Sudán: De excesos y carencias

No pude contener la emoción mientras leía una nota en un periódico jamaiquino. En ella se decía que solamente en el año 2009, en el Sudán, nada menos que 2.000 personas murieron y 250.000 tuvieron que abandonar sus hogares debido a la violencia. El país sufre de una grave crisis humanitaria. El mundo sólo se sensibiliza cuando la víctima es notoria, tal como en el 11 de setiembre de 2001. ¿Por qué no se habla del genocidio que está aconteciendo en el Sudán?

Atravesado por el caudaloso río Nilo, que en otros tiempos fue asiento de pomposas civilizaciones, el Sudán completa el mapa de la pobreza en África. A pesar de la condición de cuna de la humanidad que se le atribuye a este continente, los indicadores más tristes de desarrollo en el mundo residen en las orillas bañadas por el Nilo. Entre otros males, la región acuna el analfabetismo, la desnutrición y la sequía.

Toda brisa que sopla desde ultramar se rebate sobre el exceso de problemas que cultivamos en nuestra América Latina, porción de tierra de una imitación descomedida. Mientras tanto, la cara mitad que un día nos conectó en la Pangea, sufre de conflictos étnicos, disputas territoriales y falta de respeto a los semejantes. Voces opacas se refieren solamente a los piratas de Somalia y otras amenazas al maldito libre mercado.

No debemos aceptar estas visiones tan encubiertas e interesadas. Pensar en la armonía mundial no es sólo una bandera para la realización de conferencias sobre el cambio climático. Queremos saber que está pasando en el Sudán, porqué tantos sufren y mueren anualmente, quien pude hacer la diferencia para generar un plan de asistencia humanitaria a este país, y que destino tendrán millones de criaturas que son entregadas involuntariamente a los buitres.

El Sudán no tiene un único conflicto. Al menos dos destacan, uno de ellos es la guerra civil entre el Norte y el Sur del país que duró más de veinte años y que reaparece con la búsqueda de la independencia del Sur, que votará por ella a principios de 2011; el otro es el conflicto étnico-cultural que se inició oficialmente en febrero de 2003 en la región de Darfur, al Oeste del Sudán y que esparce la violencia.

La región ha atraído a grupos pacifistas y defensores de los derechos humanos. Existió una misión organizada por las Naciones Unidas. Sin embargo el procedimiento de división política del continente africano provocó parcelamientos y enfrentamientos incontrolables. En el mismo espacio geográfico perteneciente a Sudán se enfrentan grupos rivales dispuestos a promover las masacres para alcanzar sus objetivos.

A manera de recapitulación, la nota que leí en la prensa caribeña sobre Sudán me hizo recordar la persistencia del problema. Tan grave y tan ignorado. En el Brasil las inundaciones traen infortunios y pérdidas, en otros lugares millares mueren por falta de agua. De excesos y carencias tenemos historia para contar.

Osos polares se encaraman en restos de icebergs, mientras cuerpos humanos se apiñan en racimos en el Sudán. Notas periodísticas sobre hechos en otros países nos inducen a una lectura idílica de las desgracias. O sino a un pasar los ojos por encima. ¿Por qué nos preocuparían estos acontecimientos? Sobre todo sobre el Sudán, un pobre país para el que muchos dudan que exista una solución.

La tierra mientras tanto, sigue rotando. Copenhague se enlutó en diciembre. Es bueno recordarlo.