Chile. Pueblos en lucha

Nuestra opción es una: Asamblea Constituyente Soberana

En los últimos días se ha seguido configurando una correlación de fuerzas favorables a un nuevo pacto neoliberal para salvar la política de la burguesía en el gobierno de ganar tiempo y de paso oxigenar a la oposición moderada liderada por las castas enquistadas en el parlamento. Un sector de la Mesa de Unidad Social ha ido profundizando su empatía con este desarrollo de los acontecimientos.

Dio un paso más en esa dirección al convocar a todos los partidos opositores con representación parlamentaria incluyendo a Evopoli del gobierno (¡!). Han liderado esta opción el Movimiento No Más AFP, el Colegio de Profesores y la CUT. No obstante el hecho de que se haya publicitado la existencia de al menos cinco reuniones con el gobierno generó un cuadro en su interior: se retiró el movimiento feminista 8M y se desataron las críticas sobre el llamado bloque sindical al interior de la Mesa de Unidad. Esto tuvo como consecuencia una retirada de la táctica de negociación con el gobierno y un cambio de postura del bloque sindical el cual llamó a apoyar las movilizaciones de los viernes, a trabajar tras una Huelga general en marzo y a convocar a Asambleas constituyentes soberanas territoriales. No obstante en días recientes la CUT –parte del bloque sindical de la Mesa de Unidad Social- retomó los contactos con los partidos de la ex Nueva Mayoría, incluida la DC, con vistas a crear un comando por el Apruebo para el plebiscito del 26 de abril, debilitando en los hechos las políticas de construir una fuerza propia y autónoma en pos de una Asamblea Constituyente soberana. En la práctica el Partido Comunista, fuerza hegemónica en la CUT, intenta romper su aislamiento político instrumentalizando a un sector de los trabajadores.

Los anuncios de Piñera sobre una nueva reforma al sistema de pensiones es una iniciativa que se ubica en fortalecer el ámbito de negociación entre su gobierno, sus parlamentarios con la oposición parlamentaria moderada. Su eje es ceder en algunas propuestas (en particular de la DC) con cargo al erario nacional a cambio de consolidar el negocio de las AFPs. El resultado de esta negociación marcará la pauta de los niveles de acuerdos para estabilizar la situación política y salvar la crisis o al menos postergarla. No obstante el nivel de la crisis política cruzó a la derecha en el gobierno y en su interior han ido ganando fuerza los sectores duros que buscan aumentar su nivel de negociación no solo ganando el gallito del rechazo a una Nueva Constitución sino además cuestionando la existencia de condiciones para la realización del plebiscito en abril. El apoyo con críticas menores de la oposición moderada a las leyes anti encapuchados es la moneda de cambio para destrabar el cuestionamiento al plebiscito de abril. La oposición moderada está arrinconada dado que no tiene la capacidad de incidir en las movilizaciones para utilizarla como herramienta de presión como sí ocurrió en la crisis del 80. Por el contrario, se debe sumar a la campaña anti violencia levantada por el gobierno y la derecha.

La oposición moderada ha encontrado en el plebiscito su fórmula de triunfo, pero con la condición de que la oposición radical cese sus movilizaciones y la autodefensa. Para mejorar su capacidad de negociación y salir del fondo a la que la ha llevado la corrupción y descrédito necesita un proceso tranquilo y demostrarle a la gran burguesía que ellos son instrumento de estabilidad, gobernabilidad y defensa del modelo tal cual lo hicieron en los inicios de la llamada transición. O sea que ellos pueden ser el recambio ante una derecha desacreditada.

Por el contrario la oposición radical requiere necesariamente que el proceso constitucional -en todo su desarrollo- esté signado por la crisis y la inestabilidad. Y esto por cuanto, tal como está la actual correlación de fuerzas, un proceso ordenado no solo requiere el acuerdo de la clases dominantes sino además que la oposición radical comulgue con sus ruedas de carreta. La oposición radical por tanto no solo debe mantener los actuales niveles de movilización y radicalidad sino desarrollar la capacidad de cuestionar cualquier proceso que signifique que el resultado del llamado proceso constitucional lleve a elaborar una nueva constitución remedo de la actual. Y en este proceso, la oposición radical debiera ser capaz de participar tanto en el plebiscito del mes de abril como en el resto haciendo claridad en el seno de los más amplios sectores sobre los acuerdos de las clases dominantes para mantener la esencia de la constitución pinochetista. Este proceso por su radicalidad y movilización es indispensable para demostrar la diferencia con la oposición moderada, aun cuando coincidamos (incluso con sectores de derecha) en torno a la necesidad de una Nueva Constitución. En otras palabras nuestra opción de Asamblea Constituyente soberana debe ser el eje estratégico que haga la diferencia, sobre el cual podamos mantener y desarrollar la fuerza de las asambleas territoriales a nivel nacional.

La situación de crisis económica que se prevé para este año: el aumento de los despidos, la debilidad en el consumo y la disminución de la producción (incluso sin caer en una recesión) serán factores que ayudaran a la radicalidad de las movilizaciones. No obstante las medidas aunque sean de parche en términos de gastos estatales está demostrando que el modelo neoliberal aun es fuerte al contrario de lo que muchos piensan, que tiene el respaldo del capital financiero internacional y de los inversionistas extranjeros y, sobre todo que tiene capacidad de financiar los resultados de las negociaciones políticas.

ASAMBLEA CONSTITUYENTE SOBERANA

NO A LA CONSTITUCION PINOCHET-LAGOS

Santiago febrero de 2020.

PARTIDO CONSTITUYENTE DE CHILE