El carácter “no positivo” del cobismo boliviano


Bolivia vive momentos difíciles para la consolidación del proceso de transformaciones iniciado por el presidente Evo Morales. Una serie de reclamos sectoriales concluyó el viernes 18 de febrero con un paro nacional convocado por la Central Obrera Boliviana (COB).

Cuando un reclamo legítimo empaña lo popular
La dirigencia sindical de la COB convoca protestas en Bolivia contra el gobierno de Evo Morales. La funcionalidad destituyente de una causa justa.

Bolivia vive momentos difíciles para la consolidación del proceso de transformaciones iniciado por el presidente Evo Morales. Una serie de reclamos sectoriales concluyó el viernes 18 de febrero con un paro nacional convocado por la Central Obrera Boliviana (COB).

Un día antes, el Jefe de Estado boliviano envió a algunos de los ministros del área social nacional para que se reúnan con la dirigencia obrera con el fin avanzar en una agenda que sea considerada y elevada para la adopción de medidas. Sin embargo, mientras el Gobierno reiteró su llamado al diálogo para dar solución a las peticiones, la dirigencia “cobista” optó por no dialogar con los ministros y exigir una reunión directa con el presidente.

La central obrera, dirigida actualmente por Felipe Machaca, basa la protesta en el alza de precios y la escasez de algunos alimentos. Según afirmó la cadena teleSUR, esa situación “se debe a fenómenos naturales y el Gobierno optó por la importación de los alimentos escasos, medida que resultó insuficiente para los sindicatos”.

El paro general se cumplió de manera parcial; y, como regla, con débil participación en las ciudades capitales de las nueve regiones. Además, tuvo varias críticas por parte de sectores sociales, constató la agencia Prensa Latina.

Entre los detractores de la medida -que mucho deleita a la reacción boliviana- se encuentran las organizaciones de campesinos que se negaron a participar del reclamo. También se opusieron los líderes de la Coordinadora Nacional para el Cambio (Conalcam), que agrupa a las principales organizaciones sociales de Bolivia. Una de sus dirigentes, Julia Ramos, condenó la medida de presión y afirmó que detrás de ella se mueven intereses políticos y el brazo de la derecha opuesta al proceso de cambio.

El ministro de Trabajo, Félix Rojas, precisó que la demanda supone elevar los salarios mínimos hasta poco más de siete mil bolivianos (unos mil dólares), es decir que se reclama multiplicar por 11 la actual remuneración promedio. Se trata, según el funcionario, de “una solicitud imposible de cumplir por la economía nacional”. Para tener una referencia, en Argentina el salario mínimo, vital y móvil es de 1.840 pesos argentinos, poco menos de 500 dólares, y este país está considerado dentro de los que mejores índices de atención a sectores populares y trabajadores tiene en la región.

Rojas añadió que la idea del gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) es lograr una agenda común para “establecer parámetros para el tratamiento salarial posterior y la seguridad jurídica a favor de los trabajadores en el marco de una Ley General del Trabajo”.

Por su parte, el ministro de Comunicación, Iván Canelas, explicó que la protesta de la COB es un sinsentido y una reacción incoherente, pues el presidente Evo Morales había designado una comisión ministerial para atender sus reclamos. Canelas aseguró que “cuando algunos sindicatos se aprestan a renovar sus dirigencias suelen ocurrir declaratorias de huelgas y paros, como parte de la campaña electoral de algunos aspirantes, pero sin medir las consecuencias”.

El responsable de la comunicación gubernamental aclaró a la Agencia Boliviana de Noticias (ABN) que las relaciones entre el Gobierno y los sindicatos siempre fueron cordiales “porque ellos forman parte del proceso de cambio que encabeza el presidente Evo Morales Ayma”. Sin embargo, lamentó que otros intereses hayan precipitado a la dirigencia de la COB a declarar medidas de presión sin pensar antes en el interés de los trabajadores.

Tal como anticipaba el vocero gubernamental, la relación del sector trabajador con la administración de Morales ha sido, en general, buena, merced al cambio en un sentido popular y democrático que comenzó en 2006. Sin embargo, ya en 2008 -semanas antes del referéndum revocatorio que revalidó a la gestión del MAS- el cortocircuito entre la dirigencia cobista, con Machaca a la cabeza, se hizo evidente, aún cuando ello beneficiaba a la derecha política que abogaba por la autonomía de las zonas más ricas del país.

Durante los primeros dos años y medio de gestión de Morales, la central obrera se mantuvo como una fuerza aliada del nuevo gobierno. Pero por aquellos días Jaime Solares, dirigente gremial de Oruro, hizo declaraciones que suenan extrañas a cualquier oído: “el principal aliado de la oligarquía es Evo Morales, porque defiende a los latifundistas, a los ricos que explotan a los trabajadores y pagan salarios de hambre”.

Consultado por APM, el periodista y analista político regional, Miguel Longo, explicó algunos puntos al respecto: “la relación entre Evo Morales y la COB estuvo siempre irritada”. Esto, en gran parte, es consecuencia del resquebrajamiento social que produjeron los años de vigencia profunda del modelo neoliberal, “con la privatización de las minas y la relocalización de mineros -sector más numeroso y fuerte entre los trabajadores-; los movimientos sociales, campesinos e indígenas tomaron mayor relevancia y los gremios obreros quedaron así algo postergados”.

“La historia de la COB es la historia de los últimos 50 años Bolivia”, definen las autoridades de la Central en su sitio de internet. En ese sentido, Max Toro, un viejo dirigente fabril, recuerda que “no habría podido alcanzarse la victoria contra el régimen militar de Hugo Ballivián, en abril de 1952, si no actuaban conjuntamente los mineros y los fabriles”.

Moisés Álvarez, citado por Guillermo Lora en su “Historia del Movimiento Obrero Boliviano”, recuerda que en 1912 se organizó la Federación Obrero Internacional, que agrupó algunos gremios a su alrededor y se puso frente a la vieja Federación Obrera de La Paz. La Federación adoptó las resoluciones del primer Congreso Internacional de Trabajadores realizado en 1874 en Londres. Por esa razón tomó como insignia una bandera roja atravesada por una franja negra.

Hasta mediados del siglo pasado los trabajadores siguieron organizados en uniones. Pero se produjo un cambio radical en la acción de los fabriles cuando una reunión de obreros fue atacada el 18 de mayo de 1950 por fuerzas militares. El barrio donde vivía la mayor parte de ellos (Villa Victoria) fue ametrallado por aviones de la Fuerza Aérea. Así, los fabriles entraron en “la era moderna” del sindicalismo, convirtiendo su acción sindical, en lucha política.

Los mineros, por su parte, sufrieron esas formas de represión con anticipación. La Masacre de Catavi, ocurrida en 1942, dio paso en poco tiempo a la formación de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB).

Durante “el sexenio”, último período de poder de la oligarquía minera que comenzó con el derrocamiento y colgamiento del presidente Gualberto Villarroel -en julio de 1946- y terminó con la insurrección popular de abril de 1952, los mineros fueron duramente reprimidos por las tropas militares y sufrieron despidos masivos que se conocieron como “la masacre blanca”.

Ese fue el marco que permitió la creación de la COB en 1954. Su primer documento de orientación ideológica proclamaba la lucha por la nacionalización de las minas y los ferrocarriles y la reforma agraria, declaraba la independencia política a nivel nacional e internacional, y pedía al nuevo gobierno la derogatoria de todas las leyes antiobreras del sexenio.

Desde los episodios de 1952, la COB tejió una fuerte y permanente alianza con el Movimiento Nacionalista Revolucionario. Ese frente de acción se extendió hasta 1982, momento en el que Víctor Paz Estenssoro encabezó el proceso de instauración del proyecto neoliberal en Bolivia.

Desde el gobierno de Paz Estenssoro hasta el de Gonzalo Sánchez de Lozada se dio un proceso en el cual “Evo Morales -como conductor de los nuevos movimientos sociales” redujo a un segundo plano a la central obrera que durante décadas había sido la cabeza de las luchas y de la representación social”, explicó Miguel Longo a esta agencia.

El periodista aclaró, también, que “Evo conformó, sobre la base de esos movimientos, lo que llamó el “instrumento de acción política”, el MAS, como contrafigura de los “partidos tradicionales”, entre ellos el Movimiento Nacionalista Revolucionario”. En ese sentido, puede decirse que les sacó “la bandera del Socialismo y de la Revolución. Precisamente, su gran consigna es la Revolución cultural”.

Entonces, la COB, desvinculada de su aliado histórico que fue el MNR y “tapada” por el protagonismo de los movimientos sociales, se dio a la tarea de formarse una nueva identidad y un nuevo papel para sí. Por este motivo, “podría decirse que la protesta lanzada en estos días por la COB es un esfuerzo por recobrar el protagonismo social devaluado en los últimos años”, añadió Longo.

Sin embargo, advierte el analista, esta situación se observa a nivel dirigencial, ya que “los resultados electorales han reflejado el apoyo de la gran mayoría de los trabajadores sindicalizados al gobierno de Evo Morales”.

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Natalia Brite | Desde Mendoza, Argentina