11-S: Pinochet y Bin Laden

Ramón Reig    13.Sep.2021    Opinion

El 11 de septiembre conmemoramos los veinte años del ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono en EEUU.

Pero como yo fui de esos progres que lucharon contra Franco también me acuerdo de mi 11 de septiembre de 1973 que es aquel en el que uno de los militares de confianza de Allende, presidente de Chile entonces, se alzó contra su mandatario y lo descabalgó del poder logrado mediante victoria electoral, floja, pero victoria, al fin y al cabo. El militar de confianza y sin embargo golpista se llamó Augusto Pinochet, contó con el apoyo de EEUU, algo que se sabe con seguridad al menos desde 2009 gracias a la desclasificación de documentos secretos yanquis.

Menudo año, 1973, a finales del mismo ETA asesinó a Carrero Blanco en las mismas narices de la embajada USA en Madrid. Qué cosas. El franquismo sin Franco no iba a seguir, ya estaba todo planeado, aunque hacía falta darle el empujoncito. El Bien se llamaba Nixon y EEUU, el Mal llevaba por nombres el Chile de Salvador Allende y Pablo Neruda. La prensa chilena, como ahora en España, estaba dividida, a favor y en contra del socialismo, social-comunismo o como quiera llamársele al experimento que Allende no pudo poner en marcha. Pero había, en principio, más apoyo al golpe.

Por aquellos años era yo estudiante universitario en la Facultad de Geografía e Historia y militaba en la clandestinidad. En la asignatura Historia de América nos decían que Allende era un demagogo y que cómo se le ocurría intentar implantar un sistema socialista con un apoyo electoral tan escaso: de los 3.539.747 ciudadanos inscritos en los registros electorales, 1.070.334 (el 36,2%) apoyaron a Allende, 1.031.159 (el 34,9%) a Jorge Alessandri, uno de los candidatos derechistas. Ahora comprendo que una buena parte de razón tenía el profesor, pero eso no es excusa para un golpe de estado tan cruel. Sin embargo, el Bien debía vencer al Mal. Y lo venció. El Bien apoyó a su hombre en Chile, con dinero, medios de comunicación e influyendo en el ejército chileno; se había propuesto que el comunismo no se implantara en América más allá de Cuba, como era su obligación de poder mercantil y lo logró. Allende se suicidó y Neruda murió poco después del golpe. Se acabó. La obligación de todo poder es actuar cuando se siente amenazado.

Pero esto último vale para todo el mundo cuando se siente uno agredido, pisoteado, despreciado, asesinado. La dictadura del general Augusto Pinochet se prolongó durante unos treinta años con un balance de 3.000 personas asesinadas o desaparecidas. En las Torres Gemelas murieron unas 2.700 personas a las que hay que sumar los soldados que fallecieron en Afganistán durante estos veinte años últimos: unos 2.500. El golpe norteamericano contra Allende fue sólo uno más de los múltiples que USA estimuló en América Latina, ahora se llevan a cabo con mayor sofisticación mediante maniobras parlamentarias y judiciales.

En 1998, Margaret Thatcher se negó a extraditar a España a Pinochet estando éste en Inglaterra y siendo reclamado por el juez Garzón por genocidio y crímenes contra la humanidad. El poder protege a los suyos y Pinochet murió en Chile, en la cama, rodeado de todos los cuidados médicos en 2006 después de que cuando ya no hacía falta siguiera gozando de cargos relevantes y privilegios.

Tras el ataque a las Torres Gemelas, su teórico responsable, Osama bin Laden, publicó una serie de proclamas gracias a que la televisión catarí Al Jazeera se lo permitió. En ellas decía que habían atacado a EEUU por las matanzas y abusos que tanto este país como sus aliados -sobre todo Israel- cometían en territorios musulmanes contra sus habitantes, incluidos mujeres y niños. Pero Pinochet y el Chile de 1973 deben olvidarse y nuestras presuntas matanzas no las sabremos, uno que filtró una pizca, llamado Julian Assange, se va muriendo poco a poco en la cárcel y ya casi ningún joven lo recuerda, lo que sí vamos a tener que recordar por fuerza cada 11 de septiembre es la voladura de las Torres Gemelas, porque sí, porque es el Bien. Pinochet murió en la cama. Franco también, protegido por EEUU, Bin Laden fue ejecutado por una cuadrilla norteamericana de asalto en una de sus casas o escondrijos, por lo visto no se le pudo capturar y juzgarlo ante todo el planeta. Tal vez fuera porque tenía demasiado poder y dinero, porque se había formado en los mismos EEUU, porque podía contratar a una legión de abogados defensores y porque podía salir mucha cosa rara durante el juicio, yo que sé. Lo mismo hicieron con Sadam Hussein y con Gadafi.

Así es el poder, pero como somos los buenos y encarnamos el Bien nos lo podemos permitir. Desde el 11-S las guerras y por tanto los gastos militares se han disparado en el mundo. Y la crispación también. ¿A quién beneficia todo esto?

Rebelión