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¿De qué reconciliación hablan?

Rodolfo O. Gianfelici :: 16.10.17

Desde la derecha, el neoliberalismo, sectores clasemedieros, la prensa hegemónica y la Iglesia católica, se ha hablado de la existencia de un “revanchismo” o de “sed de venganza” contra los represores, criminales, torturadores, ladrones de niños, apropiadores de bienes, que fueron juzgados y condenados por crímenes de lesa humanidad.

Claman a los cuatro vientos –junto a los propios condenados-, por dejar de “ser perseguidos”; que los liberen o que puedan cumplir sus condenas en la comodidad de sus inmuebles. Estos personajes dispusieron de la posibilidad de defenderse con total libertad y garantía, para ser juzgados por hechos cometidos contra indefensos seres a los que les negaron todos y cada uno de los derechos. A los que -tras secuestrar, torturar, violar y esclavizar-, terminaron asesinando de manera “organizada”.
Inclusive en su accionar llevaron adelante la apropiación de niños indefensos a los que les negaron derechos y la propia identidad. Trescientos de ellos continúan sin ser hallados hasta el momento (algo más de un centenar conoció la verdad y recuperó su identidad). Con total liviandad o hipocresía, dirigentes de todos los ámbitos (político, sindical, empresarial, religioso…), derechistas, neoliberales y clasemedieros, piden “reconciliación”. Dirigen ese pedido-exigencia a familiares de las víctimas; y a quienes respaldan el accionar de la justicia, la memoria y la verdad.
Muchos de ellos apelan al doble discurso o doble moral, de exaltar lo hecho antes –y ahora- en otros países, respecto a la segunda gran guerra (1939-1945). Pero lo niegan para su propio país. Inclusive han ido mucho más allá en su impresentable manipulación, recordando que el propio Papa Juan Pablo II, perdonó al turco Mehmet Ali Aqca, que intentó asesinarlo. Pero ocultan que el pontífice lo perdonó “en forma personal”, pero jamás pidió por su libertad.
El hecho ocurrió en 1981; este terrorista de derecha fue condenado en Italia a cadena perpetua; en 1983 Juan Pablo II lo visitó en la cárcel y el turco le pidió perdón por atacarlo; en 2010 salió en libertad; en diciembre de 2014, le llevó flores a la tumba del Papa fallecido…
En los primeros días de octubre de 2017, los argentinos tomaron cuenta de las expresiones de uno de los más repudiados criminales condenados, como lo es Alfredo Astiz. Ante un nuevo tribunal que lo juzgó por otras de sus salvajes acciones criminales, el exmarino dijo: “Nunca voy a pedir perdón por defender a mi patria”.
Han pasado 4 décadas desde tales hechos, en este caso, sentado en el banquillo por el asesinato de la adolescente sueca Dagmar Hagelin. El criminal y condenado Astiz está en la cárcel desde 2003. Tiene 67 años; es un genocida; reivindica su accionar. Citar su apellido significa recordar que lo llamaban “el angel de la muerte” (vaya ironía de apodo…); que se infiltró haciéndose pasar por familiar de un perseguido por la dictadura para hacer inteligencia (espionaje) entre las Madres de Plaza de Mayo y colaborar en 1977 para que una de sus creadoras -Azuzena Villaflor, y otras 11 personas- fueran secuestradas y asesinadas. Entre ellas, dos monjas francesas.
Un Astiz que el día “elegido” para los secuestros, entregó a sus víctimas abrazándolas en la puerta de una iglesia (para que sus pares criminales que estaban observando disimuladamente, supieran a quien estaba “marcando” o “señalando”). Un Astiz que –vale recordar como al pasar-, cuando debió defender la Patria en la guerra de recuperación de las Islas Malvinas, se entregó sin disparar un solo tiro…
Quienes piden “reconciliación”, pretenden eludir y/u ocultar que Argentina dio un ejemplo al mundo, con sus juicios de lesa humanidad. Más de medio millar de represores están en las cárceles; todos ellos negándose a colaborar con la justicia (manteniendo su “pacto de silencio” mafioso) y no arrepintiéndose de nada de sus criminales acciones. Si estos condenados hablaran, se podrían descubrir sitios de enterramientos clandestinos; la recuperación de restos; el conocimiento de historias.
No aceptan que fueron criminales y que deberían pedir perdón a sus víctimas y a sus familiares. El actual presidente Mauricio Macri intentó ingresar a dos integrantes del máximo tribunal de justicia nacional por la ventana. El hecho fue tan escandaloso que inclusive sus propios co-gobernantes se vieron forzados a no respaldarlo. Fue así que debió retirar la vergonzante maniobra y canalizarla como establecen las normas.
Allí logró el respaldo y los dos mismos que pretendieron llegar a la Corte Suprema de Justicia con un “atajo”, ingresaron por la puerta grande… El tiempo transcurrió y esos dos mismos personajes (ligados –vaya casualidad- a lo más retrógrado de la Iglesia católica uno; y al más poderoso grupo comunicacional del país, el otro) dieron sus votos para aprobar el famoso “2 x 1”. Se trató de una herramienta para que los condenados criminales pudieran retornar rápidamente a la libertad.
Un escándalo de proporciones tan grandes e impensadas (por Macri y la Corte Suprema), que recibió la movilización y el rechazo de amplios sectores de la sociedad. Igualmente los familiares de estos asesinos condenados, junto a la derecha, el neoliberalismo, sectores clasemedieros, la prensa hegemónica y la Iglesia católica, continúan reclamando sus libertades. La respuesta es la misma: no puede arrollarse la justicia, la memoria y la verdad en beneficio de quienes no se han arrepentido ni ha colaborado con la justicia.
Ahora ha sido desde aquél sector que ha salido la más clara y mejor justificación (para la no-reconciliación). Porque Astiz sigue reivindicando su criminalidad. En el alegato final de una de las causas que lo tiene como “protagonista”, reivindicó su actuación en la “guerra contra los subversivos”. Un condenado que sigue reclamando ser “juzgado” por un fuero militar (no reconoce a los tribunales civiles). Pero no solo exaltó su lamentable y criminal accionar, sino que aprovechó para defender el accionar de la Gendarmería Nacional en el caso de Santiago Maldonado (desaparecido en un operativo de dicha fuerza, el 1-8-2017).
Expuso que existen “movimientos secesionistas que quieren apoderarse de parte de nuestro territorio”. En clara referencia a la comunidad mapuche. Claro que estas palabras no fueron casuales. Por un lado considera ese accionar de los gendarmes como una continuidad de lo realizado por él décadas atrás, “por defender a mi patria”. Lejos de pretender reconciliación alguna, es el propio exmarino el que busca ahondar las diferencias.
Asimismo, encuentra en los mapuches la continuidad actual de aquellos que él consideraba “los subversivos”. Por lo cual, para él sigue teniendo vigencia aquella guerra, en esta (que pretenden crear algunos descerebrados).
Lamentablemente su limitación intelectual le impide conocer una expresión del General José de San Martín, referida –en su momento- a quienes colaboraron con su causa libertadora. San Martín, siendo gobernador de Mendoza entabla relación con los jefes pehuenches-mapuches. Les otorga identidad; los reconoce. Les pide “permiso” para atravesar sus tierras con las tropas.
Fue la voz del cacique más anciano –Ñancuña-, quien le hizo conocer al jefe administrativo y militar que dichas comunidades lo apoyaban. Posteriormente colaboraron con hombres y baqueanos a la campaña libertadora. Por ello el propio San Martín, expresa: “… Concluí con toda felicidad mi gran Parlamento con los indios del sur: auxiliarán al ejército no sólo con ganados, sino que están comprometidos a tomar una parte activa contra el enemigo…”.
Ocurrió en octubre de 1816; han transcurrido 201 años. Hoy, en pleno octubre de 2017, autoridades nacionales y un criminal con varias condenas sobre su persona, pretenden hacernos creer que debemos “reconciliarnos” con ellos y considerar a los mapuches como enemigos…

Rodolfo O. Gianfelici
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