio de 1979 es una fecha histórica que merece y necesita ser recordada por varias razones, la primera, por el enorme respeto al pueblo de Nicaragua, a su historia, al tremendo esfuerzo que significó derrotar política y militarmente a una dictadura criminal, que se intentaba consolidar como la principal cabeza de playa de la invasión norteamericana en Centro América.

La segunda razón es, porque la revolución Sandinista fue un triunfo alentador y un mensaje de optimismo para la izquierda latinoamericana, que en esos años estaba cruzada por la derrota y el pesimismo, luchando por recomponer sus fuerzas y sobreponerse a la represión que día a día asesinaba a valiosos compañeros y compañeras en todo el continente.

En esos momentos el FSLN y la revolución sandinista entregó un mensaje de optimismo, que despertó el cariño y la admiración de millones de personas en distintas partes del mundo. Un mensaje que continúa siendo valido, indicándonos a todos y todas, qué si era y es posible organizarse, unirse, para luchar y vencer a un enemigo, por poderoso que este fuera, en condiciones siempre adversas.

Es importante señalar que la derrota de Somoza fue también una dura pérdida para la política militarista norteamericana, autor y gestor de todas la dictaduras que impuso en Centro y Sudamérica, por lo que nunca dejo de presionar al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), haciendo todo lo posible para “no permitir una nueva Cuba en Centroamérica”. En 1981 Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos, organizó una operación de tráfico ilegal de drogas y armas para financiar operaciones contrarrevolucionarias, que consistieron en la preparación de miles de mercenarios para invadir Nicaragua y terminar con la joven revolución.

Es en ese contexto que los Sandinistas se vieron obligados a reconstruir el país y una nueva sociedad, sus instituciones, sobre la marcha, respondiendo entre 1981 y 1990 a una agresión militar en escalada e implacable, desgastando su economía y obligando a destinar sus escasos recursos a la guerra, para defenderse. Esa guerra impuesta por Estados Unidos le costó a Nicaragua 17 mil millones de dólares, 60 mil víctimas, muertos, desaparecidos y mutilados.

Reconstruir el país en esas condiciones era partir desde las ruinas, con una economía estancada, empobrecida y con una deuda externa por sobre $1.6 mil millones de dólares, significaba también superar una pobreza extrema y extendida, terminar con un nivel de analfabetismo que sobrepasaba el 50 % de la población, la que en esos años no llegaba a los 4 millones de habitantes.

Los logros de la revolución sandinista no son pocos, a pesar de las adversidades ya reseñadas, como la Reforma agraria, la creación de organizaciones que representaban a los grupos de interés populares en Nicaragua, la Federación de los Obreros Sandinistas, Central Sandinista de Trabajadores (CST), la Asociación de Mujeres Nicaragüenses Luisa Amanda Espinoza (AMNLAE), pero entre todo eso, un impacto especial fue el que produjo la Cruzada Nacional de Alfabetización, unida con el otro gran proyecto del Gobierno de Reconstrucción Nacional para el año 1980, el Plan de Reactivación Económica.

A pesar de la presión militar y económica norteamericana para hacer fracasar todos estos procesos, el primer logro fue erradicar el analfabetismo, cumpliendo el sueño de Carlos Fonseca[1] quien repetía a sus compañeros en la montaña cuando se preparaba a los campesinos para el combate, «Y TAMBIEN ENSEÑENLES A LEER».

En 1979 se fundó también el Ejercito Popular Sandinista ( EPS ), una Policía y las tropas Guarda Fronteras, las que participaron como actores en la construcción de una nueva Nicaragua y en la defensa de la revolución conquistada. La construcción de ese ejercito profesional, se hizo asumiendo el papel del hombre y la mujer en las Fuerzas Armadas, así como, el carácter y la naturaleza de clase que tiene todo ejercito y en todas partes del mundo.

Pero en este caso, unas Fuerzas Armadas cuya oficialidad y tropa provenía y representaba al pueblo trabajador, al campesino y a la sociedad nicaragüense, estableciéndose así la diferencia fundamental entre la ciencia militar popular, la ciencia militar creada para defender la revolución popular y la ciencia militar que fundamenta el rol de las Fuerzas Armadas represoras de su propio pueblo, como servidores guardianes de los intereses de clase de los poderosos.

Al igual que el ejercito de Sandino que expulsó a los invasores de su tierra este nuevo ejercito tiene el mérito de haber derrotado a la Contra Nicaragüense y haber impedido la invasión norteamericana a su territorio. Focalizado en la experiencia de la FAS DAA, que me tocó vivir, junto a otros chilenos y latinoamericanos, destaco, en homenaje, a cientos de jóvenes pilotos, técnicos, personal de tierra, la valentía en las misiones cumplidas y sobre todo al inicio entre 1980 y 1983, muchas veces con material y aviones “reacondicionados”.

Ellos y ellas cumplieron misiones de apoyo de fuego aéreo, de transporte, de búsqueda y rescate, apoyando a las pequeñas unidades del EPS que empezaban a contener la invasión norteamericana a través de las bandas somocistas en los sectores de Wina, Jinotega, Ocotal y otras misiones de apoyo aéreo con tres Push Pull, en la zona de Santa María, Ococona, Nueva Segovia en el rio Zapotal.

De la misma manera y con la misma voluntad y arrojo se trasladaban en los viejos helicópteros Sykorsky y en aviones C-47 y en los Cessna 172, 185, a centenares de jóvenes, hombres y mujeres, nicaragüenses, de Cuba, de Uruguay, quienes se instalaban en los campos de Nicaragua para enseñar a leer y escribir o para llevar atención medica a la población campesina. Todas estas proezas, civiles y militares, dejaron escrito un mensaje que es aún imperecedero, que cuando el pueblo se organiza, se convence de que la lucha es justa y ve en sus dirigentes, hombres y mujeres comprometidas y comprometidos con ellos, con su futuro y felicidad, es allí cuando el triunfo revolucionario es posible.

Todo esto y mucho mas encierra el recuerdo del 41 aniversario de la Revolución Sandinista, oportunidad para rendir un homenaje a los nicaragüenses, a los chilenos e internacionalistas de otras nacionalidades, quienes dejaron sus vidas junto a Sandino y Fonseca. En particular a los que posteriormente fueron asesinados, intentando dar continuidad a las nobles ideas de cambio social y revolucionario en Chile, combatiendo a la dictadura como miembros y dirigentes del FPMR; Raúl Pellegrin, Moisés Marilao, Iván Figueroa entre otros.