Rusia echará a la USAID por injerencia

Rusia comunicó a Estados Unidos que cerrará en Moscú las dependencias de su Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID).

Se trata simplemente de la necesidad del respeto a las leyes, esas que la citada institución norteamericana se propone violentar cada día.

De la USAID se conoce su modus operandi, muy especialmente en América Latina donde ha financiado y promovido a grupúsculos contrarrevolucionarios, a través de llamadas ONGs, para desestabilizar gobiernos no afines a Washington. Cuba es uno de los países más atacados a través de la susodicha agencia.

La diplomacia rusa fue clara al atribuir la decisión de echarla del país por su “injerencia en procesos políticos internos”.

Tras el anzuelo de brindar asistencia al desarrollo de la cooperación humanitaria, la USAID ha usado contra el gobierno de Moscú las mismas armas que durante décadas han sido sus predilectas en Latinoamérica.

La nota oficial de la Cancillería rusa menciona entre otros, “los intentos de influir mediante el reparto de becas en las instituciones de la sociedad civil y en los procesos políticos, incluidas las elecciones de distintos niveles”.

Por su parte, el Departamento de Estado en Washington lejos de excusarse dijo que Estados Unidos “se siente muy orgulloso de lo que la USAID ha logrado en Rusia en las dos últimas décadas”, y advirtió con arrogancia y prepotencia que “seguirá comprometido con el apoyo a la democracia, los derechos humanos y el fomento de una sociedad civil más vigorosa en ese país”.

La propia administración estadounidense dijo que ha gastado, a través de la USAID, más de 2 700 millones de dólares en Rusia en los últimos 20 años, una gran parte de ellos para “desarrollar una democracia”, al estilo occidental, por supuesto.

SOLO ALGUNOS EJEMPLOS

Fue en noviembre de 1961 cuando el mandatario norteamericano John F. Kennedy creó la USAID con el fin —sentenció— de dar apoyo político, económico y social a países “problemáticos”.

Desde su mismo nacimiento ha trabajado junto a la CIA y el Departamento de Estado bajo el paraguas del Pentágono.

Brasil y Uruguay fueron de los primeros países latinoamericanos víctimas de esa política en el año 1960, cuando fue descubierto que sus agentes entrenaban a la policía y la contrainteligencia para “aumentar la eficiencia en los interrogatorios con ayuda de torturas contra las fuerzas de izquierda”.

Más recientemente, entre los años 2003 y 2004, la CIA bajo el techo de la USAID financió y coordinó los preparativos para derrocar al presidente de Haití Jean-Bertrand Aristide. Aquella bochornosa acción produjo una intervención militar norteamericana, la detención del Presidente por los soldados yankis y su envío al destierro a la República Centroafricana.

Honduras en el 2009 también fue objeto de la acción de la USAID en la preparación y ejecución del golpe de Estado contra el presidente electo Manuel Zelaya, a quien, usando el mismo método de Haití, obligaron a viajar fuera del país, en este caso a Costa Rica.

En Venezuela esta dependencia estadounidense ha empleado más de 70 millones de dólares en financiar grupos opositores al presidente Hugo Chávez, algo similar a la trayectoria de la USAID en Bolivia donde la CIA la ha usado como fachada en su reiterada intención de desestabilizar al gobierno de Evo Morales.

Otros muchos ejemplos pueden ponerse en este abultado dossier de tenebrosas misiones realizadas por la USAID en países latinoamericanos. La organización ha extendido sus tentáculos y ha utilizado cifras millonarias de dólares con iguales propósitos desestabilizadores en otros continentes y su último fiasco es Rusia, cuyo gobierno la acaba de expulsar por su labor injerencista en la política interna.

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