Racismo en Bolivia

El color del racismo

Un buen tema para reflexionar sobre actitudes, posiciones y experiencias. ¿De qué color es el racismo? Sin dudar, afirmo que multicolor y multisigno.

El color del racismo

POR JULIETA PAREDES CARVAJAL

LA PAZ / 14 de noviembre de 2021 / 00:33

Un buen tema para reflexionar sobre actitudes, posiciones y experiencias. ¿De qué color es el racismo? Sin dudar, afirmo que multicolor y multisigno. El racismo es una forma de pensar y actuar que desprecia a otro y otra ser humana porque la denomina “india”. Nuestras reflexiones dentro del proceso de cambios revolucionarios nos llevaban, en primera instancia, a señalar el racismo de quienes —supuestamente— serían “blancos”; hoy, después de experiencias cotidianas e históricas como las de la ciudad de Sucre en mayo de 2008, nos muestran que no es así de simple, es un problema mucho más profundo. En 2008 vimos con indignación que los indios jóvenes de la Universidad de San Francisco Xavier, además de no tener espejo, negaban a patadas y puñetes que eran indios. Vociferaban y a viva voz —insultos y humillaciones— se oían como mantra delincuencial. Repetían angustiados “indios masistas”, para autonegarse, para jurar y dar fe que no son indios. Espectáculo despreciable de quienes se desesperan en servir a los pocos blanquitos que les controlan desde distintos centros de poder empresarial, político y cultural.

El racismo es multicolor, claro que sí, es evidencia de cuerpos y espíritus acomplejados por ser colonizados, han internalizado al k’ara chapetón e ignorante que invadió nuestros territorios indígenas originarios. En Potosí, en Santa Cruz, en Oruro, en Sucre se mezcla el empobrecido indio machito joven y acomplejado con la india joven, feminazi, inspirada en el feminismo neoliberal de sus patronas, que en grupo wayquean, atacan a hombres y mujeres de todas las edades, desde wawas hasta gente mayor.

Pero el racismo es también multisigno, están los de izquierda que se fueron del gobierno y los que desde afuera se creen los puros —los trotskos y anarcos—; es una amplia gama racista de ecologistas y ambientalistas, ONG, cristianos, derechistas, feministas, neonazis, logieros, masones, Opus Dei y una larga fila de racistas, que tanto están en la oposición como también dentro del Gobierno. El racismo es una práctica y una forma de pensar, que no se las ha trabajado dentro del proceso de cambios. Desde el Viceministerio de Descolonización no se trabajó en una política pública de combate al racismo. Desde Descolonización se hizo formación política, en base al pensamiento del hermano Fausto Reynaga —que no está mal—, pero eso no es una política pública de descolonización y lucha contra el racismo.

Para terminar, digo que el racismo es el mandil blanco de los médicos, indios médicos como el Larrea, que se creen Donald Trump, absurdos seres. Toda una generación de médicos mercantilistas, que no han hecho ningún aporte a la ciencia de la salud, ningún invento, investigación o propuesta. ¡Ninguna! Never indilaif, además de mediocres se creen dueños y dueñas de la vida del pueblo. Lo peor es que fue en mi generación que luchamos por la autonomía universitaria, pero era para una autonomía de los grupos de poder y servicio al pueblo. Ahora las universidades públicas son autónomas del pueblo y los cambios históricos, para servir a los empresarios y fascistas. ¡Se pasan, che!

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.