Vivir en Cuba

Es curioso cómo, cincuenta años después de un proceso cuyos resultados son irrefutables, reaparecen los mismos argumentos. Se trata de combatir a Cuba revolucionaria que ha superado niveles de atraso y explotación que subsisten aún en los países más derrochadores del planeta. El cansado pueblo cubano no quiere escuchar a Fidel Castro; quiere tener celulares y acceso a Internet, según la expresión de un crítico literario que intenta ser analista político.

Seguramente, en este tiempo, cuando en Washington se ha dado la instrucción de reiniciar la campaña contra Cuba, aparecerán los portadores del mensaje insistente: en Cuba se acaba el experimento socialista y Cuba volverá a ser un país demócrata o republicano, con las alternancias que corresponden al modo de vida norteamericano.

Con sobresalto vocean, estos mensajeros, que hay cosas de que preocuparse, dada la sorpresiva renovación de los sueños socialistas. Habrá que preguntarse si esa renovación no corresponde a la falta de respuestas, que no tiene el modo de vida norteamericano, a los índices de pobreza y atraso cada vez mayores del mundo en que ellos quieren vivir.
Debieran saber, estos críticos o analistas, que el socialismo no es el proyecto de un gobierno ni el sueño de un líder. Es un modelo de estructura social. Hay que decirlo, aunque suene a lección escolar, lección que disgusta a los voceros del modo de vida estadounidense. Un modelo que cambia relaciones de producción, interacción social, estructura de poder, en fin, la totalidad del esquema social.

Volvamos a Cuba. El crítico al que nos referimos al principio dice que, antes de 1959, Cuba era el cuarto país de Latinoamérica en acceso a comunicación telefónica, mientras hoy 9% de la población tiene teléfono y, ¡qué barbaridad!, nada más que 1% tiene celular. Luego se burla afirmando que, el gobierno cubano tendrá que esforzarse para alcanzar las cifras de Haití.

Qué torpeza de este señor, haber mencionado Haití. La miseria y el atraso en que ha dejado el capitalismo internacional a este país, provocó la muerte de más de 250 mil personas en el terremoto de enero y las brigadas médicas y de asistencia cubanas están trabajando activamente para paliar esta tragedia. Las tropas norteamericanas llegaron seguramente con celulares para reportar los alcances del terremoto que destruyó Haití y estremeció al mundo entero.

Tres huracanes sucesivos que arrasaron Cuba hace dos años, provocaron la muerte de tres personas, que no cumplieron las normas establecidas como precaución en caso de estos fenómenos atmosféricos. Porque, ese país, que no tiene celulares, que sufre dificultades con la comunicación telefónica, que carece de acceso libre al Internet, respeta y protege la vida de las personas. Y esto es así, teniendo en cuenta el caso tan manejado del preso que decidió morir reclamando ventajas carcelarias que nada tenían que ver con alimentación, higiene, salud, educación y cultura. El respeto a la vida del sistema socialista se extiende a muchos países, más allá de las fronteras de Cuba. Que lo digan los habitantes de New Orleans, víctimas del huracán Katrina. Lamentablemente, el derecho a la vida que se respeta en Cuba, no puede alcanzar a los presos que el Pentágono tiene en Guantánamo y cuyos horribles sufrimientos y la negativa a otorgarle asistencia legal es pública y reconocida, pero no sobresalta a los defensores de la democracia al estilo norteamericano.

En educación, en salud, los índices son insuperables. Pero, para el crítico literario convertido en comentarista político, nada de esto tiene valor, frente a la falta de celulares.

Nadie muere de hambre, nadie duerme en los bancos de las plazas, nadie está excluido de la educación y nadie tiene que pagar por los servicios de salud. ¿Acaso no son los mismos parlamentarios de Estados Unidos de Norteamérica, que sostienen que es acercarse al socialismo, cuando se habla de ampliar la cobertura en salud? Esa fue una declaración vergonzosa. Si la cobertura universal de la salud es signo de socialismo, lo contrario es característico del capitalismo. Como ésta es una verdad reconocida por los representantes del modo de vida norteamericano, ¿cuál es la ventaja de que un país no llegue al socialismo? Hagamos un esfuerzo por encontrar razones.

En un país de estructura aceptada por Washington, la democracia es la base de las relaciones sociales. La democracia es el derecho a elegir a las autoridades, sin que nadie le diga por quién ha de votar. ¿Cómo se practica esto en USA? Las elecciones son financiadas por las grandes empresas; los candidatos del sistema gastan cientos de millones de dólares. ¿Lo hacen sin intención de resarcirse?, ¿no tienen el propósito de manejar el voto ciudadano? Pero, no acusemos esto a la democracia, que tiene el carácter de virtud teologal, sino a los defectos humanos pues somos culpables por haber probado el fruto del árbol del bien y del mal. Cargando con sus defectos y sus pecados, el ser humano quiere la democracia, así como es. ¿Cuántos ciudadanos votan en los Estados Unidos de Norteamérica, para elegir al presidente? Varios millones, es cierto, pero no representan ni el 40% de la población con capacidad de votar. Así casi fue elegido Al Gore, pero George W. Bush ganó con las triquiñuelas de su hermanito gobernador. Dejemos de lado esas minucias. Pero, nos encontramos con que no debe tomarse en cuenta a los rechazados por el sistema electoral, que son varios millones. Porque, para votar en USA, hay que cumplir ciertas condiciones que, un gran número de ciudadanos y ciudadanas, no pueden cumplir.

Pero, no seamos tan extremistas. Después de todo, el modo de vida norteamericano, nos permite aspirar a todo: una casa lujosa, un automóvil conquistador, una profesión altamente cotizada en el mercado y hasta una esposa que haya sido reina de belleza. Que esto último sea una bofetada a la respetabilidad de la mujer, es totalmente cierto. Pero, los avisos comerciales nos ofrecen bellas mujeres como una más de las mercancías que ofertan. Y, en realidad, de eso se trata: de ofertar y de aspirar. Si no puedes comprar, adquirir o sustraer todo esto, o incluso más, es cuestión personal. Si eres un mendigo en este sistema, es porque no supiste gozar de las bondades del modelo. Si te mueres sin atención médica, es porque no ahorraste el dinero que necesitas. ¿Acaso en algún banco te negaron la posibilidad de abrir una cuenta de ahorro? Tampoco vayas a pretender que los bancos te presten dinero para sobrevivir. Si no puedes vivir, ¿cómo esperas pagar el crédito que te dieron?

Hagamos un intento más. En el modo de vida norteamericano se respetan los derechos humanos. El respeto a la vida, por lo que se prohíbe el aborto que, en consecuencia, se practica en forma clandestina, con lo cual se crean fortunas inmensas que, al fin y al cabo, esa es la meta del capitalismo. Que mueran millones de mujeres, a consecuencia de esos abortos practicados por farsantes, es consecuencia de la mala intención de los seres humanos que sucumbieron a la tentación del demonio.

Nada de esto sucede en Cuba. La vida está garantizada y están garantizados los derechos humanos, porque hombres y mujeres de cualquier edad, condición social o económica, opción religiosa o política, tienen acceso a la educación, la salud y todos los derechos del ser humano.

Quiero vivir en Cuba. Pero más quiero que, mi país, Bolivia, alcance esas ventajas.