Ucrania, la ducha polaca y la ducha europea

Jorge Capelán    25.Jul.2022    Europa

Hay un “chiste” de tintes xenófobos muy viejo en Escandinavia que probablemente surgió a raíz de la ola de inmigración del este y el sur de Europa a partir de los años 50 del siglo pasado, pero que en el fondo refleja bastante bien los históricos prejuicios y el desprecio hacia los pueblos eslavos en la Europa del Norte aria y protestante.

La susodicha “broma” consiste en llamarle “ducha polaca” al acto de lavarse cuatro lugares clave –y más olorosos– de la anatomía cuando no se tienen posibilidades de tomar una ducha verdadera enjabonándose desde la cabeza a los pies.

El “chiste” hace referencia a que las personas eslavas, además de pobres y atrasadas que no tienen agua caliente, tienen muy mala higiene. Este tipo de humor dudoso abarca toda la familia de “chistes” en los que se afirma que los inmigrantes turcos cultivan cebollas en las bañeras de sus casas, que los árabes son todos terroristas y que los latinoamericanos somos todos narcos. No es ningún chiste, claro: es racismo.

Qué ironías de la vida, ahora resulta que la famosa “ducha polaca” es lo que las élites pro-OTAN le recetan a los pueblos europeos para “derrotar a «Putin»”.

“¡Hace 2 años tenías lavarte las manos para no poner en peligro a tu abuela! ¡Ahora 4 partes del cuerpo en la ducha son suficientes para molestar a Putin e influir en la guerra! Por supuesto, ¡la raja del **** también es muy importante! Es maravilloso lo sencillo que se ha vuelto este mundo. #ducha #paz”, reza un meme viral comentando los llamados del vicecanciller alemán Robert Habeck a ahorrar energía acortando las duchas a cinco minutos.

Ante la campaña alemana a favor de la “ducha polaca”, la funcionaria consular china en Irlanda del Norte, Zhang Meifang, hizo un comentario viral en Twitter:

“Vamos europeos, los estadounidenses no van a pagar su factura del gas”, escribe Zhang ilustrando su comentario con un dibujo recordando que antes de la crisis energética provocada por las sanciones los europeos exigían cortar las compras de gas ruso, mientras que ahora le recetan al pueblo lavarse solo las partes pudendas “para enojar a «Putin»”.

Y la ironía es por partida doble, porque uno de los gobiernos más vociferantes en contra de Rusia en la UE es Polonia, que con ello espera hacer realidad sus inconfesables objetivos geopolíticos en la región con el abundante financiamiento de los demás gobiernos de la OTAN.

Las élites polacas –y, de paso, también las ucranianas– saben muy bien que el Norte de Europa siempre las ha despreciado y los ha visto como: 1) fuente de inmigración indeseada; 2) fuente de criminalidad y corrupción y 3) fuente de dañinos valores no-protestantes.

Ahora están todos bastante nerviosos, unos porque se acerca el invierno (¡qué ironía, otra vez el invierno con estos rusos!) y otros porque se acerca la inevitable derrota militar a medida que se desinfla el fraudulento andamiaje financiero y mediático de Occidente.