Grecia

Tras la audacia de Syriza y el coraje de los griegos, Europa en la encrucijada

Es difícil en medio de la vorágine de las negociaciones del gobierno griego con las “instituciones” (FMI, BCE y Bruselas) realizar un análisis que no sea un simple artículo periodístico de coyuntura, pero es necesario intentar clarificar las tendencias con impactos históricos más importantes.

El gobierno griego había llegado a una situación imposible en las negociaciones con las “instituciones”, había cedido en muchos puntos de su programa y había traspasado muchas líneas rojas sin que hubiese obtenido ninguna concesión sustancial por parte de las “instituciones”, ni siquiera habían recibido ni un euro de los 7.200 millones prometidos en las negociaciones de febrero. Por otro lado, el gobierno de Tsipras se encontraba aislado entre los gobiernos de la eurozona, no había conseguido romper el frente pro-austeridad europeo y en esa situación, y tal como apuntábamos en un artículo anterior (Syriza no puede defraudar), al gobierno griego solo le restaba o una claudicación definitiva o buscar el apoyo del pueblo griego convocándole a las urnas.

Tsipras tuvo el gesto audaz de convocar un referéndum, lo que diferenciaba claramente a Syriza del comportamiento de los partidos socialdemócratas, que claudicaron sin resistencia a las imposiciones austericidas de las “instituciones” como ejemplarizaron los casos de Papandreu en Grecia y Zapatero en España. La semana trascurrida entre la convocatoria y la celebración del referéndum estuvo marcada por el corralito al que se vio obligado el gobierno griego para evitar una fuga de capitales que después de alcanzar más de 30.000 millones amenazaba con derrumbar el sistema bancario, pero también salpicada de amenazas por parte del establishment europeo, al que se sumo sin ninguna vergüenza la parte principal de la socialdemocracia europea con el presidente del parlamento europeo, Martín Schultz candidato de los socialista europeos a presidir la comisión europea en 2014, a la cabeza. Tampoco faltaron los intentos del gobierno griego por alcanzar un acuerdo in extremis antes de la celebración del referéndum.

La consulta fue planteada por el gobierno de Syriza como el último expediente para acumular fuerzas en el interior e intentar romper, con una victoria, la dinámica que las “instituciones” habían impuesto en las negociaciones. La apuesta era desesperada, una derrota hubiese supuesto la dimisión del gobierno de Tsipras y la firma de un acuerdo en condiciones peores que las negociadas hasta el momento. Todo el establishment europeo y sus medios de comunicación intentaron aterrorizar al pueblo griego con la idea de que votaban permanecer o salirse de Europa. Syriza apeló a la dignidad y soberanía nacional para oponerse al frente pro-austeridad interno (Nueva Democracia, Pasok y To Potami) y externo (las “instituciones” de la troika y el poderoso lobby de comunicación mundial).

En estas condiciones, el resultado del referéndum, con un 61% apoyando al gobierno de Tsipras frente a un 38% aceptando las condiciones de la troika, es una muestra de coraje del pueblo griego y la culminación de su voluntad de resistir las formidables fuerzas del neoliberalismo, como han demostrado las decenas de huelgas generales que se han sucedido estos años y cuyos frutos son el gobierno de Syriza y el resultado de este referéndum.

Pero dicho resultado no es más que un hito más de la larga batalla que va a continuar desde el día siguiente del referéndum. Ni el pueblo, ni el gobierno griego quieren sacar a Grecia del euro, el contundente apoyo a Tsipras va a ser utilizado para intentar alterar el desarrollo de las negociaciones y llegar a un acuerdo que rompa con las políticas austericidas y permita retomar una senda de crecimiento económico sin tener que condenar a la miseria a los griegos. Después de este resultado Syriza no puede hacer más concesiones sin contrapartidas importantes, su éxito va a depender de que la voluntad expresada por el pueblo griego abra fisuras en la clase dirigente europea entre los halcones partidarios de dar una lección a los griegos, y de paso a todas las expresiones de resistencia, para apuntalar más firmemente el neoliberalismo y el austericidio, y los sectores más moderados, capaces de evaluar las consecuencias negativas que para el proyecto europeo supondría la expulsión de Grecia de la eurozona y de la UE. Porque la expulsión de Grecia aumentaría enormemente el déficit democrático que ya padece y, como consecuencia, aumentaría el euroescepticismo de los pueblos europeos frente a un proyecto que mostraría ya sin tapujos que está al servicio de los grandes poderes financieros y corporaciones.

Finalmente hay que tener en cuenta un componente estratégico importante, si Syriza es capaz de arrancar un acuerdo aceptable se estabilizaría al frente del gobierno griego por un largo período, lo cual significaría la consolidación a nivel mundial de otro gobierno de izquierdas o progresista de carácter anti-neoliberal, esta vez en Europa. Esta perspectiva, y su capacidad de irradiar como modelo también pesará en las decisiones del establishment europeo. Todas las opciones siguen abiertas.