Chile

Tarea Cultural y Liberación… Apuntes

La pugna por la liberación no sólo implica el entrevero político o el choque armado. También se libra en la esfera del aula, la investigación, la prensa, la TV, la radioemisora, el teatro, el cine, es decir, en diversas manifestaciones de naturaleza cultural. La meta es rescatar nuestra identidad falseada u encubierta. No basta “vencer”, se requiere “convencer”. Dicho sea de paso, durante no menos de un siglo, al menos en Chile, en esta esfera se manifesta notoria debilidad. Se baraja la hipótesis del oportunismo para explicar tal descuido. Algo se remedia a última hora fomentando el folklore. No obstante, siempre lo que transgrede los enfoques del establishment -muy pronto compartidos por toda la sociedad- se posterga o , simplemente, se veta. Podría dañar electoralmente al… Partido. Otra hipótesis es cierta rusticidad de los liderazgos. Esos faraones están tan entrampados por la contingencia -pugnas internas, candidaturas, sufragios,…- que son de exiguas lecturas y además temen que los intelectuales puedan disputarles el timón de las colectividades cívicas que pilotean, a veces, vitaliciamente.

Un ámbito estratégico de la guerra cultural es el revisionismo histórico. Permite desnudar las concepciones oligárquicas del ayer ya internalizados en el inconsciente colectivo. Es tabú el rescate de nuestras raíces, la denuncia de enemigos mimetizados, la comprensión del fenómeno de la balcanización… Mucho de esto se ha logrado en Argentina. Quizás veintiañero, en la “Historia económica del Río de la Plata” de Rodolfo Puigross, me informo de un esfuerzo por demoler la interpretación mitrista de la Guerra de la Triple Alianza. Tal concepción constituye escuela. En la que se destacan -entre otros- José M. Rosa , Manuel Gálvez y Jorge Abelardo Ramos. Aquí en la patria de O´Higgins jamás las izquierdas enjuician la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1835-1839) y menos la Guerra del Pacífico (1879-1883). Como excepción cito a Hernan Ramírez Necochea que analiza la estructura de clases de la Guerra Civil de 1891 y la ingerencia del imperialismo británico

Pareciera innecesario, como síntomas, anotar que tales agrupaciones partidistas ayer concurren cabeza gacha a cena de gala en homenaje a Obama en La Moneda. Recién acuden a Palacio para hacer presente un frente común en litigio con Perú. Juzgan quizá que el “antimperialismo” está demodé y que la patriotería genera dividendos electorales en elecciones. En voz baja hasta se manifiestan proclives a devolver mar a Bolivia. Incluso eso lo manifiestan en voz alta en el exterior. Regresan y callan. Incluso ahora dejan de referirse a Chávez. Ello despuès que usan y abusan de los bolívares provenientes de Caracas. Esas tiendas incompetentes para la defensa, en 1973, de Allende hoy -si se les rasguña la epidermis- son -igual que las derechas- antargentinas, antibolivianas y antiperuanas. Fueron nacionalistas prorusos en la II Guerra Mundial y provietnamitas en la epopeya de Ho Chi Minh y Giap, pero jamás nacionalistas iberoamericanos.

En el gremio magisterial -economicista visceral con hegemonía comunista- jamás hay espacio para abrir debate, por ejemplo, sobre el uso en aula del planisferio aquel de Mercator que presenta el Nuevo Mundo periférico y Europa céntrica. Menos para exigir una revisión de la toponimia del extremo austral que pareciera calcada de mapas británicos. Un dato que no conmueve a nadie en esa cúpula es que la comunicación entre ambos océanos se denomine Mar de Drake. Les daría derrame cerebral haciéndoles pensar que de México a la Patagonia somos una nación y que la definición clásica de Estado es un arpón envenenado. En sus lecciones -he podido comprobarlo que al margen de militancia- enseñan conflictos con las repúblicas vecinas repitiendo lo escrito por los textos oficiales. Tampoco han generado una asociación iberoamericana de educadores. Se afilian a las federaciones… mundiales. Así viajan a Europa a título gratuito.

En otra esfera -aquella de enorme efecto concientizador la TV- se refieren a nuestra América como “Subregión”. Se entiende que “región” es un segmento dentro de un país. Ahora los agentes mediáticos “primermundistas” nos recortan y somos menos que eso. Ni siquiera Subcontinente, sino Subregión. Esa es mofa que apunta a empequeñecernos. Ni qué hablar del término “globalización”… expresión multiuso que justifica todo contrabando ideológico desde “Harry Potter” a la tesis del “respeto a la diversidad”, caja de Pandora que incluye - entre otros tóxicos- permisividad del consumo de estupefacientes. Los “caballo de Troya” de los imperios supone imponer conductas, sentimientos y enfoques al III mundo. Escucho aludir a la gesta de Malvinas como “reconquista” y, se sabe, es “liberación”… Ayer quisieron hasta suprimirnos la “ñ” del teclado del PC. El tema de la “guerra cultural”, por cierto, no se agota con estos “apuntes”.