Argentina

Peleas internas y criminalización

Desde que asumió el gobierno de Mauricio Macri se buscó dar la imagen de unidad. Sin embargo ello no es una verdad absoluta; ni siquiera parcial.

El divisionismo existe en tanto y en cuanto -además de las diferentes posturas políticas-, existen demasiados intereses económicos en juego entre los integrantes del gabinete, sus colaboradores, los legisladores y las empresas que buscan beneficiarse.
Pocas veces se ha observado tantos y tan fuertes entrecruzamientos entre “lo” político y “lo” económico. Tanto que no se puede vislumbrar si existen líneas divisorias algunas. Se entiende: para el macrismo (y sus aliados) todo es negociable. No en el sentido del acuerdo, discusión, alianza, conceson… sino desde el punto de vista económico. El Estado como un mero instrumento para posibilitar negocios y hasta sospechas de negociados.
Los antecedentes no ayudan mucho, es verdad. Máxime si tenemos en cuenta los de Macri y su famiglia (Grupo Socma); de los funcionarios trabajando en bancos lavadores de dineros y evasores; de decretazos para eludir licitaciones y realizar contrataciones directas; de aumentazos de sueldos con ajuestes inflacionarios en medio…

Pero volviendo al tema de la “unidad” gobernante, ello ya resulta imposible de mantener y sostener. Tanto es así que luego de los varios reveses (derrotas) políticas que viene sufriendo el presidente, algunos funcionarios buscan un “chivo expiatorio”. Consideran que si ‘rueda una cabeza’, el gobierno recompondría su imagen y se terminarían las confrontaciones (hacia afuera y adentro). Lo que demuestra la escasa capacidad de análisis y de entendimiento que poseen respecto a qué ocurrió en el país hasta diciembre de 2015 y qué ocurre a partir de esa fecha en adelante.
La situación es tan delicada que a 5 meses de haber asumido y con las mieles del triunfalismo y el apoyo servil de los medios formadores de opinión, el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, debió salir a sostener a un ministro. “Respaldamos plenamente al Ministro Aranguren que está haciendo un trabajo obviamente muy difícil de un sistema tarifario profundamente injusto y desarticulado y donde se viene trabajando justamente en un camino de ordenar ese sistema a nivel federal cuidando a los más débiles”.

Eso dijo Peña en conferencia de prensa el lunes 23-5-2016. Lógicamente que el contenido de sus palabras es totalmente cuestionable, pero lo sustancial (y lo que al gobierno le importa, también); es que se buscó cerrar los ataques internos contra Aranguren, que solo hace lo que el gobierno quiere. El respaldo oficial debió efectuarse, porque sus acciones son cuestionadas en el propio seno del macrismo.

Quizás sin entender que ese… es el propio rumbo de la gestión. Inclusive Peña debió desmentir la renuncia. Lo increíble pasa porque algunos macristas consideran que Aranguren se equivocó en sus declaraciones. Como si su silencio pudiera ocultar o hacer pasar desapercibidos sus ajustazos tarifarios!
Pero lo importante de las palabras de Peña estuvo en que reconoció que a pesar de estos aumentos “el 70% del costo de la tarifa eléctrica domiciliaria es subsidiada por el Gobierno”. Eso quiere decir que todavía se deben aplicar más ajustes (para eliminar totalmente los subsidios)…

Aranguren no actúa per se. Lo hace luego de haber establecido una política con Macri. Por lo cual, es un ejecutor de lo que el gobierno quiere hacer. A este ministro no le interesa lo que hasta diciembre (con errores, seguramente) defendía el gobierno peronista. Por ello no duda en beneficiar a las petroleras; en ajustar afectando a millones de familias; en golpear al interior de la productividad de las pequeñas y medianas empresas. Tanto es así que se llega a un precio de los combustibles equivalente a 75 dólares por barril de petróleo, cuando en el mercado internacional está a 45 dólares.

En lo que ha transcurrido del 2016, la nafta subió 31%, sin que ningún gobernante (o medio de prensa) se escandalice. Debe saberse que la ‘creación’ del llamado “Gabinete Económico” dispuesto por Macri, logró reinstalar en los medios y en el ámbito de discusión y charla ciudadana diaria la problemática económica, como hacía años (desde el 2003) no ocurría en el país.

Dentro de ese ámbito interno, es el propio Macri el que decide cuando surgen discrepancias internas. Macri es una suerte de árbitro en el “Gabinete Económico”; por ello nadie puede quitarle responsabilidad alguna de lo que ocurre con la economía del país. Se sabe que las peleas internas entre Prat Gay, Frigerio y Aranguren han ido subiendo en cantidad y calidad de manera asombrosa en las últimas semanas.
Ocurre que a los ajustadores no les cae bien que se haga política con gobernadores. Sin entender que ellos tienen relación directa con los legisladores (de sus provincias) que luego deben votar en el Congreso… Por otra, existen deseos fortísimos para reducir a la mínima expresión la presencia del Estado en diferentes áreas. Y ni qué hablar de los subsidios a algunos sectores productivos. Mientras tanto otros (desde adentro) cuestionan que se toman medidas que a los pocos días deben tener correcciones o rectificaciones. Lo que demuestra que –dicen- se hacen cosas sin pensar.
Cuando ello no es así: se hacen cosas totalmente pensadas, que generan reacciones.

Ante éstas -y a efectos de reducir la conflictividad-, se apela a los pequeños cambios. Un tema interesante en medio de estas peleas internas es que existe un sector que considera que este “gradualismo” ajustador (¿?) es contraproducente, y que debería haberse aplicado un shock. Un mega-ajustazo sin medias vueltas.

Para los memoriosos: algo así como un mega-Rodrigazo (de 1975). Claro: existen quienes recuerdan que ese golpe fondomonetarista que aplicó la presidenta María Estela Martínez, generó la reacción de los cuerpos de delegados, las comisiones internas y del peronismo (que la enfrentaba), obligando a que la CGT (que era una sóla, por entonces) debieran endurecer sus posiciones y salieran a las calles…
El paso siguiente para frenar esa conflictividad de 1975, fue que los poderosos dieron su total respaldo al golpe de marzo de 1976. Es cierto que las circunstancias y momento histórico no son los mismos, pero debe considerarse que esos poderosos, hoy, son los que gobiernan…
Y que así como en esa etapa de los ’70 existió un avance de dictaduras cívico-militares en la región, ahora se asiste a los llamados ‘golpes blandos’, que se cobraron a los mandatarios de Honduras, Paraguay y Brasil; que se produjo una derechización de presidentes en Perú, Paraguay, Uruguay y Argentina… Quizás ahora algunos entiendan el porqué del proyecto de la Ministra Patricia Bullrich para criminalizar la protesta.

SANTA FE-ARGENTINA (por Rodolfo O. Gianfelici)
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