A propósito de las exigencias de los poderes dominantes

FMI: “El acuerdo es de nosotros, las urgencias son ajenas”

La impagable expresión poética de “las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”, que presenta El arriero va (de Atahualpa Yupanqui), bien vale –con todo permiso y respeto- para sintetizar una situación que se viene extendiendo desde el mismo momento que Alberto Fernández asumió en diciembre de 2019.

SANTA FE-ARGENTINA (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare) La impagable expresión poética de “las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”, que presenta El arriero va (de Atahualpa Yupanqui), bien vale –con todo permiso y respeto- para sintetizar una situación que se viene extendiendo desde el mismo momento que Alberto Fernández asumió en diciembre de 2019.

Mauricio Macri embarcó a Argentina en el indeseado rumbo del FMI. Fue su apuesta, la de Donald Trump y de los líderes occidentales para oxigenar la economía del país, apostando en su reelección.

La maniobra fue un fracaso a la vez que un escandaloso accionar para que grupos de poder ligados al gobierno se quedaran con los dólares.

Ahora es el gobierno de Alberto Fernández el que debe tratar de negociar un nuevo acuerdo, con el país en default. Debe acordarse forma de pago, plazos, y discusión por los sobrecargos que aplica el organismo. Todo ello ante ‘la mirada atenta’ de los inversores extranjeros, que son quienes hicieron negociados para luego darle la espalda al país, negándole recursos.

Al frente de la negociación está el Ministro de Hacienda, Martín Guzmán. Un funcionario que es acosado desde que asumió por los medios de comunicación y “los mercados”, que apuestan por un acuerdo contrario a los intereses nacionales. De allí que buscan debilitar la economía con inflación y forzando devaluaciones; el objetivo es llevar a que ‘estalle’ la economía. Lo vienen anunciando desde mitad del 2020.

Todos esos poderes presionan; se suben arriba del resultado electoral de las elecciones Paso (no favorables para el gobierno); y la misma crisis interna en el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Sucede que el organismo solo suma fracasos y hasta duros cuestionamientos desde el establishment financiero (contra la titular, Kristalina Georgieva).

Guzman apuesta auna negociación según su ritmo (para refinanciar el crédito de U$S 44.000 millones recibido por Macri). Él –con amplia experiencia en este tipo de negociaciones-, analiza la situación desde la faz técnica por un lado, y pretende una solución política (para bajar los sobrecargos y la creación del Fondo de Resiliencia y Sustentabilidad, este último para países en vía de desarrollo).

Es cierto que ‘la idea general’ del acuerdo ya ha sido cerrada por las partes. Resta que coincidan en la situación macroeconómico de Argentina; o sea: como generar divisas, sin ajustes.

El 22 de diciembre de 2021, Argentina debe abonar U$S 1.900 millones (más otros 300 millones en intereses); y todo indica que es imposible que para esa fecha esté cerrado y sellado el acuerdo. Porque una vez que las partes hayan finalizado el acuerdo, el mismo debe ser tratado en el Congreso argentino (y también en el Directorio del Fondo).

El tema es que para que este acuerdo finalice bien –además- debe contar con la aceptación de Washington, y en ese sentido el planteo del gobierno estadonidense no es un tema fácil, por más que todos los medios y la clase política eviten hablar de ello.

El (necesario) aval del actual gobierno de Joseph Biden conlleva una serie de exigencias (no escritas) que refieren a la geopolítica estadounidense y a sus luchas contra China y Rusia. Pero no solo desde “lo económico” (como podrían pensar algunos), sino fundamentalmente desde “lo político”. A lo que se agregan ‘compromisos’ en cuanto a la (supuesta) lucha contra el narcotráfico, y hasta las relaciones con Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Para ratificar ello, el mismísimo Jefe de Gabinete argentino, Juan Manzur, estará en EEUU tratando los temas de los que nadie quiere hablar, ni referir.

En este sentido, unos temas son los que discute Guzmán, y otros los que debe tratar exclusivamente Alberto Fernández (o Manzur).

En lo que respecta al interior del FMI, es evidente y pública que ‘los duros’ de las finanzas quieren sacarse de encima a la titular Georgieva. Ella es la cara visible de ciertos cambios en el organismo, a los que aquellos se oponen.

La permanencia de ella sirve a los intereses negociadores de Argentina por un lado; pero a la vez son un ‘contrapeso’ porque “los duros” están posicionados en su contra y contra todo aquél país que pretenda renegociaciones flexibles o con cambios.

Mientras tanto, Argentina soporta las presiones del FMI y de los poderes financieros mundiales, junto a Washington y los ‘quinta columnas’ (aquellos que mantienen lealtades con el ‘enemigo’).

En tanto y en cuanto esto transita, las penas, y el ansiado acuerdo son de nosotros; las vaquitas y las urgencias, son ajenas.