¿Será negro Dios?

Pedro Pierre    24.Jun.2020    Opinión

Las manifestaciones de los negros de Estados Unidos por el asesinado de uno de ellos en manos de la policía revelan el verdadero rostro del país: todavía existen mucho racismo y mucha esclavitud en los Estados Unidos.

Estas manifestaciones nacionales han levantado mucha solidaridad por todo el mundo. Estos acontecimientos son una buena oportunidad para analizar nuestro racismo en Ecuador con relación a los negros y los indígenas: globalmente es bastante enraizado.

Lastimosamente el hombre blanco ha pasado a ser la referencia en nuestras familias: el recién nacido es ‘bien blanquito: ¡qué precioso!’, las modelos tienen que ser blancas, en la TV ni hablar: los y las presentadoras todas tan blancas, ni preguntarnos cuánto tiempo positivo dedican en el día a los indígenas y los negros; y en las propagandas las cocineras y las lavanderas son necesariamente negras, y los que cargar inmensos sacos pesados tienen que ser indígenas. No hablemos de la educación escolar… que bien poco valora la cultura negra y la cosmovisión indígena. Igual pasa con las Iglesias: durante siglos los indígenas y los negros no podían ser sacerdotes… A pesar de que el blanco del Norte trajo la muerte, la violencia, la violación, el saqueo, la religión al servicio de la conquista y de la esclavitud… ¿Cómo no ser naturalmente racistas con todo esto?

¡Cuánta sorpresa y cuanto rechazo produce la información de los científicos que nos dicen que la raza humana, una y única, nació en África y nos afirman que todos somos ‘negros’ o descendiente de negros! Lo revela la sangre de todos los humanos de hoy. A Jesús lo presentamos pintado con piel blanca, con ojos azules y cabellos claros cuando ha sido de tez oscura, de ojos cafés y de cabellos negros… ¿Por qué somos tan poco honestos con la historia y la realidad de Jesús los que nos decimos cristianos? Bien poco caso hacemos del negro que ayudó a Jesús a cargar con la cruz, Simón de Cirene, o sea, del Túnez al norte de África. Otra curiosidad católica es la de los ángeles: ¿quién ha visto ángeles negros? Tal vez nos haya despertado el grupo musical chileno del mismo nombre, “Los Ángeles Negros”, que por los años ’70 cantaban: “Pintor nacido en mi tierra con el pincel extranjero,/ ¿por qué desprecias mi color?/ ¡Nunca te acordaste de pintar un ángel negro!/ ¡Píntame ángeles negros!”

Demos un paso más: Si la raza humana ha nacido en África y si, como dice el libro del Génesis, Dios nos ha “hecho a su imagen y semejanza”, ¿de qué color será la piel de Dios? Por suerte, una canción conocida nos orienta y nos saca un poco del susto: “Papá, ¿de qué color es la piel de Dios?/ Dije: Negra, amarilla, roja y blanca es./ Todos somos iguales a los ojos de Dios.”

¿Habremos escuchado hablar de la Teología negra de la Liberación y de su portavoz máximo James Cone? Y no viene de cualquier país perdido en África, sino de los mismos ¡Estados Unidos! James Cone escribió su Teología negra de la Liberación por el año 1970, hace 50 años, con el título provocativo de “La Negritud de Dios”… unos 2 años antes del libro famoso del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez: “Teología de la Liberación”, que marca el comienzo de esta teología en América Latina y en la Iglesia católica.

Otras preguntas: ¿Habrán encontrado en algún libro o en internet la cantidad de negros que salieron de África para ser traídos como esclavos a las Américas y la otra cantidad de murió en las caserías durante más varios siglos? Supera los 30 millones de negros y otro tanto que murió en los viajes y las caserías africanas. El motivo por el que trajeron a los negros es porque se acababan los indígenas de este continente por la invasión arrasadora, las enfermedades venidas de Europa, los malos tratos en las minas de oro y plata y en las haciendas exportadoras… Nos da vergüenza y con razón este comercio inicuo de países, de gentes y de reyes muy católicos. El desarrollo de Europa se construyó sobre la esclavitud, la sangre y el despojo de las Américas y de sus habitantes milenarios… Por eso cuando se habla de ‘deuda externa’, es legítimo preguntar ¿quién debe a quién?

Más que vergüenza, hay que pedir perdón y aprender a ser solidarios y hermanos con los negros y los indígenas… Pero más: para ser perdonado hay que reconocer la maldad ocasionada, reparar el daño cometido y comprometerse a no seguir igual de racista. ¿Sabremos escuchar el grito y entender las protestas de los negros de Estados Unidos, de Ecuador, de las Américas y de los países de todo el planeta? ¿No será el mismo grito de Dios que se hace negro con los negros e indígena con los indígenas?