Tan tuya.

Cote Avello.     25.May.2015    Cultura

Y yo que ignoro de esos afanes
en mis andares de poco arraigo y aferro mezquino.

Le has contado a la noche que me has perdido
y derramaste lágrimas ahogadas en vino,
que me tuviste, que me perdiste,
que de entre tus dedos como la arena me he ido.

Y yo que ignoro de esos afanes
en mis andares de poco arraigo y aferro mezquino,
te pienso con una ancha sonrisa
recordando esos momentos tan tuyos y míos.

Que me has perdido, porque me tuviste,
y como una madre a su hijo me has tenido.
Yo fui tan tuya como puede ser el tiempo del olvido,
tanto como del preso es su celda y su celador.

Y mientras para mí, tu mano en mi mano
era el mapa de un misterio que cuajaba perfecto,
para ti era la esposa que se clava en la presa
para anclarla a la tierra, de alas tullidas.

La posesión del querer, del otro, de mí,
fue la estaca en un punto ciego e inerte,
donde perecieron los sueños y añoranzas nacientes,
como en un charco de lodo y sin aire.

Mientras cada gesto, fuera nuevo o antiguo,
no se hubiese gastado en la usanza,
cada amanecer podía cosechar simplezas
que se recogen una a una, con el paso de las horas.

Pero cuando oliste en la mesa servida
aquel hedor de la obligación y la servidumbre,
confundiste obsequios con deberes constantes
y de la fiesta y el éxtasis, hiciste costumbres mecánicas.

No hay una queja de mi parte
por más que insistas en reclamar mi regreso
y es que yo estuve ahí porque quise
y por cuanto, cada segundo me pareció honesto.

Yo no puedo responder a las promesas que no hice
y tampoco negociar con los supuestos,
cuando mi vuelo se posó en tu mundo yo era libre
y es que, no rima con libertad lo cierto.

Fuente: https://coteavello.wordpress.com/2014/05/27/tan-tuya-2/