Poesía, (Chile).

Premio para ese niño.

Cote Avello.     04.Ago.2015    Cultura

Yo sé que usted tiene un libro lleno de Bienaventuranzas
que ha leído tantas veces que ya ha olvidado
a los perseguidos por causa de la justicia y a los que lloran.

Sé que para usted yo habré perdido el juicio,
que para cuándo estas insensateces lleguen a sus manos
será tarde para que me ponga en cualquier reclusorio,
aunque su recluida certidumbre se remezca solo un tanto,
antes de volverse más dura-dera.
Y es que quiero premiar a ese niño.

Usted con mucho juicio e indignación
está rogando a los cielos por paz para su vida
(no para la del niño, claro está, sino para usted)
y no es raro, son tantos los que piden eso
paz, paz, paz, el mundo pide paz.
Pero no para ese niño que carga con la muerte.

Como la respuesta celestial tarda una eternidad
ahora pide a los tribunales, legisladores y ministros,
“si ya puede matar no es un niño, que pague como hombre”.
Que los verdaderos niños puedan salir a jugar sin temor
las madres, preparar sus cenas generosas,
y hacerles comer todo, porque otros no tienen que comer.

Mañana su niño, que es sin duda el más lindo del mundo,
será premiado con un futuro, porque ya lo premió la escuela,
le premió el libro entregado con el mayor premio del cariño,
y le premió cada cumpleaños, navidad y día sagrado,
con lindos juguetes, aparatitos novedosos que fabrica,
este otro, que no es niño, porque trabaja desde que tiene memoria.

Y usted le enseñará valores importantes,
que solo se aprenden en el seno del hogar bien constituido.
Cosas como el orgullo, la vanidad y la soberbia,
y él ha sido tan premiado que no podría ponerlo en duda.
Usted no le enseñará la insignificancia que puede la calle
hacer sentir a esto otro, que no alcanza a ser un niño.

Yo sé que usted tiene un libro lleno de Bienaventuranzas
que ha leído tantas veces que ya ha olvidado
a los perseguidos por causa de la justicia y a los que lloran.
Para usted un niño con las manos ensangrentadas
es mucho menos que un niño y mucho más culpable.
Una aberración sin nombre y sin historia, sin derecho a llanto.

Yo que no creo en las narraciones fantásticas de su libro,
me pregunto por ese niño que tiene hambre y sed de amor
y en vez de eso le dimos un coctel de drogas,
que es un extranjero en todas partes y en vez de hogar,
le dimos todas las miserias de las calles del mundo.
¡Ese es el niño! No otro, no otro…

Usted quiere que pague de nuevo, que tenga castigo,
sepa que no le dará nada nuevo, es lo único que conoce a plenitud.
Y es lo único que conocerá hasta esa ignominiosa noche,
en que termine colgado en cualquier viga, o reventado por una bala.
Aunque para usted no sea suficiente y le augure los mil infiernos
a ese niño que no es niño y mata como hombre.

Y porque ha sido castigado con la necesidad,
de cargar todo el infierno en sus tiernas sienes,
y porque sus ojos son el precipicio abismal hacia el horror,
yo cambiaría todas las sonrisas de los niños verdaderos,
por verle una sola vez premiado,
con eso que yo llamo dignidad y usted llamaría cielo.
Fuente: Cote Avelo.