‘Wiñay pacha’, el reencuentro con nuestros ancestros

Dulce o truco, truco o trato, dulce o travesura, son algunas de las frases que caracterizan la noche de Halloween; una celebración donde los disfraces, las calabazas, los dulces, las discotecas se apoderan de la industria.

Esa industria que pretende lucrar con el terror, la muerte, el miedo, sin ningún tipo de discriminación geográfica. Sin ir más lejos, España estimó recaudar 700 millones de euros ($us 812 millones) en la noche de Halloween; Estados Unidos, según la consultora Prosper Insights & Analytics, $us 9.100 millones (casi 8.000 millones de euros). Una vez más, el capitalismo ha mercantilizado la vida social de las familias modernas.

Ante esta realidad, la humanidad debe interpelarse para decidir si continuará inmersa en una estructura moderna, que ha provocado el deterioro de la vida, u opta por migrar hacia la reconstitución de la identidad cultural. Y esa reconstitución solo se consolidará cuando nos enraicemos con la historia, la Pacha.

Por ello, los pueblos ancestrales, en noviembre, celebran el encuentro con los seres que nos han antecedido en esta vida, aquellos que partieron al wiñay pacha, ese lugar eterno de donde venimos y a donde regresamos, porque la vida es un viaje sagrado.

A diferencia de occidente, para las culturas milenarias el concepto de “muerte” no está relacionado con el fin de una etapa o algo trágico, sino a aprender a morir día a día, como si fuese el ultimo. Pues de esta vida solo nos llevaremos aquello que sembramos en los corazones de las demás personas, de eso trata la Cultura de la Vida.

Por tanto, el sentido de celebrar el wiñay pacha es construir un puente entre lo visible y lo invisible, para reencontrarnos con nuestros ancestros, para comunicarnos con ellos.

No se trata solamente de hacer un acto más, sino que se trata de comprender, consolidar y acompañar el camino que han tejido los abuelos; ese camino que en “tiempos de cambio”, Pachakuti, remueve las tierras del Abya Yala y fortalece la identidad cultural que es la conexión con nuestras raíces milenarias y con la Cultura de la Vida.

Este es un nuevo tiempo en el que debemos abrir nuestro corazón, para que los mensajes de los abuelos y las abuelas fluyan y restablezcan los lazos con la fuerza ancestral: la primera fuerza que es nuestra “identidad cultural”, que nos permitirá recuperar el equilibrio, y la segunda fuerza es “honrar a los ancestros” para caminar en la senda de la sabiduría de la experiencia generacional; en aymara decimos: suma qamaña, vivir bien.

Fernando Huanacuni Mamani es excanciller de Bolivia.