No queremos regresar a la situación normal

El título es parte de una consigna de jóvenes europeos, que no quieren volver a la normalidad después de la pandemia. Es decir a la normalidad de la esclavitud, de la explotación, del saqueo, de la corrupción, de la contaminación mundial, de la destrucción de la naturaleza, del sacrificio de animales para el egoísmo humano.

Me adhiero a esa consigna, porque también por aquí no tenemos que volver a la normalidad de un Estado ridículo y cualquier cosa, de unos gobernantes que son cualquier cosa y no de los mejores de este país, del gobierno de un puñado de oligarcas que creen que el país es su hacienda del siglo XVI. En definitiva, no deberíamos aceptar regresar a la normalidad insultante.

Tenemos por derecho humano, por dignidad, que pedir cambios a la situación normal de un estado de cosas que son un desastre. Y contentarnos como siempre con este estado de cosas, debería ser insultante para cualquier boliviano. La modernidad y sus ideologías han destruido Bolivia. Porque sus portavoces son un fracaso en sí mismos, sus características son por demás conocidas desde la colonia; pero tienen, cierto, el poder de la brutalidad para mantenerse en todos los gobiernos.

En los últimos años sólo hemos asistido al circo romano de la política tradicional, donde unos que se decían de izquierda han jugado a parchar la realidad desde sus negocios turbios, para seguir dejándonos con las estructuras socio-económicas sin cambios, sólo parchados por la inmensa cantidad de dinero que se recibió de las materias primas. Fortaleciendo a los mismos de siempre, como al ejército y sus empresarios agroindustriales extranjeros. Monedas conocidas de las estructuras del poder colonial y republicano. Con los otros que se dicen de derecha, sin contenidos liberales algunos, fracasados como sus hermanos gemelos de la izquierda. Buscando venganza como si de eso se tratara el gobernar, el gestionar y buscar el bien común.

Hemos visto poco; pero demasiado en estos meses, de la misma tragedia. Un ministro de minería saliente de apellido Huallpa, ignorante cooperativista sin idea alguna de gestión de Estado, impuesto como parte de la torta del escuálido politiquero Pumari. Y otros con esas mismas características, repitiendo las lógicas del anterior gobierno. Así, pues tenemos garantizado las mismas tragedias y desastres bolivianos: repitiendo la historia como traumas incurables y sangrientos.

No podemos seguir en las mismas directrices de la historia tradicional. Saltar y vencer a este tablero de ajedrez tradicional es crucial para cambiar las reglas de juego de esta historia. Ya no debemos permitirnos seguir en la normalidad de las tragedias bolivianas, como si sólo eso nos mereciéramos. Merecemos lo mejor, lo más digno y lo más ético posible. La política y la historia tradicional, están destruyendo a Bolivia. Permitirlo sería rendirnos definitivamente ante lo peor de este país, ante las maléficas fuerzas de la ignorancia, de la perversidad y el egoísmo mundano.

Es necesario saltarnos al vacío, dejar este tablero de ajedrez inhumano, donde sus reglas de juego sólo corroen y ensucian lo más sagrado del país: su gente, su humanidad y su talento. Los fracasados del anterior gobierno, como los actuales vejestorios también fracasados, son la continuidad de la colonización salvaje y antinacional, que sólo discursean como si se tratara de un circo romano nuestro país.

Por tanto, no podemos regresar a la normalidad de la misma tragedia. Tenemos que tener la fuerza espiritual de realmente cambiar esta tragedia. No podemos regresar a la normalidad, porque es inutilidad en todo el sentido de la palabra: inutilidad para resolver nuestros problemas estructurales, filosóficos, existenciales e históricos. No podemos regresar a la vieja política de los fracasados de siempre. Nuestros pueblos milenarios no se merecen esas continuidades insultantes.

El mundo hace un enorme esfuerzo en cambiar el devenir de la historia mundial. No podemos estar al margen de esos enormes esfuerzos. Desde Bolivia tomemos parte para por fin mundializar, holísticamente, los nuevos derroteros de las nuevas historias a construir. Sumemos esfuerzos para cuidar nuestras selvas, nuestras montañas, nuestros ríos, nuestras riquezas y faunas animales. La ecología tiene este momento trascendental para saltar a las propuestas políticas, porque será tarde después. Existe capacidad en las nuevas generaciones; pero no hay todavía actitud política. Es hora y es tiempo.

No tenemos, no debemos regresar a la normalidad del capitalismo salvaje, inhumano, hipócrita y cristianoide vaticanista. Ni siquiera cristiano. No podemos volver a la normalidad de la explotación y expoliación inhumana. A la degradación machista y patriarcal. No podemos regresar a la normalidad de la destrucción de la naturaleza, al extractivismo como modelo económico. No podemos volver a la normalidad de la ausencia de institucionalidad, a la ausencia de Estado.

Desde todos los frentes de la colectividad boliviana, pongamos a disposición las ideas y las nuevas prácticas políticas, culturales y holísticas. Ideas que también se nutren de nuestras culturas ancestrales, porque son genuinas y propias. Porque sería un insulto volver a la normalidad del desastre político, económico e ideológico.

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