Chile es una más de las democracias reales.

La opción es perfeccionarla o construir otra por la izquierda.
El modelo de Santiago viene de lo que han redactado y hecho Washington y sus socios europeos.
Una democracia de Estados Unidos que tuvo como características históricas el exterminio de los habitantes originarios, la explotación de trabajadores esclavizados, hasta mediados del siglo pasado leyes de segregación en escuelas y buses para ciudadanos negros. Un discurso que incluye el objetivo de dominación mundial por medio del poder militar y la guerra. Enarbolando su democracia USA lanzó dos bombas nucleares sobre civiles.
La norteamericana es un tipo de democracia.
Al sur el estado democrático chileno como la Casa Blanca toma distancia de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Siria, Irán, Corea del Norte. Se siente hermano de los regímenes de Colombia, Honduras, Paraguay, Arabia Saudita, Baréin, Israel.
En el país la mayoría no confía en el presidente de la república ni aprueba su gobierno. No se identifica con los grupos políticos. El 60% se negó a votar en la elección pasada y la mitad siente poco o ningún interés por las próximas.
En la población crecen el descrédito del congreso, los partidos y los políticos, los tribunales, la iglesia católica…
Según encuestas la gente piensa que el gobierno es de los empresarios interesados en sus intereses personales y no en los del país. Percibe que la educación, la salud, la ciudad están segmentadas para ricos y pobres.
Chile es uno de los países con mayor diferencia de ingresos del planeta.
En correspondencia con esta forma de democracia del poder quienes deciden qué debe saber, valorar, discutir, rechazar, la población son los dueños de canales de televisión, radios, diarios, agencias de publicidad.
Como resultado sólo un 29% de las personas consultadas responde que la democracia chilena funciona mal.
Los políticos en su mayoría proceden de sectores socioeconómicos medio altos o altos y los que no una vez elegidos ascienden de inmediato a esos niveles debido a los ingresos públicos que se les otorga.
Dentro de este marco de la realidad las personas pueden votar con más o menos entusiasmo por candidatos financiados por los empresarios del país o del exterior. Lo corriente es que las disputas apasionadas a resolver sean alternativas al interior de este ordenamiento de la propiedad y la política.
La vez que los ciudadanos votaron por una democracia distinta los grandes propietarios, los militares y los demócratas internos y externos aplastaron en 1973 el proceso democrático utilizando el golpe de estado, método consagrado tácitamente como herramienta transitoria de la preservación de esta convivencia occidental.
Esa es la forma en que los chilenos viven su democracia real.
La democracia predominante en el mundo es así, es un hecho. La palabra cubre una forma de vida social dividida en clases escalonadas. No es una falsa democracia sino una forma posible.
Lo opuesto es una democracia solidaria y sostenible para las generaciones futuras. También es posible. Además es necesaria.
Contacto romulo.pardo@gmail.com