Argentina

Muchos candidatos en las PASO pero pocas propuestas

Después de algunas sumatorias y bajas, anoche quedaban inscriptas las listas de candidatos que competirán en las primarias. La sorpresa vino por el oficialismo, que tendrá una sola fórmula presidencial. El resto, previsible.

Los viejos burreros dirían “se cerró el sport”, como cuando se acaban las apuestas. Luego del cierre de las listas viene el tiempo de las apuestas, con los candidatos saliendo a pista.
La mayor novedad vino desde el oficialismo, porque hasta el martes y el “baño de humildad” de la canilla presidencial de Olivos, había dos presidenciables: Daniel Scioli y Florencio Randazzo. Ese día se supo, vía reportaje telefónico con el canal de Cristóbal López, que Scioli había convenido con la presidenta que su candidato a vice sería Carlos Zannini.
Y esa novedad impactó de lleno en la humanidad de Randazzo, quien sintió que lo sacaban de la cancha. Aquella ducha era más fría por lo imprevista. El damnificado se enteraba como el resto del público, por la tele. Y al día siguiente lo corroboró, cuando fue convocado a una reunión en Olivos. Cristina le certificó que su fórmula era Scioli-Zannini y que él debía ir a jugar a la liga de Buenos Aires.
El aludido se negó a convalidar lo actuado y ese día le dirigió una respetuosa carta donde reiteraba que su mayor deseo había sido competir en las PASO y que no lo haría por la gobernación de Buenos Aires. Le reiteró su lealtad y admiración, disponiéndose a seguir a su lado hasta el 10 de diciembre próximo en la cartera de Interior y Transporte.
De todos modos esa continuidad en el gabinete no está asegurada, no tanto porque CFK no la quiera sino porque en ese ámbito se escuchan reproches públicos de varios colegas, por caso Aníbal Fernández. Y es posible que en algún momento “el Flaco” se las tome para su casa de City Bell a esperar tiempos mejores.

Temor al ballottage.
Cristina actuó con máximo de pragmatismo, que también puede ser entendido como oportunismo, que sería lo mismo pero suena feo. A pesar de estar terminando su segundo mandato con una imagen positiva superior al 50 por ciento, no pudo construir un movimiento político propio con candidatos que se enorgullecieran de la marca K y tuvieran un fuerte apoyo electoral. El mejor de ellos era Randazzo, potenciado por su gestión ferroviaria, pero que no alcanzó a desplazar a Scioli en la preferencia del electorado peronista. Tampoco podía lograrlo sólo con sus fuerzas y necesitaba de un decidido apoyo de la presidenta, que nunca llegó.
En ese punto, y en la semana donde cerraban las listas, la jefa de Estado (la “jefa del movimiento nacional peronista”, diría Aníbal Fernández) tomó una decisión pragmática u oportunista, según se prefiera. Puso el vicepresidente y cerró el acuerdo con Scioli, alguien que nunca fue de su palo pero en estas condiciones y con el acompañamiento del secretario de Legal y Técnica podía ganar el 25 de octubre. El paso dado apunta a un objetivo de máxima, que a su vez lo fundamenta: vencer en primera vuelta, pues en el oficialismo hay temor a un ballottage. Saben que en estos años hubo -a diferencia de la elección de 2011- un alejamiento entre el gobierno y las clases medias y capas superiores de los trabajadores, tildados de “aristocracia obrera” y castigados con el impuesto a las ganancias.
La duda K es si podrá ganar en segunda vuelta, con esos sectores sociales disconformes y en medio de una brutal polarización con la derecha capitaneada por Mauricio Macri. Descuenta, con mucha razón, que en ese escenario se convertirán en guerras las actuales campañas casi bélicas fogoneadas por Clarín.
Debe ser por eso que ayer en Rosario, en el acto por el día de la Bandera, la presidenta dijo que no se construyen en el continente bases militares para controlar a los gobiernos sino “bases mediáticas que están dispuestas a bombardear todos los días los procesos y proyectos populares”.
En realidad hay más de 70 bases militares norteamericanas en América Latina, pertenecientes al Comando Sur. Y hay 1.300 medios de comunicación afines, agrupados en la Sociedad Interamericana de Prensa, más sus ramas audiovisuales, digitales, etc. Tienen plomo e imágenes, al unísono, para imponer mayor cantidad de bajas en los proyectos populares. Son dos tipos de bases, no uno.

Duchas frías.
La declinación de Randazzo a aceptar de buen grado su eliminación de las primarias para presidente, detonó una serie de críticas a su figura. Lo llamativo es que quienes pasaron a cuestionarlo e incluso a denigrarlo públicamente eran muchos de los que hasta el fatídico 16 de junio lo ponderaban como un muy buen candidato al que votarían.
Ahora lo defenestran diciendo que actuó en forma individualista y no privilegió “el proyecto”. Hasta arriesgan sin pruebas que quiso “condicionar” a la presidenta. Pontificaron en su contra que cuando uno es parte de un colectivo debe tomar la función que se le asigne, y punto.
Uno de los más verborrágicos fue el jefe de Gabinete, autor de los primeros disparos dialécticos en contra de Randazzo. Se puso como modelo antagónico y colectivista, ufanándose que él sí se pone donde la jefa le indica.
Miradas las cosas desde un ángulo formal, sería cierto que lo del ministro del Interior fue “individualista”. Le dijeron que no iba a poder ser precandidato a presidente y él no aceptó bajar un escalón a la disputa por la gobernación.
Pero esa presentación de los sucesos no toma en cuenta el marco político concreto en que se produjo. En su momento Randazzo fue alentado por Zannini y Cristina para que tomara envión como presidenciable en las PASO. Para reforzar sus chances se puso en sus manos el manejo del programa ferroviario, que le daba poder y visibilidad nacional.
Ese aliento a su precandidatura se explicaba por las diferencias y desconfianzas que Scioli generaba en la cúpula del gobierno nacional, que no vienen de ahora sino desde que era vicepresidente de Néstor Kirchner. Esas diferencias no las inventó Randazzo; en todo caso él las explotaba recordando semanalmente que el gobernador de Buenos Aires es un gran amigo de Clarín, Expoagro y la embajada de Estados Unidos.
Lo mandaron a tomar una ducha de agua fría, en la víspera del invierno. No lo dejaron competir democráticamente, por más que el lenguaraz Aníbal asegurara lo contrario.
Paradojas del destino. El jefe de Gabinete, que armó fórmula en Buenos Aires con el maleable Martín Sabbatella, podría sufrir las consecuencias de los dedazos. Es que si competía contra dos fórmulas -las de Julián Domínguez y de Fernando Espinoza-, sus chances crecían. Sin embargo es posible que en Olivos hayan dado órdenes al jefe de La Matanza de bajarse e ir como vicegobernador de Domínguez. Si es así se complicaría el ex intendente de Quilmes y ex secretario general de la Presidencia de Eduardo Duhalde, en 2002, cuando fueron asesinados Kosteky y Santillán.

¿No eran buenas?
CFK impulsó en 2009 la aprobación de la ley 26.571 que introdujo el mecanismo electoral de las PASO. Lo hizo en soledad, con el buen argumento de que permitiría mejorar la calidad democrática. Tuvo muchas críticas de la oposición, que aseguraba se trataba de otra maniobra hegemónica del kirchnerismo. Con el correr del tiempo, se confirmó que si bien no era una maravilla elástica ni algo mágico para hacer de la democracia limitada otra participativa y perfecta, era un buen paso adelante. Se abrían las puertas de los aparatos para que los acuerdos de cúpulas fueran respaldados o no por muchas personas. Y que éstas tuvieran posibilidad de elegir entre candidatos diversos.
Lo llamativo es que las PASO van a ser empleados en 2015 por la oposición, desde las tres fórmulas del universo macrista hasta las dos del trotskismo, pasando por la compulsa Massa-De la Sota en la UNA, etc. O sea, la usan casi todos los opositores, menos los inventores.
No es sólo ni principalmente que se dejó a pie a Randazzo. Quizás lo peor es que no se permitió elegir a muchos miles de kirchneristas y otros que sin serlo se referencian en el FPV o iban a sufragar en su interna, y no simpatizaban con el conservador Scioli. Muchas personas congeniaban con el ministro del Interior y antes con Taiana, Rossi y Urribarri.
Ellas decían votarían en agosto en contra del gobernador de Buenos Aires y que si éste ganaba las primarias recién allí lo apoyarían en las generales, admitiendo su victoria de agosto. Pero les cayó gordo que se las privara de esa elección previa.
En cambio Macri, como quedó dicho, las va a emplear para atraer incautos a una competencia de color amarillo que presenta como plural. En rigor nadie piensa que el radicalismo decadente de Ernesto Sanz y lo indefinible de Elisa Carrió pueda ser un peligro real para el PRO sino más bien sus colectoras y socios menores.
Al bajar al desconocido Marcos Peña y poner a Gabriela Michetti, y recomponer la fórmula bonaerense de Vidalcon el radical Daniel Salvador como vice en vez del “amarillo” Cristian Ritondo, Macri mostró que quería salir de la posición de mayor debilidad ante la jugada de Cristina y su binomio Scioli-Zannini.
A partir de hoy ya están todas las listas en línea de largada. Sería bueno y exigible que los candidatos empiecen a hablar de qué piensan hacer si son electos. Hasta ahora son muchos candidatos con pocas ideas y propuestas.