¿Por qué algunos intelectuales indigenistas y feministas negaron el Golpe de Estado en Bolivia?

¿Qué les motivó a estos indigenistas y feministas a negar lo que el mundo, ahora, constata como Golpe de Estado? ¿Acaso desconocían el concepto básico de lo que es un Golpe de Estado? ¿Por qué asumieron el discurso del fraude electoral, falacia que ni la propia OEA es capaz de demostrar técnicamente?
Parte de la estrategia del Golpe del Estado en Bolivia fue mostrar al país y al mundo que la renuncia forzada de Evo Morales era un acto democrático de “sucesión constitucional”. Para ello se pactó previamente con los medios corporativos de información, se cerraron los medios estatales y/o comunitarios, para luego reabrirlos ya ocupados. Expulsar a los medios extranjeros… Y aplicar la “jaula mediática” a los bolivianos.

Pero, desde la solidaridad y comunicación internacional se logró posicionar lo ocurrido en Bolivia como Golpe de Estado. Incluso Bernie Sanders, ex candidato presidencial norteamericano, concluye que en Bolivia hubo Golpe de Estado.

Sorprendentemente, en esa constatación narrativa sobre lo sucedido en Bolivia, intelectuales indigenistas y feministas como Silvia Rivera, Raquel Gutiérrez, Eduardo Gudynas, Raúl Zibechi, Risa Segato…o activistas como Pablo Solón, y otros, coincidieron en afirmar que “Evo Morales cayó por sus propios errores”. “Que lo que había ocurrido fue fraude electoral. No un Golpe de Estado”.

¿Qué les motivó a estos indigenistas y feministas a negar lo que el mundo, ahora, constata como Golpe de Estado? ¿Acaso desconocían el concepto básico de lo que es un Golpe de Estado? ¿Por qué asumieron el discurso del fraude electoral, falacia que ni la propia OEA es capaz de demostrar técnicamente?

¿Cómo se explica esa “adulación” discursiva a los indígenas sometidos, y la repulsa a los indígenas en proceso de emancipación?

Estos y otros intelectuales, opinadores y activistas “progres”, desde hace un tiempo atrás fueron construyendo y difundiendo el correlato de “Evo Morales dictador, corrupto, narcotraficante…”, en diferentes escenarios internacionales y nacionales.

De esta manera, abonaron a la construcción de las condiciones subjetivas golpistas de la clase media tradicional que sería el puntal de lanza del Golpe (junto a los policías y militares). Instalaron la fijación y el odio contra el “indio gobernante”, en sus estudiantes universitarios, colegas, ONG, y en la ciudadanía progre que leía sus críticas destructivas contra el “indio macho y tirano”, según ellos. ¿Por qué?

Individualismo metodológico. Estos intelectuales, por sus categorías de comprensión/explicación de la realidad, redujeron el proceso de cambio boliviano a la persona de Evo Morales. Se fijaron tanto en Morales que asumieron que el proceso de cambio boliviano fue producto de un caudillo “ignorante”. ¿Acaso Morales no fue producto de un proceso social masivo? ¿No fue refrendado en las urnas como gobernante?

Jamás consideraron las posibles consecuencias sociales que ocasionaría “el repudio al indio” que estaban sembrando en contra del “dictador”. Cayó Morales, masacraron a más de 30 indígenas, y se reparten, ahora, el botín estatal.

Revancha intelectual. Ante las permanentes críticas de algunos de estos intelectuales, García Linera, Vicepresidente de Bolivia, lejos de entrar en debate, escribió un libro en el que los descalificó llamándolos “infantiles”, y jamás los tomó en cuenta. Desde entonces las críticas al gobierno de Morales se tornaron en revancha casi visceral. Se mofaban no sólo de la carencia del título académico de Linera, sino hasta de las metáforas performativas dichas por éste.

Mientras Silvia Rivero, Pablo Solón, Raúl Prada…, ocupaban puestos/cobraban del Estado Plurinacional, el gobierno indígena era el arquetipo ideal. Pero, una vez que fueron despedidos de sus puestos laborales se convirtieron de apologetas en detractores del proceso de cambio impulsado por movimientos indígenas y campesinos.

Racismo intelectual. El indigenista o feminista profesional, por lo regular, adula al indígena o la mujer mientras éste o ésta es subalterna. En la medida que el indígena comienza a caminar con sus propios pies y pensar con su propia cabeza, el indigenista se incomoda. Mucho más, si las mujeres o indígenas ya no requieren de sus asesoramientos teóricos para proseguir con sus procesos.

A estos intelectuales sólo les interesa el indígena como objeto de caridad intelectual. En la medida que el indígena o la mujer se constituyen en sujetos con ideas propias, aquellos lo desacreditan amparados en sus títulos.

Postura anti estatista. Por leer y creer en demasía a Jhonn Holloway, estos intelectuales indigenistas/ambientalistas asumieron que el Estado era un aparato obsoleto del pasado. Ellos creen estar ya en la era post estatal.

Su consigna es: el Estado no importa. Importa la comunidad. De allí el idílico sueño del “comunitarismo apolítico”. Por tanto, qué importa si hay o no Golpe de Estado. Mucho menos importa el injerencismo norteamericano. Lo que importa es la armónica estructura comunitaria que imaginan.

Postura a imperialista. Toni Negri dijo que la época de la expansión territorial de los imperios era del pasado porque el poder, ahora, estaba centrado en el conocimiento, ya no en el control territorial como antes. “El conocimiento no tiene territorio. Por tanto, no hay Imperio invadiendo territorios o promoviendo golpes de Estado”. Su fe en esta elucubración mental los lleva a no ver el intervencionismo norteamericano en América Latina.

Ambientalismo fashion. Para estos pensadores, el respeto a la Madre Tierra consiste en no tocar, no extraer, los bienes de la Tierra. Quizás creen que lo que consumen se produce o se extrae del supermercado.

Esa idílica lógica conservacionista les lleva a rasgarse las vestiduras frente a la muerte de los animales en la Amazonía, pero guardar un sepulcral silencio cómplice ante la masacre desalmada de indígenas y campesinos insubordinados en la ciudad de El Alto o Cochabamba.

Quizás porque el ambientalismo cotiza más en el mercado financiero de la cooperación internacional que la idea de la defensa del “indio bueno”.

No hay indio insumiso sin culpa. Estos intelectuales coincidieron en decir que “Evo Morales dejó el poder producto de sus errores”. Morales fue culpable de su defenestración.

Incluso las feministas, lejos de protestar contra el Golpe, repetían el correlato de lo “autoritario, dictatorial, corrupto…” que había sido Evo Morales. “Se lo merecía y fue culpable de su violación por llevar pollerita corta” dirían los machistas refiriéndose a una mujer violada. Algo así dicen algunas feministas del Golpe de Estado en Bolivia.

Lo triste es que progresivamente el mundo se entera que nunca se comprobó técnicamente de la existencia del mentado fraude electoral del 20 de octubre en Bolivia. Lo que sí existe, luego del Golpe de Estado, y las masacres indígenas, es un proceso acelerado de ocupación de las empresas públicas por agentes de empresas privadas golpistas, persecución/criminalización abierta de los dirigentes de los movimientos sociales, reocupación de Bolivia por la Embajada norteamericana e israelí, y hostigamiento/expulsión de toda mano solidaria con los sectores subalterno en el país.