La delicada situación en el mundo

América debe estar en alerta y movilizada

Tiempo atrás el papa Francisco afirmó que en el mundo ya transcurría la tercera guerra mundial.

SANTA FE-ARGENTINA (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare) Tiempo atrás el papa Francisco afirmó que en el mundo ya transcurría la tercera guerra mundial.

En este caso si se trata de una gran guerra mundial; en los dos casos anteriores (1914-1918 y 1939-1945) se trató de dos grandes guerras, pero no de características mundiales. Más bien se trataron de disputas europeas, ampliadas por intereses imperiales. Pero no estuvo involucrado ‘el mundo’ en ellas.

Pero lo importante es la certeza papal; una denuncia que con cierto malestar algunos políticos occidentales debieron aceptar a regañadientes y a disgusto.

Los conflictos se están desarrollando en América, Europa, Asia, y Africa. Involucra a decenas de países, pero en todas existe un protagonista coincidente (y nada sorpresivo): Estados Unidos.

Cuando decimos EEUU, también decimos a sus aliados o socios geopolíticos y/o militaristas. Nombres y apellidos? Si: Canadá, Unión Europea, Israel, Japón, Australia, Arabia Saudita, Gran Bretaña, y la claque o comparsa de reparto que de manera circunstancial integran Iván Duque, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera, Alejandro Giammattei, Luis Lacalle Pou, Mario Abdo Benítez, y algunos otros que –ya casi sin instrumentos- corren por detrás desesperados para no perder el tren del servilismo.

Entiéndase en estos pobrísimos papeles a personajes como Luis Almagro, Mauricio Macri, Mariano Rajoy, Silvio Berlusconi, Michelle Bachelet, Juan Guaidó, Luis Fernando Camacho, Keiko Fujimori, Alvaro Uribe, y algunos personajes menores de Asia y Africa.

Lo cierto es que, en estos tiempos de mitad del 2021, se han producido ciertos hechos ‘demasiado coincidentes’ en suelo americano, que llaman la atención. Es bueno citarlos para comprender que nada es casual y todo es causal.

Pero antes, comencemos por decir que en los últimos años, se ha producido un avance de relaciones comerciales, de colaboración, de cooperación, crediticia y/o solidaridad de necesitados y sometidos países americanos con otros extracontinentales. Es allí donde aparecen Rusia y China, que tanto preocupan a Washington.

Sobre el primero –y tras la desaparición de la Unión Soviética-, EEUU lanzó una ofensiva para “rodearla”, aislarla y asfixiarla. Lejos de ello, Vladimir Putin logró llevar adelante una estrategia de expansión, e inclusive ha logrado cumplir un papel fundamental en Siria, logrando frenar el accionar estadounidense, junto a la Unión Europea y las bandas terroristas. Pero no solo ello, sino que los rusos se han dado el lujo de tener más presencia militar naviera en el mar Mediterráneo y llegar hasta puertos venezolanos. Inclusive con una demostración de gran avance tecnológico al neutralizar ataques con misiles que EEUU lanzó desde barcos, sobre Damasco.

Sobre la segunda, las políticas washingtonianas tampoco lograron detenerla, e inclusive hoy ya es la potencia comercial n° 1 del mundo, y desarrolla una gran ofensiva con anclajes no solo en Asia, sino en Africa, Europa y América, a través de la Nueva Ruta de la Seda. Por otra se ha transformado en un importante jugador comercial con países americanos a los que le adquiere materias primas.

Estos hechos constituyen una muestra del retroceso estadounidense a nivel mundial, pese a que la prensa occidental se encarga de decir lo contrario. Situaciones que además reafirman las búsquedas de nuevas vías de cambios y desarrollos nacionales (cada una con sus propias particularidades), con protagonistas como Nicolás Maduro, Evo Morales, Cristina Fernández, Rafael Correa, Luis Arce, Pedro Castillo, Daniel Ortega, Andrés Manuel López Obrador, Miguel Díaz-Canel, Lula…

A lo que se deben agregar situaciones que han salido de la ‘normalidad’ de la política tradicional a causa de sus limitaciones y/o incapacidades, como ocurrió con las protestas populares en Paraguay, el estallido social en Chile, la lucha social y callejera en Colombia, el crecimiento de los movimientos sociales en Argentina, los reclamos en El Salvador y Guatemala…

Todo lo cual constituye un clima que enoja a Washington y a sus virreyes y gerentes oficiales en países americanos. De allí que -volviendo a esos hechos ya no tan llamativos, pero que nada tienen de casual-, es bueno enumerarlos (desarrollándose a mitad del 2021):

Ofensiva mediática y diplomática contra Nicaragua,

Ofensiva mediática, diplomática, militar y paramilitar contra Venezuela,

Ofensiva política contra la Asamblea Constituyente de Chile,

Ofensiva mediática y política contra el gobierno de Argentina,

Ofensiva mediática y política contra el ganador de las elecciones del 6 de junio de 2021 (Pedro Castillo) en Perú (que no querían proclamar),

Ofensiva mediática, política, diplomática, y militar –y continuidad del bloqueo-, contra Cuba,

Ofensiva mediática, política y militar, que incluyó el asesinato del presidente Jovenel Moise, en Haití,

Ofensiva mediática, política y paramilitar en México,

Ofensiva militar en apoyo a Guyana, con la que se realizó un ejercicio militar y firma de acuerdo militar, respaldando a dicho país en la disputa del Esequivo (reclamado por Venezuela),

Ofensiva política y diplomática del Grupo de Lima contra Nicaragua y Venezuela,

Ofensiva política y diplomática de la OEA contra Cuba, Nicaragua y Venezuela…

La situación continental debe preocupar. Imaginar ‘soluciones aisladas’ es pensar en chico, equivocarse y aislarse. Porque la derecha, el neoliberalismo, los fascistas, no actúan en forma cerrada e independiente; operan coordinadamente a nivel continental y en consonancia con sus pares europeos.

Frente a ello se hace cada vez más imprecindible el responer de la misma forma; unir fuerzas –respetando las particularidades nacionales-, pero teniendo como premisa fundamental el defender las democracias, los derechos humanos, la justicia independiente, la soberanía, la cultura, el medio ambiente, la igualdad, los pueblos originarios y la libre determinación.

Justamente todo lo contrario a lo que reclama e imponen la derecha, el neoliberalismo y los fascistas. Cuando un gobierno sanciona una multinacional, un banco extranjero o investiga a algún gerente oficial del establishment, el poder occidental se abroquela y actúa con solidaridad de cuerpo.

Debemos tener en claro con total convencimiento que cuando se ataca al gobierno de López Obrador; cuando desacreditan a Nicolás Maduro; cuando difaman a Daniel Ortega; cuando mienten sobre Cuba o Bolivia, lo que están haciendo es atacar a todos los que anhelamos a vivir en países más justos e independientes.

No comprenderlo y actuar en consonancia, es ser funcionales a los enemigos de la Humanidad.