Los héroes olvidados

“Decid que está enfermo de muerte el pueblo que no cultiva finalmente los laureles que dan sombra a la tumba de sus héroes; el que no sabe honrar a los grandes, no es digno de descender de ellos: honrar héroes, los hace”
José Martí

Los grandes reacomodos sociales y políticos que el mundo está viviendo en el Siglo XXI son muy fuertes en nuestro continente latinoamericano, que atraviesa un profundo proceso de cambios internos en sus estados nacionales, y un proceso paralelo de integración y acercamiento entre pueblos hermanos que fueron divididos y balcanizados para mantener la dominación de poderes externos (primero el Imperio Español, luego el Imperio Inglés y finalmente el Imperio Estadounidense).

Este proceso de integración ha venido dándose con el siglo a varios niveles, se hizo presente con MERCOSUR como mecanismo para crear un bloque económico (que luego se transformó en una forma de acercamiento integral), y a partir de fines del siglo XX, con el presidente Hugo Chávez y el Proceso Bolivariano en Venezuela y la progresiva ascensión al poder en el Siglo XXI de nuevos gobiernos progresistas (Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, los Kitchner en Argentina, Tabaré Vázquez y Pepe Mujica en Uruguay, Lugo en Paraguay, Daniel Ortega en Nicaragua) y la consiguiente vuelta de Cuba a la comunidad latinoamericana. La creación de la UNASUR, el ALBA y la CELAC complementó el grupo de herramientas institucionales de integración a nivel social, político y económico.

Pero para que la integración sea realmente efectiva, para que logre conducirnos hacia el viejo sueño de la Patria Grande de los libertadores, debe no sólo ser económica y política, sino también darse en los ámbitos culturales y sociales. Para ello debemos reencontrarnos con nosotros mismos, buscar en las raíces de nuestro continente mestizo los valores, las creencias, el imaginario y el patrimonio cultural propio, que ha sido escondido y deformado por los dominadores. La mejor forma de dominación es lograr que los dominados piensen y vean el mundo con los ojos de los dominadores, y de esta forma los sucesivos poderes externos han venido durante cinco siglos imponiendo procesos de transculturización a nuestros pueblos. Procesos de transculturización que han mantenido invisibilizados los cimientos de nuestras culturas, primero con la imposición en nuestras capas intelectuales de los valores y la visión eurocéntrica occidental, luego con la imposición (sobre todo a través de los grandes medios de comunicación) de los valores de la sociedad de consumo del neocapitalismo corporativo.

Así, esta es la hora de la búsqueda y reivindicación de nuestro propio patrimonio cultural, el del continente mestizo fruto de la hibridación de tres culturas (la indígena, la africana y la europea) y del proceso propio del criollaje. América Latina es única y diferente, es la tierra de lo Real Maravilloso, de las visiones utópicas de futuros diferentes a la propuesta europea occidental. Nuestro proceso de cambios trae aparejada esa búsqueda y reivindicación, Latinoamérica está aprendiendo a “verse con sus propios ojos”, al decir de Aram Aharonian.

Los héroes
Una parte de este redescubrimiento de nosotros mismos tiene que ver con la recuperación de nuestros héroes. Las oligarquías criollas, cómplices desde hace siglos de los poderes imperiales, fueron convirtiendo a los héroes y heroínas de nuestro rico proceso histórico en estatuas de bronce alejadas de la tierra llana y despegadas de la vida cotidiana de nuestra gente. Estereotiparon las figuras humanas y escondieron e invisibilizaron sus ideas y sus obras. El “culto a los héroes” quedó plasmado en leyendas en los textos escolares y en festejos burocráticos de “fechas patrias” vacías de contenido. De esta manera despojaban a las gestas libertarias y a los hombres y mujeres que las condujeron, de su contenido político y su capacidad para promover cambios sociales.

Este proceso de cambios que venimos protagonizando incluye la reivindicación de esos héroes. El rescate de sus vidas, sus pensamientos y sus obras se está dando en todo nuestro continente, descubriéndonos a nosotros mismos a través de nuestros grandes hombres y mujeres.

La revolución bolivariana en Venezuela, con la visión pionera de Hugo Chávez adelantó el proceso de reivindicación de la figura señera de Simón Bolívar y su entorno. Simón Rodríguez, Francisco de Miranda, Antonio José de Sucre y muchos otros y otras han sido rescatados, poniendo nuevamente en manos del pueblo sus historias, sus anécdotas, sus pensamientos y sus acciones. Sus figuras han recuperado la vida, se han ido convirtiendo nuevamente en parte del patrimonio cultural nuestro, y sus ideas y propuestas –que siguen tan vigentes como siempre– se han hecho parte de una visión futura de nuestra América. Y este proceso se ha venido dando en todo nuestro continente. La reivindicación por ejemplo, no sólo de las figuras indígenas que se levantaron contra la opresión española, sino de las propuestas del “buen vivir” tradicionales de los pueblos originarios, ha sido en la Bolivia actual uno de los más importantes factores de cambio. Igualmente en el resto de los países del continente, donde está presente hoy este reverdecer del panteón heroico de nuestra historia.

Desde los movimientos indígenas que se fueron alzando contra la dominación española, a los movimientos de rebelión de los negros esclavos, desde los procesos independentistas del siglo XIX a los del siglo XX, nuestra América ha sido conmovida por el grito de rebelión de sus pueblos, liderados por sus héroes. Sus nombres están hoy más presentes que nunca, estamos en pleno proceso de reivindicación y rescate.

Entre los indígenas que se alzaron contra la dominación y buscaron la libertad podemos mencionar entre muchos a Cuauhtemoc, Rumiñahui, Aracaré, Tabaré, Tupac Amarú II, Tupac Katari, Caupolicán, Lautaro, Guaicaipuro, Nicaroguán, Sempé

Entre los negros “cimarrones” que combatieron la esclavitud y se agruparon en Palenques y Quilombos (el más relevante, el Quilombo do Palmares) podemos nombrar a Bayano, Felipillo, Esteban Montejo, Francisco de la Robe, Sebastián Lemba, Zumbí, Negro Miguel, Andresote, José Leonardo Chirinos, Ansina.

Entre nuestros héroes de la Independencia –que están siendo rescatados del mito y el clisé y se colocan en su plena vigencia en la vida de los pueblos– podemos señalar a Francisco de Miranda, José Artigas, José de San Martín, Manuel Belgrano, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Miguel Hidalgo, José María Morelos, José Martí, Francisco Morazán.

Y ya en pleno siglo XX (algunos de ellos hasta nuestros contemporáneos) a Francisco Villa, Emiliano Zapata, César Augusto Sandino, Farabundo Martí, Eloy Alfaro, Jorge Eleicer Gaitán, Salvador Allende, Ernesto Che Guevara, Fidel Castro Ruz.

Y por supuesto no podemos dejar fuera a las mujeres, que han sido tan importantes y tan olvidadas por el machismo intrínseco que las ignoró, pero que también hoy están siendo rescatadas en un proceso doble de liberación, de la descalificación y el olvido. Algunas de ellas como ejemplo son: Micaela Bastidas, Bartolina Sisa, Gertrudis Bocanegra, Juana Azurduy, Manuela Sáenz, Luisa Cáceres, Policarpa Salavarrieta, Mercedes Abrego, Josefa Ortiz.

Los olvidados

Sin embargo, en este proceso de búsqueda y reivindicación de nuestras figuras señeras, lamentablemente a veces han quedado nombres en el tintero, y no se les ha dado el lugar que se merecen en nuestra historia y nuestros corazones.

Hace unos días un amigo nos regaló un ensayo sobre la defensa de los indígenas en la colonia y quedamos impactados por algunos datos que desconocíamos y que nos mostraron en toda su crudeza el olvido que hemos hecho de algunos héroes pioneros de nuestra América.

Nos referimos a los padres domínicos que desde los primeros años del Siglo XVI emprendieron la abierta defensa de los indígenas de nuestro continente, que estaban siendo masacrados, explotados y denigrados por los conquistadores españoles. El primer acto público de esta defensa lo realizó en noviembre de 1511 Fray Antonio de Montesinos, quien frente a los grandes señores de la isla de Santo Domingo (incluido al Almirante Diego Colón), allí dijo:

“Me he subido aquí, yo que soy la voz de Cristo en el desierto de esta isla y por tanto conviene que me oigáis con todo el corazón. Esta voz será la más nueva y más dura que nunca oísteis, la más áspera y dura, todos estáis en pecado mortal y en el vivís, por la crueldad y tiranía que usáis contra estas inocentes gentes. ¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras, mansas y pacíficas, y con muertes y estragos los habéis consumido?”

Montesinos fue uno de estos frailes domínicos que se jugaron por los indígenas. Viajó hasta la corte española a defender los derechos de los habitantes originarios de América y fue combatido por los “grandes señores” que se estaban enriqueciendo con los tesoros americanos y con la semi-esclavitud de sus habitantes.

Fray Bartolomé de las Casas

Pero si Montesinos fue un adelantado, el verdadero defensor de los habitantes de América fue Fray Bartolomé de las Casas. Es común para cualquier latinoamericano bien informado saber algo de este hombre, haber leído algún texto de sus obras, (sobre todo de la más destacada “Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias”) y saber que fue un gran defensor de los indígenas.

Pero cuando nos acercamos más en detalle a su vida y sus obras, es allí que empezamos a comprender la verdadera dimensión del héroe avanzado de nuestra tierra que fue.

Al saber por ejemplo que atravesó ¡catorce veces! el Océano Atlántico –en travesías que demoraban meses en esa época– para ir a la Corte española (dónde era respetado y tenía influencia) a defender a los indígenas y a denunciar el genocidio y la masacre que realizaban los conquistadores españoles en América.

O saber que su obra fue tan importante que logró de la Corona española la elaboración de leyes de protección a las poblaciones originarias –leyes que aparentemente la propia monarquía determinó que se “establecían pero no se cumplían”– o que los encomenderos y acriollados pre-capitalistas españoles lo combatieron ferozmente, financiando campañas de demonización, tachándolo de “peligroso”, “subversivo” y “enemigo de la Corona” (parece ser que este es un método más antiguo de lo que creíamos) o promoviendo a un “intelectual” español, Juan Jinés de Sepúlveda, (llamado el “Tito Livio español”) para que desarrollara un sistema ideológico que se opusiera a las ideas libertarias de Fray Bartolomé de las Casas. Sepúlveda escribió una obra que lo transformó “en uno de los pocos intelectuales de los tiempos modernos que argumentó filosóficamente a favor de la esclavitud de los súbditos del Imperio español.” Pero la obra y el peso de las ideas de Bartolomé de las Casas eran tan grandes en la España imperial, que Sepúlveda nunca logró que su obra fuera publicada por el Consejo de Indias, y tuvo que publicarla por su cuenta (financiado por los grandes hacendados y encomenderos de América) para hacerla circular en forma clandestina.

Saber además que Fray Bartolomé de las Casas, que era en principio un religioso importante poseedor de propiedades y hasta de esclavos, renunció a todo ello cuando se convenció que debía defender a los explotados y maltratados por el sistema imperial, y que comprometió el resto de su vida y todas sus energías a esa obra. Una larga y fructífera obra que incluyó una militancia activa pero también una reflexión profunda acerca del problema de la esclavitud, que quedó plasmada en varios libros y ensayos. Continuó esta pelea hasta la avanzada edad de los 92 años, y a su muerte todavía dejó inconcluso el último libro que sobre la injusticia en América estaba escribiendo.

Y lo más curioso es que no existe en toda nuestra Latinoamérica un solo monumento dedicado a este hombre, ni una sola fecha adjudicada a su recuerdo (a propósito, hace unos días se cumplió aniversario de su nacimiento).

No hemos sido justos reconociendo la obra precursora de Fray Bartolomé de las Casas, ni le hemos dado su lugar entre los héroes de nuestro continente. Es la hora que reivindiquemos a este español que ganó por mérito propio la condición de latinoamericano. No debemos dejar de lado a ninguno de nuestros héroes, patrimonio del rescate de nuestro imaginario.

miguelguaglianone@gmail.com

Una hoguera al amanecer del Nuevo Mundo, Carlos Edsel González, Colección En Pocas Palabras, Universidad Bolivariana de Venezuela, 2011
Ob.Cit, pág. 27