EEUU-Postverdad

Trump, el presidente loco que nunca desencadenó una guerra

Javier Cortines    25.Nov.2020    Mundo

Las guerras provocadas por Estados Unidos en el norte de África, Oriente Medio, Asia, etc., dieron un doloroso parto: el ISIS. Esa criatura, que no deja de dar zarpazos (atentados terroristas) en ciudades del viejo continente, salió del vientre de Irak, donde murieron o resultaron heridos y/o mutilados cientos de miles de civiles (incluidos ancianos, mujeres, niños) a causa de las innúmeras bombas que cayeron sobre Bagdad y otras villas. No sería descartable que EEUU buscara con esa estrategia desestabilizar Europa, aprovechándose de su somnolencia, para afianzar su hegemonía mundial

El presidente Donald Trump, tan transparente como aborrecible, nunca declaró la guerra a ningún país, al contrario que sus predecesores que, siendo mucho “más civilizados”, dejaron medio planeta sembrado de cadáveres valiéndose de mentiras para iniciar conflictos de gravísimas consecuencias. Incluso el mandatario del peluquín amarillo se reunió con Kim Jong-Un en un intento frustrado de llevar la paz a la península coreana, que se encuentra en estado de “guerra técnica” desde 1953.

El pollito rabioso tuvo dos razones para no incendiar el carro de Marte: evitar la muerte de “muchachos estadounidenses” (los crímenes contra la humanidad “de países subdesarrollados” siempre han importado un bledo a la administración USA) y ahorrar el ingente capital que se necesita para mantener largas campañas bélicas donde, casi siempre, acaba saliendo el tiro por la culata en el patio trasero del imperio: la Europa de José María Aznar, Tony Blair y de los rebaños de frente peluda.

Entre las hazañas bélicas que inició Estados Unidos con “postverdades” destaca la Guerra de Vietnam (1964-1975) (1) que terminó con un saldo de entre tres y seis millones de vietnamitas muertos (muchos de ellos civiles) y unas 58.000 bajas estadounidenses. Sobre ese ominoso episodio ya escribí una crónica que se puede leer siguiendo la ruta de este enlace Los Papeles del Pentágono: Hannah Arendt: El objetivo era conquistar, mediante la mentira y la manipulación, las mentes del mundo.

Otra decisión castrense que se convirtió en un bumerán contra Estados Unidos fue su apoyo a los talibanes (milicias religiosas) (2) y a Osama Bin Laden en la Guerra de Afganistán (1978-1992). El líder de Al Qaeda y los muyahidines combatían al régimen socialista y laico de Kabul que contó con el respaldo de Moscú hasta el desmoronamiento de la URSS. Esa victoria produjo en la Administración USA la sonrisa del chacal, que pronto quedó borrada por el impacto de los aviones que se estrellaron el 11-S (2001) contra las torres gemelas de Nueva York. Volvía a cumplirse la Tercera Ley de Newton, esa que dice que toda acción trae una reacción “con la misma intensidad y violencia”.

Como la mayoría de los políticos USA practican “la acefalia” (el poder, la ambición y la fuerza priman claramente sobre la razón), y no sacan conclusiones sanas de sus actos (que suelen volcar toda la mierda en Europa y “otras colonias”), en el viejo continente solemos caer en el pataleo y el llanto cada vez que un enajenado estalla ante nuestras narices con un cinturón de explosivos al grito de Alá Akbar.

Todos sabemos o deberíamos saber que tras la Guerra de Irak (2003) -apadrinada por George Bush, Tony Blair y José María Aznar- luego de mentir flagrantemente al mundo aseverando que Bagdad tenía armas de destrucción masivas, el país quedó reducido a escombros y sumido en el terror, la hambruna y el caos. Ese fue “el humus” donde nació (acción-reacción) el ISIS (El Estado Islámico) para vengarse de la prepotencia de Occidente, que mata a los seres humanos (del tercer mundo) como si fueran moscas, y luego los pisotea para hacer fotos como las de la prisión de Abu Ghraib.

Antes de esa heroicidad, Papá Bush castigó, imitando al colérico Yahvé, a Sadam Husein por invadir Kuwait en 1990. El entonces comandante en jefe de las fuerzas armadas más sanguinarias del planeta descargó sus frustraciones asesinas (impotencia según Freud) sobre las tropas vencidas del dictador, ya inofensivas, ignorando todas las peticiones de clemencia de la ONU y numerosas organizaciones humanitarias.

Cuando el ejército derrotado (unos cien mil hombres, muchos de ellos campesinos que habían sido reclutados a la fuerza) se rindió y huía en retirada ondeando banderas blancas, los muchachos USA bombardearon entre el 26 y 27 de febrero de 1991 “la autopista de la muerte” sembrando esa “maldita ruta” de cadáveres. Muchos de los que intentaron escaparse por el desierto fueron enterrados vivos con palas mecánicas.

El Premio Nobel de la Paz, Barack Obama siguió con las andanzas de sus predecesores en Libia, ya que EEUU tiene la misión de demostrar cíclicamente -para que nadie lo olvide- quien es el que manda en el mundo y por qué. Allí donde hay riqueza o zonas estratégicas para dominar el planeta, tiene que sacar el puño de hierro el Hermano Mayor para asegurar que “la raza aria y sus peones” tengan sexo, champagne y caviar mientras sigan doblando la cerviz.

La Guerra en Libia (2011) para derrocar a Gadafi, maniobra en la que estuvo involucrada hasta las pezuñas la Secretaria de Estado Hillary Clinton, terminó por desestabilizar a los países de la región rebelde (la mayoría laicos) y, sin ese muro de contención, la Europa boba (no la despierta que siempre ha tenido las cosas claras) se quedó con una mano delante y otras atrás. Nuestros líderes no entienden que el emperador está desnudo y EEUU nos está dejando en pelotas.

Muchos analistas creen- lo que adelanto en el encabezado de esta crónica- que Estados Unidos trasladó el escenario bélico al Mediterráneo para debilitar a Europa, ya que un viejo continente fuerte y unido supone una seria amenaza a la supremacía del águila bicéfala.

¿Sabéis ahora de dónde salieron los millones de migrantes que llaman a las puertas del continente que se presenta al mundo con el Himno a la Alegría de Ludwing Van Beethoven? ¿Comprendéis un poco mejor por qué nos ataca el terrorismo islámico que salió del huevo de la serpiente que Estados Unidos dejó en el Magreb y Oriente Medio?

El Mediterráneo, hasta hace poco tan azul, ha mutado en Mar Rojo. Desde la muerte del niño sirio Aylan Kurdi, en la orilla de una playa turca en 2015, hasta nuestra era del Covid, en el planeta “miamizado” sólo han cambiado las chaquetas, cual camisas de serpientes. Palestina muere y los ciegos nos señalan con el índice la luz del final del túnel. Todos sabemos o deberíamos saber que -pasando ese umbral- volveremos a ver al toro de Wall Street dando cornadas a “los nadies” y a los campaneros que prometen felicidad a cambio de sacrificio.

Sólo un milagro podría salvarnos de EEUU y allanar la llegada de un mundo multipolar sin potencias hegemónicas.

-1-Con esas fechas se señala la etapa de la participación y derrota estadounidense, ya que el conflicto surgió a partir de la Primera Guerra de Indochina (1946-1954) cuando los comunistas del Viet Minh (“alianza de fuerzas rojas de la región”) se enfrentaron y expulsaron a las tropas coloniales francesas.
-2- Los talibanes (palabra que significa “los estudiantes” en árabe clásico) son fundamentalistas suníes que aspiran a la creación de un Estado Islámico.

Blog del autor Nilo Homérico